Crónicas de la ciudad
La pérgola de La Luz, un peligroso desecho de tienta
Nada detiene a nuestro Ayuntamiento en su pertinaz mirar para otro lado, en la zona verde de uno de los barrios más populosos de Málaga, el Parque de María Luisa, presidido por una pérgola en eterno desguace.

Detalle de la parte superviviente de la pérgola del Parque de María Luisa, esta semana. / A.V.
Antes de la generalización de internet, por correo postal corría -nunca mejor dicho- una historia de incompetencia burocrática que terminó con víctimas mortales en Andalucía.
Aunque en el texto parecían notarse los añadidos de una mano del siglo XX, en teoría se trataba de unas cartas de la primera mitad del XVIII, enviadas por el maestro de la villa de Ohanes, en las que advertía, de forma infructuosa, al alcalde de esta localidad de la Alpujarra de Almería, de la peligrosidad de una viga a punto de quebrarse en la escuela.
El intercambio epistolar finaliza, por supuesto, con la caída de la viga, que siega la vida del maestro y de un buen número de alumnos. Sea cierta o no está historia dieciochesca, en Málaga capital contamos con nuestra particular ‘Escuela de Ohanes’ en el Parque de María Luisa.
En el absoluto caos que fue la urbanización de la masificada Carretera de Cádiz en los años 70, los hacedores de tan próspero negocio dejaron una migaja de parque, de tal forma que si hablamos de metros cuadrados de zona verde por habitante, hoy puede caber, de media, a varios centenares de vecinos por árbol.

Otra vista de los restos de la pérgola del Parque de María Luisa. / A.V.
El parque
Se trata del Parque de María Luisa, que nada tiene que ver con la extensa zona verde de Sevilla. En realidad, la misérrima extensión de los parques urbanos en Málaga daría para una tesis doctoral sobre la preocupante ceguera medioambiental de nuestros cargos públicos; dolencia que se agravará si sale adelante el ‘jibarizado’ parque municipal de Repsol, toda una referencia de la indecencia urbanística.
Volviendo al Parque de María Luisa, esta zona verde está presidida por una pérgola de gran tamaño que, siguiendo la tradición municipal malaguita, sólo sirve para que el aire pase a través de ella. Eso de querer emular al cenador de las glicinias de La Concepción digamos que no está en sus planes.
La pérgola está en tan mal estado, que en los últimos años lo que está es cayéndose por capítulos. Hasta la fecha, la caída de sus vigas no ha coincidido, a Dios gracias, con el paso de ningún vecino; pero tampoco habría que tentar tanto a la suerte.
Frente a esta pérgola ‘semidesarbolada’, en cuyas alturas asoman grietas que anuncian futuros derrumbes, nuestro Ayuntamiento, de momento, ni demuele lo que hay, ni completa lo que falta, ni refuerza lo que queda. Si algún día se repite lo de la Escuela de Ohanes no será por falta de avisos.
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