Entrevista | José Antonio López Trigo Geriatra
«El hito más importante de la sociedad es haber modificado la esperanza de vida»
El doctor José Antonio López advierte que el sistema sanitario no está preparado para atender las necesidades de una población cada vez más envejecida

El doctor José Antonio López Trigo / Gregorio Marrero

El doctor José Antonio López Trigo, médico especialista en geriatría, lleva décadas dedicando su carrera a mejorar la salud y la calidad de vida de las personas mayores. El haberse criado con sus abuelos y tías abuelas, de los que habla con un gran cariño, fue lo que despertó su vocación por esta especialidad, que hoy día desempeña un papel esencial ante una población cada vez más envejecida. En esta entrevista, el expresidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, que actualmente ejerce en la clínica CREVIC Málaga y colabora como asesor científico de la ONU en programas de mayores a través de la Fundación GIA, reflexiona sobre los grandes retos del envejecimiento, la falta de preparación del sistema sanitario, el impacto de las demencias y cuáles son las claves para llegar a los 90 con plenitud.
Comienza la temporada de gripe, ¿por qué es tan importante que los mayores se vacunen?
Fundamentalmente, por dos grandes grupos de motivos. El primero, porque de forma natural nuestro sistema inmune va decreciendo conforme envejece. Por encima de los 65 o 70 años, nuestro sistema inmune sufre un retroceso en su actividad y eso hace que seamos más proclives a padecer enfermedades. Y, en segundo lugar, porque, también por haber vivido más años, habitualmente vamos teniendo más patologías. De manera que infecciones que podían ser banales en otras edades de la vida, cuando hay otras enfermedades de fondo —como pueden ser problemas de corazón, respiratorios o problemas metabólicos, como la diabetes—, pueden descompensar esas enfermedades que hay de fondo y derivar en otro tipo de problemas. De hecho, los ingresos hospitalarios de infecciones como de la gripe vienen determinados en muchas ocasiones por lo que la persona padece de fondo.
¿Puede llegar a ser mortal la gripe?
Sí, bien directamente, porque siempre hablamos de esa fase catarral de la gripe que es la que todo el mundo conoce, pero también se puede generar incluso neumonías por gripe. Y hay un dato importante: casi un tercio de las personas mayores de nuestro país, cuando fallecen, lo hacen por una complicación respiratoria, fundamentalmente de una neumonía. Eso sería un motivo. Y el otro, porque si tengo una insuficiencia cardíaca o respiratoria de fondo y tengo un proceso gripal, si descompenso esa insuficiencia cardíaca o respiratoria también puede ser una causa de fallecimiento.
La población cada vez está más envejecida, ¿está el sistema sanitario realmente preparado para atender las necesidades específicas de las personas mayores?
No, no lo está. Y no lo está por dos motivos. Primero, porque no hemos hecho nunca una previsión sobre ese aumento de la edad poblacional, ese envejecimiento de la población. Eso no se ha tomado en consideración para hacer previsiones a futuro. Y, segundo, porque cuando se diseñaron los sistemas sanitarios de atención pública e, incluso, de atención privada en España se desarrollaron muy bien y funcionan muy bien dirigidos a patologías agudas. Y en las personas mayores, habitualmente, vemos muchos problemas crónicos que, de vez en cuando, se reagudizan, y el sistema no está orientado hacia eso.
«No hemos hecho nunca una previsión sobre ese aumento de la edad poblacional»
En el caso de Málaga, uno de los grandes proyectos que tenemos es el tercer hospital, ¿es suficiente o habría que apostar por otro tipo de infraestructuras y de atención?
El tercer hospital es importantísimo. Es muy necesario para la ciudad, simplemente, por un tema de aumento poblacional. Tenemos por fortuna cada vez más personas queriendo vivir en Málaga, pero, desde el punto de vista de la atención a personas mayores, seguimos sin preparar el sistema. El tercer hospital va a ayudar muchísimo a descongestionar la atención aguda, a la realización de pruebas absolutamente necesarias para el diagnóstico y va a mejorar el número de camas para atender procesos agudos. Pero, de fondo, la atención a los pacientes crónicos más complejos, a las personas mayores más frágiles, no se va a resolver solo con eso. Eso podrá ayudarnos a recompensar una situación de desequilibrio, pero no al tratamiento de fondo, continuado, que es lo que demanda mucho la población de más edad.
¿Y cuáles serían esos caminos hacia los que habría que dirigirse?
Bueno, serían, posiblemente, primero, haciendo una muy buena prevención sobre las formas de envejecer. En algunos aspectos vamos aceptablemente bien, pero en otros aspectos todavía somos deficitarios. Y, en segundo lugar, estableciendo planes de cuidados a la cronicidad. Es que no existen. Ahora no tenemos recursos intermedios para atender a personas mayores, incluso a la salida de un hospital. De las cosas más frecuentes que se ven en personas mayores son las caídas y, por ejemplo, la fractura de cadera. Tenemos una atención en fase aguda magnífica. Se rompe uno la cadera y lo va a operar un traumatólogo extraordinario, en un quirófano magnífico. Pero, luego, fallamos en el mes siguiente, que es rehabilitar a la persona. Estar pendiente de que la persona esté bien hidratada, que reciba la alimentación adecuada, que empiece a moverse para que se pueda incorporar lo antes posible a la forma de vida que llevaba antes del accidente. Y ahí es donde estamos fallando, en la atención crónica y en la restitución de la persona a su capacidad funcional previa. Entonces, yo sí he echo en falta siempre que existan esos cuidados intermedios.
