Crónicas de la ciudad
La plaza más rosa de Málaga y su historia
Entre El Ejido y la calle Refino apareció en la trama urbana del XIX una placita relacionada con la jardinería, que hoy está acompañada de un famoso pintor

Un detalle de la plaza Rosa, hace unos días. / A.V.
En Málaga caemos con facilidad en el ‘síndrome de Radomir Antic’, el desaparecido entrenador serbio famoso por hablar un español desprovisto del mayor número de artículos.
Si la calle Refino hubiera mantenido el artículo que todavía lucía en el XVIII y el XIX (calle del Refino), entenderíamos mejor su origen, pues -informa el Ayuntamiento de Málaga en su callejero- se llamaba así porque en ella se refinaba aceite y, más tarde, también se asentó una refinería de azúcar.
Es decir, que no hacía referencia a ningún apellido ni al apodo de alguien excesivamente refinado.
Si de Refino pasamos a la calle Carrión, nos toparemos con un recoveco a la izquierda que tiene una curiosa historia relacionada, parece, con la jardinería.

Detalle del plano de Pérez de Rozas de 1863 con la plaza de la Rosa y la calle del Rosal. / La Opinión
Porque si consultamos el plano de Málaga de 1863, del capitán Joaquín Pérez de Rozas, veremos que ese recoveco es la diminuta plaza de la Rosa, y el estrecho pasillo que comunica con El Ejido llevaba el nombre de la calle del Rosal.
Parece evidente que, desde tiempos al menos de Isabel II, esta placita era conocida con este nombre, y guardaba relación con la calle contigua. No hay que ser un lince para concluir que se ganó el nombre, probablemente, por la abundancia o prestancia de rosas y rosales en tan reducido espacio.
La plaza
Por tanto, no tiene nada que ver con la zona de Nueva Málaga, que cuenta con un grupo de calles dedicadas al nombre de Rosa y sus variantes, incluida la de una cantante de fama internacional: son las calles Rosa, Rosa María, Rosita, Rosaura y Rosalía.
Los vecinos del barrio informaron a este periodista que se trató del homenaje del constructor o quizás promotor de los bloques a su mujer que, da la impresión, se llamaría Rosa.
Hoy, la plaza de la Rosa se llama plaza Rosa, a secas, por eso del síndrome de Radomir Antic. Además, desde 1887, la modesta calle del Rosal se jubiló para dar paso a la calle Gisbert, que homenajea al pintor que inmortalizó el fusilamiento de Torrijos en las playas de San Andrés.

La calle Gisbert, junto al Ejido, hace unos días. / A.V.
Ya podía haber buscado otro lugar el Consistorio, pues la calle Gisbert es, en nuestros días, una escalera con una papelera que da ‘las gracias’. La plaza Rosa, algo más grande, tiene hueco al menos para tres naranjos y sería un reducto de paz si su emplazamiento recoleto no empujara a veces al bebercio, comentan los vecinos.
Eso sí, quizás para hacer honor al nombre de la plaza, una de las casas está pintada del mismo color que la sede presidencial de Argentina. Ya saben, de rosa.
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