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Camila y Marita: de México a la Palmilla para aprender a ser maestras

El colegio Manuel Altolaguirre de Málaga ha sumado a su claustro durante dos meses a dos estudiantes mexicanas, una oportunidad para intercambiar experiencias entre dos sistemas educativos muy distintos

Las futuras maestras mexicanas Marita y Camila, en el colegio Manuel Altolaguirre de Málaga.

Las futuras maestras mexicanas Marita y Camila, en el colegio Manuel Altolaguirre de Málaga. / La Opinión

Susana Fernández

Susana Fernández

Málaga

En el colegio Manuel Altolaguirre de Málaga el acento malagueño se mezcla desde hace dos meses con el mexicano. Ana Camila Pérez Cervantes y Mara Jeshua Domínguez Vidal han recorrido casi 10.000 kilómetros desde Tlaxcala, el estado más pequeño de México, hasta Málaga para hacer prácticas como maestras. Toda una experiencia de la que han aprendido tanto ellas como los profes de aquí.

Las escuelas donde han estado antes en su país son muy distintas de este colegio malagueño, pero por eso mismo su estancia ha sido más enriquecedora.

Ambas estudian en la Escuela Normal Licenciado Emilio Sánchez Piedras, un tipo de centro de magisterio que se creó en México en una época en la que había un déficit de maestros y se quería impulsar la alfabetización de la población, explican.

Primero, surgieron en el ámbito rural para llevar la educación a comunidades lejanas como las de Tlaxcala. Pero en la que estudian ahora estas dos jóvenes de 21 y 22 años es urbana.

«Desde el primer semestre nos instalamos en las escuelas primarias para empezar con observaciones, con ayudantía y vamos haciendo prácticas», explica Camila.

Las maestras mexicanas en prácticas en Málaga, en una clase junto al director del Manuel Altolaguirre.

Las maestras mexicanas en prácticas en Málaga, en una clase junto al director del Manuel Altolaguirre. / La Opinión

En el cuarto año de la carrera, las prácticas son internacionales y hace ya dos cursos que vienen al Manuel Altolaguirre.

El director de la escuela normal mexicana, Omar Espino Herrera, contactó con el profesor de Ciencias de la Educación de la UMA Enrique Sánchez, que le propuso este centro.

«A nivel multicultural es muy interesante y en un centro de nuestras características, con mucha heterogeneidad de niveles, cuantas más personas haya mejor», defiende Miguel Ángel Muñoz Bautista, director del colegio Manuel Altolaguirre.

Dos buenas futuras maestras

Ahora que ya han terminado sus prácticas, la comunidad educativa de este centro sólo tiene buenas palabras para sus dos ‘compañeras’ mexicanas. Dos profesionales que han demostrado en estos meses su entrega a la enseñanza.

Camila admite que en un principio quería estudiar Ciencias Políticas y Administración Pública: «Quería hacer un gran cambio en la sociedad a partir de la política».

Ese era su sueño, pero las dificultades para acceder a esa carrera la llevaron al magisterio: «Creo que también siendo maestra puedo cambiar cosas, porque puedo entrar en las mentes más chiquitas y desde ahí hacer un cambio».

Marita tampoco tenía clara la vocación docente. Quería ser astrofísica. Sin embargo, una serie de circunstancias le hicieron darse cuenta de que la enseñanza siempre le había gustado.

«Sócrates hablaba de que la única manera de adquirir conocimiento realmente era compartirlo con los demás y yo siempre quería hacer eso», relata.

"Siendo maestra puedo cambiar cosas, porque puedo entrar en las mentes más chiquitas y desde ahí hacer un cambio»

Camila Pérez Cervantes

— Maestra mexicana en prácticas

Así, pasó de ser la típica compañera de estudios que explicaba los temas más difíciles a sus compañeros, a dar clases particulares y a estudiar para maestra. «Me he enamorado de la docencia, he sanado muchas cosas de mi infancia y me he descubierto en algo que tal vez en un inicio no me imaginé», añade.

Diferencias entre la educación en México y en España

Para lograr estas prácticas en Málaga, ambas jóvenes han tenido que pasar un exigente proceso de selección y aquí han llevado a cabo dos proyectos educativos propios.

Ambas comentan las diferencias que ven entre los colegios de primaria de México y los españoles, aunque son conscientes de que el Manuel Altolaguirre es un caso especial. Un colegio de compensatoria con alumnado con dificultades de mucho tipo por el entorno pero que, sin embargo, ha logrado ser un ‘oasis’ educativo y referente en innovación.

Les ha sorprendido, por ejemplo, que existan maestros de apoyo y de diferentes especialidades.

«En este colegio cada maestro conoce muy bien al grupo. Nos ha gustado porque podemos atender bien al alumnado, acercarnos más, tener un contacto más de cariño y de amor», comenta Camila.

«En México, lamentablemente no se puede realizar porque hay muy pocos maestros», indica.