El geriatra es el especialista en la atención de las personas mayores, ¿tenemos suficientes en Málaga?
Yo diría que no. Pero, además, lo puedo decir con cifras. En Málaga no hay geriatras suficientes. En España no hay geriatras suficientes. En Andalucía no hay geriatras suficientes, porque no se ha hecho esa previsión. Yo no defiendo que haya un geriatría en cada esquina, eso sería una barbaridad. Si una persona mayor es una persona sana, funcionalmente bien, lleva una vida autónoma y hace una infección respiratoria, una neumonía, por supuesto, que debe estar en manos de un neumólogo, que es el que más sabe de esto. Pero, si esa persona, además de la neumonía, tiene de fondo una diabetes, una insuficiencia cardíaca, problemas de movilidad, problemas de soledad... sí va a necesitar o sí se va a beneficiar mucho de la atención de un geriatra o un equipo de atención geriátrica. Y tenemos dos grandes problemas. El primero, que no se convocan plazas de formación en geriatría en cantidad suficiente. En Andalucía, en ninguno de los hospitales del sistema público de salud se forman especialistas en geriatría. Con lo cual, no vamos a tener cantera para poder atender a nuestra población mayor. Y, luego, cuando se han sacado algunas plazas, como tímidamente se ha hecho a principios de este año, no se dotan económicamente y, con lo cual, las ocho plazas que habían salido para toda Andalucía, no se han llegado a cubrir todavía.

José Antonio López Trigo. / Gregorio Marrero
¿Por qué es tan importante que sea el geriatra el que aborde la salud de las personas mayores? ¿En qué se diferencia de otro especialista?
Porque se ha formado para eso. Igual que nadie discute que nuestros niños los tiene que ver el pediatra y que a nuestros adultos sanos los tiene que ver el médico de familia, cuando una persona rebasa ese límite de pérdida de autonomía, de aunar muchas patologías, de tomar muchos fármacos y de tener algún problema de estructura social, familiar, etc. ¿Por qué no un especialista en eso? Si cuando nos rompemos un hueso nos vamos al traumatólogo de cabeza. Yo no digo que el geriatra tenga que ver a todas las personas mayores, ese sería el mayor error de los geriatras. Nosotros reivindicamos atender a un grupo muy concreto de personas mayores.
Cuando hablamos de envejecimiento, se dice que los 80 de ahora son como los 60 de antes…
Sí, porque no podemos negar que, por fortuna, el mayor logro de la humanidad a lo largo de la historia es envejecer. Ni subir a la luna ni mandarnos un WhatsApp. El hito más importante de la sociedad es haber modificado la esperanza de vida de una forma importantísima. Pues bien, de eso estamos haciendo un problema. Porque la imagen que proyectamos de las personas mayores son de consumidores de recursos, de que van a acabar con el sistema de pensiones... No, lo que tiene que haber es previsión sobre eso. Y, evidentemente, hay muchísimas personas que con 80 años están dirigiendo el mundo.
«Hay muchísimas personas que con 80 años están dirigiendo el mundo»
Más allá de las enfermedades físicas, una de las mayores preocupaciones del envejecimiento es la pérdida de memoria y las demencias…
Sí, porque aquí hay dos formas de pagar peaje. Por vivir más años pagamos más peajes porque nos vamos deteriorando. Nuestro organismo va degenerando. Entonces, nuestro cerebro, evidentemente, que es el órgano más sensible que hay en nuestro organismo, no va a ser distinto a los demás. Esas pérdidas de memoria en muchos casos tienen que ver con fenómenos de degeneración celular. Y cuando la degeneración alcanza cierto peso, aparece la demencia. Pero también tiene que ver con otra cosa que es muy baratita de hacer, que es controlar factores de riesgo. El ejercicio físico, evitar la obesidad, evitar el sedentarismo, controlar la tensión arterial, controlar la diabetes si uno la tiene... Si somos capaces de controlar esos factores de riesgo, que son bien sencillos, vamos a retrasar nuestra neurodegeneración. Por lo tanto, vamos a hacer una prevención extraordinaria de la demencia por muchos años que cumplamos.
¿Así que nosotros tenemos un papel activo a la hora de poder prevenir o retrasar la demencia?
