Crónicas de la ciudad
Nueva Torre del Puerto: unos caramelos Smint para la Bahía de Málaga
El nuevo proyecto de hotel rascacielos en el Dique de Levante vuelve a subrayar la orfandad intelectual de la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento, además de la ausencia de interés general de este atentado contra Málaga.

Una de las infografías del hotel rascacielos de Chipperfield, presentado ayer. / A.V.
El artículo 72.4 de la vigente Ley de Puertos deja claro que la prohibición de hoteles en terrenos portuarios solo la podrá levantar el Consejo de Ministros «por razones de interés general debidamente acreditadas».
Ayer lunes, con la presentación de una nueva versión del hotel rascacielos en el Dique de Levante, volvió a acreditarse que este proyecto, aparte de encontrarse en las antípodas del interés general, atenta gravemente contra la imagen de Málaga.
Desde 2011, el año en que nuestro alcalde pasó de presidir un Ayuntamiento que desaconsejaba con claridad un hotel de envergadura en el Dique de Levante a incorporarlo a su programa electoral, llevamos 14 años en los que tanto la Autoridad Portuaria como el Consistorio han dado pruebas más que sobradas de una inquietante orfandad intelectual.
Ya no es solo la pobreza argumental con la que han ido respaldando las distintas versiones del mismo atentado paisajístico.
Lo más preocupante ha sido la cerrazón ultramontana con la que el alcalde de la sexta ciudad de España y los sucesivos presidentes de uno de los puertos más importantes de nuestro país han ido despachando las críticas de toda suerte de expertos de los más variados ámbitos profesionales nacionales e internacionales.
También, las de quienes auguran que este negocio es bastante probable que termine siendo un fiasco, con el hotel clausurado y convertido en otra cosa.

Los promotores de la Torre del Puerto siguen abogando por pinos de gran porte en el Muelle de Levante. / La Opinión
El 'pelotón de torpes'
A estas alturas, causa sonrojo que el mismo ‘pelotón de torpes’ que ha planificado y autorizado las Torres de Martiricos, uno de los mayores fiascos paisajísticos de este siglo en España, mantenga que un edificio en el centro de la Bahía de Málaga, con una altura superior al Monte Gibralfaro, tendrá un impacto visual soportable; y que, en cualquier caso, los beneficios económicos estarán por encima de lo mucho que nos incomode inicialmente.
La nueva versión de David Chipperfield, el arquitecto que reconoce su cinismo profesional a la hora de promover proyectos insostenibles por el globo -salvo en el terruño gallego que salvaguarda- propone un rascacielos con forma de caramelos Smint para jubilar forzosamente La Farola, y plantar sus reales en la Bahía los próximos siglos.
Ya no es solo que el actual Consejo de Ministros deba frenar este atentado contra Málaga; es que hay que convencer a futuribles consejos de ministros de signo contrario, a dirigentes como Alberto Núñez Feijóo, para que, con la simple aplicación del sentido común, nunca más regrese a nuestra ciudad un proyecto tan opuesto al interés general como este.
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