En el Manuel Altolaguirre han intentado que conozcan a alumnado de todos los niveles pero que aporten lo mejor que tengan.

«Lo que el Altolaguirre intenta es que cada uno busque su faceta y si ellas se han sentido más a gusto en ciertos cursos, que siempre pasa, el resultado va a ser mejor», explica el director.

La sonrisa de los maestros del Manuel Altolaguirre

Tanto Camila como Marita, que han dejado una huella visual a través de numerosos trabajos manuales que decoran ahora las paredes de este colegio, aseguran que se llevan mucho aprendido.

«Lo principal es la calidez humana y el trabajar siempre con una sonrisa. Aquí los maestros dejan los problemas afuera y entran. Son unas personas grandiosas», afirma Camila. Además, destaca una idea que el director lleva por bandera: el que el barrio no sea un impedimento para llevar a cabo «una educación funcional y transformadora».

Por su parte, Marita dice haber aprendido a fijarse, no en las carencias, sino en qué se puede hacer con lo que se tiene.

«Aquí estamos para ayudarnos y para ser parte de una verdadera comunidad en la que los líderes no son personas que mandan, sino que escuchan y que trabajan por lo mejor para la escuela», asegura.

Mesa con trabajos realizados por las alumnas mexicanas en el Manuel Altolaguirre de Málaga.

Mesa con trabajos realizados por las alumnas mexicanas en el Manuel Altolaguirre de Málaga. / La Opinión

Pero el aprendizaje ha sido mutuo. Por ejemplo, el director de este cole de la Palmilla pone el acento en la capacidad de trabajo de estas jóvenes mexicanas, que no han parado desde que aterrizaron el 27 de septiembre.

Además, les han hecho volver a reparar en «cosas básicas» frente a tanta tecnología. «Cómo es posible que con papel hagan lo que hacen», se sorprende aún este veterano director.

Y, por supuesto, no se olvida de subrayar la calidez que les han transmitido Camila y Marita, y de todo lo que han aprendido tanto los niños como los maestros sobre su tierra mexicana y del hecho de que estén siempre abiertas a nuevos aprendizajes.

«A su profesor les he dicho que soy muy afortunado de poder tener a personas de este tipo», reconoce Miguel Ángel Muñoz.

Alumnado en prácticas de varios países

En el Manuel Altolaguirre, que desde hace cuatro años es comunidad de aprendizaje, no es la primera vez que reciben a alumnado en prácticas de otros países. De hecho ya han pasado por este colegio de la Palma-Palmilla estudiantes de distintas disciplinas de países como Portugal, Irlanda, Italia, Holanda o Dinamarca.

Troy y Kōue estudian Informática en Estonia y están haciendo prácticas en el CEIP Manuel Altolaguirre de Málaga.

Troy y Kōue estudian Informática en Estonia y están haciendo prácticas en el CEIP Manuel Altolaguirre de Málaga. / La Opinión

A través de la empresa Europeanera reciben a estudiantes para prácticas en el marco del programa Erasmus+. Ahora, hay dos jóvenes estonios, Troy y Kōue, de 18 y 19 años, que estudian lo equivalente en su país a un grado superior de FP de Informática. En este colegio están teniendo la oportunidad de poner a prueba sus conocimientos realizando distintos trabajos informáticos que el centro precisa.

Pero, además, como comenta la profesora de Inglés Elisa Arenas, también están entrando en las aulas e interactuando con los alumnos.

"Les preguntan muchas cosas y es una forma de que se lancen a hablar inglés sin que les dé tanto miedo. No es una frase suelta, sino que está totalmente contextualizado", explica.

El director del Altolaguirre añade que es un sistema que beneficia a ambas partes: "Ellos ganan porque están haciendo unas prácticas a nivel de empresa y nosotros porque sacamos unos resultados para el centro".

Eligen Málaga por el clima y la gente

Troy y Kōue cuentan que eligieron venir a Málaga después de haber estado haciendo otras prácticas en Valencia. Les gustó el clima, la gente y la vida en España y ahora destacan sobre todo el carácter abierto y cálido de los malagueños.

En los cuatro años que llevan realizando estos convenios Erasmus+ han pasado por el colegio malagueño más de treinta estudiantes. Ahora, están esperando la llegada de otros portugueses y de irlandeses.

El universo de un colegio es tan amplio que permite que estudiantes de distintos ámbitos hagan prácticas. Por ejemplo, suelen tener alumnos de arte, que contribuyen a embellecer el edificio; o alumnado de educación física, que colabora en las clases, así como futuros trabajadores sociales.

Es un sistema, como apunta el director, Miguel Ángel Muñoz, de "codocencia", porque "la codocencia es todo lo que ayude al maestro a dar clases, tengan la titulación o no. En Primaria necesitamos atención y manos".

Además, hace hincapié en el gran beneficio para sus alumnos, porque les permite conocer a gente distinta, "romper la barrera idiomática y ver que el inglés les sirve para algo". "Y es una motivación para el aprendizaje", concluye.

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