Exactamente. Yo creo que el foco ahora mismo está en que si alguien va a desarrollar una enfermedad de Alzheimer, tenga esa enfermedad de Alzheimer sin tener una demencia. La enfermedad de Alzheimer es un fenómeno biológico de degeneración de células de nuestro sistema nervioso. Pero, si controlamos esos factores de riesgo, aunque yo porte el gen que determine que voy a tener una enfermedad de Alzheimer, sí puedo evitar que ese gen se exprese o se exprese muy tarde. Y sabemos que cuando controlamos los factores de riesgo, simplemente los factores de riesgo vascular —hipertensión, obesidad, tener el colesterol alto en sangre, la diabetes, etc. —, retrasamos cinco años la aparición de la demencia.
Cuando alguien pierde memoria de lo que ha comido hace una hora o repite una frase, eso no es propio de la edad
¿Han observado un aumento de estos casos en los últimos años?
Sí, por dos tipos de motivos. Uno, porque la población está mucho más envejecida y hoy tenemos datos muy concluyentes que nos indican que a partir de los 90 años, que eso antes era una noticia y hoy no es una noticia ni cumplir 100, casi entre el 40 y el 50% de las personas van a tener un deterioro cognitivo. Y eso, de momento, es un peaje que pagamos por vivir. Y también hay más demencia porque se diagnostican, cosa que antes no ocurría. Antes, todo se metía dentro de la senilidad, que es un término que a mí me parece horroroso. Hablar de demencia senil, eso debiera estar proscrito porque es una forma de discriminar por edad. La demencia es la demencia, punto. Y hay demencia de personas con 60 y con 50. Y también la diagnosticamos más.Antes todos aceptábamos que había pérdidas de memoria. Y, hoy las personas, quizás un poco tarde, pero van al médico a ver si hay algo de fondo. Si es una enfermedad o es algo imputable a la edad.
La soledad no deseada se considera ya la nueva pandemia del siglo XXI, ¿cómo afecta a la salud física y mental de las personas mayores?
Bueno, en la salud mental siempre hemos pensado todos. Cuando hablamos de soledad no deseada, siempre se nos viene a la cabeza, y casi lo ponemos en el mismo renglón, la depresión, los trastornos por ansiedad.... porque sabemos que impacta mucho sobre la salud mental de las personas. Pero sabemos que también la soledad no deseada es un factor de riesgo cardiovascular independiente. O sea, en la inmensa lista de factores de riesgo cardiovascular que he comentado anteriormente, la soledad no deseada está ocupando un espacio importante e independiente. De hecho, sabemos que en personas que padecen soledad no deseada, son más frecuentes los infartos, la hipertensión, los ictus. Está actuando como un factor dañino sobre nuestro sistema circulatorio. Hay un estudio de la Universidad de Chicago y la Universidad de Londres que demuestra que sentirse solo equivale, en lesión física, a fumar 15 cigarrillos al día.
«La soledad no deseada es un factor de riesgo cardiovascular»
En los últimos años, se ha empezado a hablar más del edadismo, ¿detecta que esta discriminación o prejuicios por la edad son habituales en nuestra sociedad?
Por desgracia, todavía sí. Eso de tomar decisiones por nuestros mayores: ‘Papá, vamos a hacer esto’. No, es: ¿papá o mamá quieres que hagamos esto? Tendemos a arrinconar a las personas mayores, incluso las que están cognitivamente estupendas, por un criterio de edad. E imputamos a la edad cosas que no son propias de la edad. A todos se nos puede olvidar dónde hemos dejado las llaves. Pero cuando alguien pierde memoria de lo que ha comido hace una hora o repite una frase, eso no es propio de la edad. Eso es propio de un trastorno. Y hay que intentar investigar ese trastorno y, por supuesto, hasta donde podamos, remediarlo.
Para terminar, ¿cuáles son las claves para llegar a los 90?
Las claves las tenemos, sobre todo, si miramos en comunidades donde el cumplir los 90 o los 100 es un hecho frecuente. Es movernos. Movernos de forma natural, no necesariamente hay que ir al gimnasio, sino hacer las cosas al paso que podamos, a la velocidad que podamos y que nos permita nuestro cuerpo. Si además la actividad física la podemos hacer reglada beneficiando aspectos específicos de nuestra salud, extraordinario, si no, simplemente actividad física, alimentarnos de forma adecuada... Y hay una cosa muy importante, que es levantarnos todos los días con un propósito. El ikigai que dicen los japoneses. Levantarnos con un propósito y tener proyectos vitales, que puede ser tan sencillo como que quiero llegar en buenas condiciones a la boda de mi nieta. No tienen que ser cosas muy desorbitadas. Tener un proyecto vital, una ilusión e intentar disfrutar de lo que tenemos y no pensar en lo que hemos perdido. Es decir, buscar lo que en algunas culturas llaman la pequeña felicidad. La gente que es moderadamente feliz, porque yo creo que no se puede ser feliz al 100%, porque la vida es la vida y las cosas ocurren. Pero ser y pelear por ser moderadamente feliz da siete años de vida. Eso también está en todos los estudios que se han hecho en relación a las técnicas o a las capacidades para afrontar la vida. Esos pequeños momentos de felicidad, que puede ser simplemente el placer de merendar con mis nietos esta tarde, nos hacen envejecer de una forma mucho más satisfactoria
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