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Patrimonio

Central Telefónica: el icono ‘teleco‘ del siglo XX en Málaga que se convertirá en hotel de lujo

El edificio del Centro de Málaga, que fue subastado, es propiedad de la empresa vasca Tayko, dedicada a la explotación hotelera con proyectos ya en marcha en Sevilla y Bilbao, y otros dos ya en obras en Madrid y San Sebastián

Edificio de la Central Telefónica de Molina Lario

Edificio de la Central Telefónica de Molina Lario / ARCINIEGA

Ana I. Montañez

Ana I. Montañez

El 29 de junio de 1928, hace casi un siglo, se inauguró en Málaga la Central Telefónica de Molina Lario, un edificio que supuso un cambio en la estampa visual de Postigo de Abades, de la mano del talentoso Fernando Guerrero Strachan, así como un salto definitivo hacia la modernización de las telecomunicaciones, poniendo a la ciudad al día con los servicios que ya ofrecían las ciudades en el siglo XX.

Se trata de un edificio que tiende a pasar desaparcibido, tan encajonado, como luce hoy por hoy, entre la majestuosa Catedral de Málaga y el hotel Málaga Palacio, junto a otras edificaciones que se construyeron progresivamente en esta manzana.

No obstante, es preciso saber que cuenta con protección arquitectónica, además de estar integrado en el Bien de Interés Cultural (BIC) del Conjunto Histórico del Centro de Málaga, lo que le confiere un especial blindaje ante cualquier cambio tanto en su uso -actualmente vacío, salvo por la instalación de un centro de datos que aún se mantiene operativo- como en su fisionomía.

La central de Telefónica de Molina Lario se inauguró el 29 de junio de 1928

La central de Telefónica de Molina Lario se inauguró el 29 de junio de 1928. La ampliación del edificio en los 70 acabó con casi toda la decoración renacentista y barroca de la fachada / Francisco Sánchez, catálogo Fundación telefónica

Después de varios años prácticamente sin noticias sobre el futuro de esta construcción después de que se conociese que fue subastada a un privado, hace unos días se hizo público la intención de que el edificio vuelva a la vida reconvertido en hotel de cinco estrellas Gran Lujo, lo que lo igualaría, en cuanto a categoría, al Hotel Miramar.

La promotora detrás de este proyecto es la empresa vasca Tayko, que dedicada a la explotación hotelera con proyectos ya en marcha en Sevilla y Bilbao, y otros dos ya en obras en Madrid y San Sebastián. Esta firma ya ha iniciado los trámites urbanísticos municipales y el Ayuntamiento de Málaga ya le ha dado un primer visto bueno, tras aprobar la iniciativa de Estudio de Ordenación.

Por ahora no se conocen más detalles, como el número de habitaciones, los equipamientos del alojamiento, la inversión o si hay un calendario estimado, aunque sí se reflejan los motivos con los que la empresa defiende el interés del proyecto: incremento de la demanda de plazas hoteleras «a nivel mundial», la aparición de viviendas de uso turístico o los efectos de la Covid-19 y la generalización del teletrabajo y los «nómadas digitales».

Edificio de Telefónica en construcción.

Edificio de Telefónica en construcción. / Archivo Fundación Telefónica

«El turismo urbano propiciado por la inversión en la recualificación urbana del centro histórico y su entorno, una economía basada en la innovación tecnológica impulsada por el Ayuntamiento, el Parque Tecnológico y la Universidad, y una industria de contenidos promovida por distintos agentes culturales vinculados a la ciudad, han generado un destino atractivo no solo en términos turísticos sino también para nuevos residentes», se recoge en el Documento Ambiental Estratégico redactado por la empresa Sfera Proyecto Ambiental consultado por este periódico.

En los planes generales de 1997 y de 2011 el edificio se calificó como dotacional privado.

El edificio en la actualidad.

El edificio en la actualidad. / L.O.

Respeto a las fachadas

En el expediente del proyecto se incluye un informe histórico sobre el edificio elaborado por el profesor Víctor Manuel Heredia, licenciado en Historia Contemporánea y Doctor en Economía por la Universidad de Málaga (UMA).

En este trabajo, Heredia recuerda las dos ampliaciones que vivió el edificio en 1951 y 1971 para solventar problemas de espacio e incrementar la plantilla, pero que implicaron una profunda transformación de la fachada, con la «adopción de un lenguaje más racionalista y sobrio y la eliminación casi total de la decoración de carácter renacentista y barroca del proyecto inicial».

No obstante, de cara al proyecto que ahora se encauza, el profesor recalca que «cualquier actuación sobre el edificio debe respetar sus fachadas y su volumen y altura, con especial atención a la portada». Con respecto al interior de la edificación, el historiador apunta que «solo merece la pena la conservación y puesta en valor de los pilares hexagonales de la planta baja».

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