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Mirando atrás

Descubre los secretos de las capillas en la Catedral de Málaga

El investigador malagueño Alberto Palomo publica con la Diputación la monografía con datos inéditos ‘Recintos con historia: Aportaciones documentales y curiosidades sobre las devociones y capillas de la catedral de Málaga’.

Alberto Palomo, con su libro sobre la Catedral, delante de la capilla de Santa Bárbara.

Alberto Palomo, con su libro sobre la Catedral, delante de la capilla de Santa Bárbara. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

«La Catedral no es un edificio unitario. Antiguamente, funcionaba como un conjunto de iglesias: cada capilla tenía sus capellanes, su misa diaria, su sacristía y su sacristán», cuenta el investigador Alberto Palomo Cruz.

Este auxiliar de archivo, ligado a la Catedral desde hace más de 30 años, desvela para el malagueño del siglo XXI ese Templo Mayor del pasado en el que, en las capillas «se podían decir misas simultáneamente».

Y lo hace en el libro ‘Recintos con historia: Aportaciones documentales y curiosidades sobre las devociones y capillas de la catedral de Málaga’, que acaba de editar el CEDMA de la Diputación. La obra se presentó el pasado 23 de octubre en el Coro de la Catedral de Málaga.

El autor, que acompaña a La Opinión a recorrer algunas de las capillas catedralicias, cuenta que, «en el tiempo que estuve en el Archivo de la Catedral copiaba datos y me di cuenta de que había una serie de cuestiones que eran inéditas y que, agrupándolas, podían dar lugar al origen de cada capilla».

Las capillas, originalmente, contaban con una mesa de azulejos sevillanos del  XVI, cambiados por mármol en el XVIII; aunque todavía quedan algunas piezas.

Las capillas, originalmente, contaban con una mesa de azulejos sevillanos del XVI, cambiados por mármol en el XVIII; aunque todavía quedan algunas piezas. / A.V.

La obra de Alberto Palomo repasa algunas de las más antiguas o significativas. Una de ellas, la histórica capilla de Santa Bárbara, con el retablo «más antiguo y valioso» de la Catedral. Como cuenta en la obra, estuvo instalada en la mezquita cristianizada tras la toma de los Reyes Católicos o bien, adosada a ella.

El retablo gótico es el único que sobrevive de esos tiempos, y en él resalta la figura central de Santa Bárbara, junto al que -según varios autores- es una reproducción del alminar cristianizado de la mezquita de Málaga, aunque con licencias artísticas.

La obra, un encargo de 1519 al francés de Picardía Nicolás Tiller, escondía una sorpresa, desvelada en 1985: lo que parecía un mero listón en la parte inferior del retablo era en realidad una tabla con pinturas de paisajes, seguramente del XVIII.

La Virgen de los Reyes (siglo XV), según la tradición, una donación de los Reyes Católicos al clero catedralicio.

La Virgen de los Reyes (siglo XV), según la tradición, una donación de los Reyes Católicos al clero catedralicio. / A.V.

Otra de las capillas históricas de la obra es la de la Virgen de los Reyes, una talla del siglo XV que, según la tradición, fue una de las tres donadas por los Reyes Católicos a Málaga -junto con un Cristo de la Columna para La Trinidad, desaparecido, y la Virgen de la Victoria; escribe en la obra.

Alberto Palomo aprovecha para resaltar que la de la Virgen de los Reyes, que alcanzó mucha popularidad, es una devoción que «se resfrió», como se decía antiguamente; es decir, que la devoción se ha ido apagando con el tiempo.

El Santo Rostro

La Virgen está acompañada por sendas tallas de los Reyes Católicos, obra de Pedro de Mena. El investigador malagueño también se detiene en la imagen que tiene a los pies, en una hornacina, la de otra devoción ‘resfriada’: el Santo Rostro.

Alberto Palomo recoge en el libro la hipótesis del catedrático de Historia del Arte Juan Antonio Sánchez López, de que esta cabeza de Jesús es lo que queda de la talla de un nazareno con la cruz a cuestas que permanecía en Orán, que fue ciudad de la monarquía hispánica entre 1509 y 1791, con un intermedio de unos 25 años a partir de 1708, cuando fue reconquistada por los argelinos.

El Santo Rostro, en la capilla de la Virgen de los Reyes, era en su origen un nazareno de Orán, rescatado de la ocupación musulmana de la ciudad española en 1708.

El Santo Rostro, en la capilla de la Virgen de los Reyes, era en su origen un nazareno de Orán, rescatado de la ocupación musulmana de la ciudad española en 1708. / A.V.

Precisamente, en ese año 1708, para evitar su profanación, lo que queda de la talla se traslada a la Catedral de Málaga. Fue, recuerda Alberto Palomo, una de las imágenes «más veneradas» de nuestra ciudad.

Otra capilla cargada de siglos es la del santo Cristo del Amparo y la Virgen de los Dolores.

El crucificado, del siglo XVII, fue un encargo del obispo de Málaga Tomás de Borja, que ocupó la sede episcopal entre 1600 y 1603 y era hermano de san Francisco de Borja. La advocación del Cristo guarda relación con los orígenes valencianos del obispo, explica el investigador. La talla fue realizada por el escultor granadino Antonio Gómez, que estaba afincado en Málaga.

Cristo del Amparo (siglo XVII), costeado por el hermano de san Francisco de Borja, el obispo Tomás de Borja.

Cristo del Amparo (siglo XVII), costeado por el hermano de san Francisco de Borja, el obispo Tomás de Borja. / A.V.

El altar original, como muchos otros, fue destruido en 1936, cuando la Catedral sirvió de refugio a cientos de malagueños con el estallido de la Guerra Civil.

Como curiosidad, sobreviven en la mesa de la capilla los azulejos sevillanos del XVI que adornaban todas ellas, y que fueron sustituidos por mármol en el siglo XVIII.

El mismo diseño en todas

Alberto Palomo aprovecha para recordar que el santo Cristo del Amparo solía ocultarse con un cortinaje en distintos momentos del año, una tradición que continúa en el Levante.

Además, el nicho con arco mixtilíneo y aires góticos que enmarca al crucificado, y que el autor data en el siglo XVI, se repite en todas capillas catedralicias, «tanto de obra nueva como antigua, detrás de los retablos o pinturas».

Alacena-relicario de la sacristía de la Catedral, con algunas de las reliquias de santos que conserva el Templo Mayor.

Alacena-relicario de la sacristía de la Catedral, con algunas de las reliquias de santos que conserva el Templo Mayor. / A.V.

Estas son solo algunas pinceladas del elemento central de la monografía: las capillas. El libro se completa con la primera exposición detallada de todos los relicarios de santos recibidos por la Catedral a lo largo de los siglos.

Un apartado inédito es, además, el que repasa recetas de siglos pasados relacionados con la Catedral, desde las comidas de cuaresma al rancho de los seminaristas o el desaparecido ‘cuarto del chocolate’, del que disfrutaban los canónigos.

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