Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crónicas de la ciudad

El hilo de Penélope, al pie de la Aduana

Basta que la Travesía del Pintor Nogales luzca por fin sin muchos resquebrajamientos para que, a pocos centímetros, la plaza de la Aduana esté para el arrastre -de los peatones-.

Una de las losas en mal estado en la plaza de la Aduana, el pasado miércoles.

Una de las losas en mal estado en la plaza de la Aduana, el pasado miércoles. / A.V.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Hace unos años, se presentó el novedoso sistema de transporte por el Centro Histórico, una suerte de carritos eléctricos que, con la base en la plaza de Camas, iban a revolucionar la distribución en el casco antiguo de Málaga, al adaptarse a la creciente peatonalización de sus calles.

Los carritos, también a pedales, han copado una parte de la distribución pero no toda la del Centro, como se puede comprobar muchas mañanas en calles como Molina Lario o calle Comedias, tomadas por camiones de gran porte; por lo que los peatones deben andar ojo avizor.

La extensión de la hostelería y, por otro lado, las sempiternas obras de adaptación en los edificios del Centro, han propiciado que el transporte pesado siga siendo una constante.

Y aquí es cuando entran en conflicto unas infraestructuras tendentes a que el turista deambule con tranquilidad con el trasiego inevitable de camiones de peso.

Lo hemos podido comprobar en la Travesía del Pintor Nogales, capaz de estar durante largos meses con los mármoles quebrados sin reponer, mientras no dejaba de regalar al respetable público ‘saltos sorpresa’, caídas y recaídas.

Finalmente, el Ayuntamiento de Málaga optó por cambiar todo el pavimento, al tiempo que desterraba la lengua de tierra prensada junto al Paseo de don Juan Temboury, una elección fallida, por no decir un timo de campeonato.

Las obras, que casi superaron en duración a las de la Sagrada Familia de Barcelona, terminaron por fin; pero ha bastado con que finalicen, para que el tramo siguiente de ‘suelo de lujo’, el de la plaza de la Aduana, sufra un empeoramiento generalizado.

Otro detalle de las losas de la plaza de la Aduana.

Otro detalle de las losas de la plaza de la Aduana. / A.V.

Fosfatina

Hace ya muchos meses que las losas de mármol no pasan por su mejor momento y no se reemplazan, así que el paso constante de camiones está convirtiendo algunas de ellas en fosfatina.

Háganse una idea de los miles de peatones que, a diario, cruzan por esta explanada-trampa. Personas de todas las nacionalidades están a un tris de besar el suelo de Málaga contra su voluntad.

Recuerda esta situación a la pertinaz Penélope, que durante la noche deshacía el sudario para su suegro que tejía durante el día. Así también, los mármoles de la zona más turística del Centro, baste que luzcan como nuevos tras años de espera, para que, a pocos centímetros, el resquebrajamiento ‘tectónico’ sea ya una realidad. Ojo al pisar.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents