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Crónicas de la ciudad

La ‘fritura cerebral’ de Málaga también viaja en autobús

El imperio cada vez más omnipresente de los vídeos cortos se deja notar en nuestra ciudad, especialmente entre quienes lo consumen en los autobuses de la EMT sin complejos ni, por supuesto, auriculares.

Parada de la EMT en la Alameda, en una foto de archivo.

Parada de la EMT en la Alameda, en una foto de archivo. / GREGORIO MARRERO

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

En el mundo anglosajón ya se habla de algo que, traducido al malaguita, sería algo así como la ‘fritura cerebral’.

Es el efecto que se produce en nuestro magín cuando pasamos demasiado tiempo absortos con el móvil.

Para precisar el tipo de ‘absorción mental’, una parte considerable de los usuarios que se ‘autofríen’ o 'autopudren' el cerebro puede permanecer horas y horas viendo vídeos cortos, que en la lengua -trabada- de Donald Trump se denominan ‘reels’.

Ya no son las redes sociales las que enganchan en sí; es decir, el hablar o escribirse con los amigos, familiares o compañeros de trabajo, como ocurría antes. Lo que ahora se lleva es un simbólico retorno a la Edad Media, que no es otra cosa que el imperio, cada vez más omnipresente, de las imágenes sobre los textos. Especialmente, si las imágenes cantan, bailan de forma coordinada o hacen pesas.

En la EMT

La fritura cerebral ‘en directo’ podemos verla en cualquier parte de Málaga. Pero donde se aprecia con toda crudeza, especialmente porque no suele haber escapatoria, es en los autobuses de la Empresa Malagueña de Transportes.

Escuchar el móvil 'sin pinganillo' en los autobuses, una tendencia al auge.

Escuchar el móvil 'sin pinganillo' en los autobuses, una tendencia al auge. / Europa Press

Si el evangelista San Mateo recoge la famosa máxima de Jesús «haced con los demás lo mismo que queréis que los demás hagan con vosotros», la realidad es que, cada vez más usuarios de la EMT hacen con el prójimo lo que estos por nada del mundo desearían.

Porque este tipo de dolencias habría que sufrirlas en silencio, como las hemorroides, y no hacer copartícipe de la ‘fritanga cerebral’ a todo el autobús.

Sin embargo, aquí va otra paradoja: en un mundo en el que han vuelto a ponerse de moda los auriculares ‘de diadema’ y pocas personas hay que no luzcan ya en sus orejas auriculares inalámbricos, se está haciendo fuerte la costumbre en la EMT de Málaga de ‘compartir’ los vídeos cortos con todo el pasaje ‘a pelo’.

De esta forma, así como el cardenal Cisneros dejó para la posteridad la frase «estos son mis poderes»; el malaguita con fritura cerebral parece decir: «Esto es lo que tengo en la ‘meolla’». Y lo que tiene en ese instante es un batiburrillo fugaz de aplausos, risas, reguetones, cotilleos, caídas, gritos, trancas y barrancas. Y a toda leche.

Imaginen quien, frente a esa bullanga, solo quiere pensar, charlar con un viajero, no escuchar a Broncano ni a Pablo Motos o, simplemente, leer o ver el paisaje tranquilo. En efecto, no lo tendrá ‘frito’ pero sí bastante crudo.

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