Mirando atrás
Los forjadores del Puerto de Málaga
El académico de la Historia Francisco Cabrera recorre toda la historia portuaria de la mano de sus técnicos en ‘De un Puerto, una Ciudad: Ingenieros y Militares, Arquitectos y Marinos en las obras malagueñas’, con motivo de los 150 años de la Junta de Obras del Puerto de Málaga

El historiador Francisco Cabrera, con su nuevo libro sobre el Puerto, esta semana junto a la capilla portuaria (1732). / A.V.
Como el arenal de Puerta del Mar, donde hoy se levanta la Alameda, era insuficiente para que vararan los barcos, en 1491 las autoridades de la ciudad de Málaga pidieron a los Reyes Católicos un muelle.
Isabel y Fernando, centrados en la toma de Granada, contestaron «que por agora no se entienda de eso».
No fue hasta 1545 que Málaga recibió fondos para iniciar un modesto embarcadero delante del Castillo de los Genoveses, al lado de la mencionada playa. El ingeniero responsable de las obras se llamaba Juan de Guilisasti; y el embarcadero puede verse en la famosa vista de Málaga de Anton van den Wyngaerde de 1564.

Vista parcial del arenal de Puerta del Mar y del embarcadero delante del Castillo de los Genoveses, en la vista de Málaga de Anton van den Wyngaerde (1564). / AMO
Juan de Guilisasti es uno de los muchos expertos portuarios que desfilan por el libro ‘De un Puerto, una Ciudad: Ingenieros y Militares, Arquitectos y Marinos en las obras malagueñas’, del académico malagueño de la Historia Francisco Cabrera Pablos.
La obra, editada por el Puerto de Málaga, y presentada el pasado 6 de noviembre, fue «una sugerencia de la Autoridad Portuaria, con motivo de los 150 años de la Junta de Obras del Puerto, que se conmemoró el año pasado», explica el historiador.

Proyecto de Bartolomé Thurus de 1717 de un puerto cerrado para Málaga, con el fin de preservarlo de los aportes del Guadalmedina y de los sedimentos marinos. / AGS
Francisco Cabrera no solo es el máximo conocedor de la historia del Puerto de Málaga -y no es el único que ha investigado en su carrera- también, el responsable de una parte muy importante de su archivo, que ha ido engrosando con los años; pues, como recuerda, cuando lo visitó por vez primera, en su juventud, «lo más antiguo era el proyecto del Puerto de Yagüe de 1876».
El libro, escrito durante la pandemia, recorre los siglos XVI a XIX, con un epílogo para el siglo XX, que culmina con el Plan Especial del Puerto de 1997.

Proyecto de linterna para el muelle de Levante, de Juan Martín Zermeño (1772). / Ministerio de Defensa
Es la historia de una obra que recuerda en parte a la de la Catedral, pues el Puerto de Málaga también cambió de emplazamiento, porque el muelle del Castillo de los Genoveses estaba demasiado cerca del Guadalmedina; así que en enero de 1588 se trasladó al pie de Gibralfaro, con el propio monte como cantera. Además, al igual que el Templo Mayor, los trabajos portuarios se prolongaron durante siglos, con largas etapas paralizados.
Para trabajar en sus muelles, para inspeccionarlos o para encontrar una solución, a Málaga acudieron ingenieros que fueron ‘cambiando’ de país de origen.

Draga de extracción de fango del canario Agustín de Betancourt. En el Puerto de Málaga funcionó un pontón de vapor diseñado por este ingeniero. / BUSP
Por eso, acorde en parte con las posesiones de la Monarquía Hispánica, en los siglos XVI y XVII abundaron los italianos; y con la llegada de los Borbones, en el XVIII, los técnicos flamencos y franceses y, finalmente, los españoles.
De buena parte de ellos el historiador malagueño ofrece una semblanza biográfica y el papel que tuvieron en las obras del puerto; pero también en la ciudad.
Así, de forma indirecta, años antes de acudir a Málaga, el salmantino Juan Martín Zermeño, cuando era director del Puerto de Barcelona, proyectó el nuevo barrio de la Barceloneta, nacido de los aportes de arena del puerto; «modelo en otras ciudades de los terrenos ganados al mar, como fue el caso de La Malagueta malagueña a partir de 1783», escribe Francisco Cabrera.
Los responsables
En cuanto a qué tipo de profesionales estaban a cargo de las obras portuarias de Málaga, el investigador detalla que, hasta 1711, se encontraban bajo la responsabilidad de maestros de obras, ingenieros o bien de militares con cierta experiencia en fortificaciones.

Uniforme del cuerpo de ingenieros militares (1751). / AGS
En 1711 Jorge Próspero Verbóm -para Francisco Cabrera, el ingeniero más importante que pasó por la Málaga del XVIII- funda el Cuerpo de Ingenieros. En 1770 Carlos III decide crear el Cuerpo de Ingenieros de la Armada o ‘hidráulicos’, y en el último año del XVIII nacen los llamados Ingenieros de la Inspección General de Caminos y Canales, que a partir de 1835 incorporarán los Puertos.
Sin embargo, no será hasta 1856 que a la dirección de las obras del puerto se incorpore el primer ingeniero de Caminos: Francisco Milla.
Puerto abierto o cerrado
Algo que protagoniza muchas páginas de esta investigación son los problemas causados por el río Guadalmedina, por un lado; y las corrientes, por otro, que aterraban las instalaciones. Francisco Cabrera puntualiza que es algo muy normal en muchos puertos.

Proyecto de mejora y ampliación del Puerto de Málaga de Rafael Yagüe, en 1876. / Ministerio de Defensa
Por este motivo, durante siglos los responsables portuarios se devanaron los sesos para dar con una solución. Así, por ejemplo, el flamenco Bartolomé Thurus en el XVIII idea un puerto con dos muelles muy cerrados, para protegerse de fangos y arenas; pero sin embargo el ingeniero siguiente, el también flamenco Jorge Próspero Verbóm, aboga por un puerto abierto, una solución menos costosa y menos prolongada en el tiempo.
«Es verdad que entra material, pero la marea lo saca y lo que no, los pontones», cuenta el autor.
En el XIX, en pleno auge industrial, los grandes barcos no pueden ni atracar, se ‘ara’ un canal para ello y los jóvenes «palanquines de playa» sacarán las mercancías metidos en el agua. El proyecto de Yagüe de 1876 traerá un puerto cerrado y de paso, el Parque, gracias a Cánovas. Historias portuarias.
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