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Mirando atrás

Carlos de Palma: pilotar una vida de entrega a España

El malagueño Carlos de Palma, coronel retirado del Ejército del Aire, sintió la vocación de volar en la adolescencia y ha sido jefe de la Patrulla Águila, instructor de vuelo, ayuda de cámara del Rey de España y ha estado al mando de una base aérea en Afganistán, entre otros muchos destinos.

Carlos de Palma, esta semana en la playa de la Misericordia.

Carlos de Palma, esta semana en la playa de la Misericordia. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Las vocaciones se presentan sin avisar; por eso, a Carlos de Palma (1957) su vocación se le presentó cuando vivía con sus padres, aunque nunca se hubiera subido a un avión: «Hacía aviones de madera de balsa, luego conocí a Carlos Pérez San Emeterio en la Universidad, muy aficionado a la aviación, que me pasó unas fotografías de aviones civiles y despertó mi curiosidad. Y definitivamente, viendo un reportaje en televisión española de la Escuela de Reactores del Ejército del Aire, ahí ya me vino el gusanillo», detalla.

En 1974, de pie, segundo por la derecha, con su pandilla de amigos de Ciudad Jardín.

En 1974, de pie, segundo por la derecha, con su pandilla de amigos de Ciudad Jardín. / Archivo Carlos de Palma.

Este cordial malagueño, hijo de una familia humilde de Ciudad Jardín, lo ha sido prácticamente todo en el Ejército del Aire.

Como recuerda, comenzó opositando, lo logró a la segunda, tras mejorar en inglés, e ingresó, con 17 años, en el Centro de Selección de Armilla (Granada); «y de ahí, a la Academia General del Aire donde estuve cuatro años».

No se le olvida su primer vuelo con 20 años y lo que sintió: «Esto es lo que yo quería hacer». Como destaca, «tenía más ganas que acierto, pero el Ejército del Aire tiene un procedimiento de instrucción de pilotos excepcional, referente en muchas academias militares de otros países».

Como recuerda, «primero empiezas volando solo con una avioneta de hélice; luego pasas a volar en formación; más tarde con un avión avanzado, que en mi caso fue un CASA 101 y ahí ya aprendes a volar en formación hasta cuatro aviones, de noche, en nubes...».

Carlos de Palma, en la jura de bandera en Armilla (Granada), en 1976.

Carlos de Palma, en la jura de bandera en Armilla (Granada), en 1976. / Archivo Carlos de Palma

El siguiente paso, ya con el título de piloto militar, fue un año de especialización en ese mismo centro que vio por televisión: la Escuela de Reactores de Caza y Ataque, en Talavera la Real (Badajoz), donde pilotó un F5.

En total, tiene en su haber unas 2.300 horas de vuelo, «y con reactores, en una hora cruzas España», destaca. De esas horas recuerda muy pocos incidentes, como «un fallo del avión a mitad de ruta, un choque con un pájaro que te rompe el cristal de la cúpula o una mala meteorología que te obliga a no volver a tu base y tienes que ir a un aeródromo alternativo. Son sustos que, aplicando los procedimientos para los que hemos sido entrenados, se resuelven».

El currículum de Carlos de Palma es tan extenso, que es menester ‘sobrevolarlo’ y escoger lo más llamativo, por falta de espacio.

Carlos de Palma, en 1996, cuando era piloto instructor.

Carlos de Palma, en 1996, cuando era piloto instructor. / Archivo Carlos de Palma

Por ejemplo, el militar malagueño, que también ha sido profesor de vuelo y profesor de asignatura en la Academia General del Aire y en el 92 realizó el prestigioso Curso de Estado Mayor, entre 1997 y 1999 fue además jefe de la Patrulla Águila, el famoso grupo de vuelo aeronáutico del Ejército del Aire, formado por «mecánicos y pilotos voluntarios, que no cobran ningún suplemento; pero la pasión por la Aeronáutica les lleva a esto».

Aunque por falta de tiempo no formó parte de los siete pilotos expertos que realizan las acrobacias, sí que coordinó al equipo de 40 personas en eventos dentro y fuera de España, incluido el Día de la Fiesta Nacional.

«Ha sido una experiencia apasionante en todos los sentidos. Ver la admiración que despierta en las personas que ven la exhibición es maravilloso», subraya.

Y un detalle que da buena cuenta de la pericia de los pilotos:«El mantenimiento de la distancia entre los aviones es manual, no hay ningún sistema automático. A base de coordinación y entrenamiento se consiguen esas figuras que son de una altísima precisión; priman la seguridad y también la espectacularidad».

En la Casa Real

Una de las más importantes responsabilidades de su carrera ha sido su trabajo como ayudante de campo del Rey de España, Juan Carlos I, entre 2000 y 2003.

Entre sus funciones, acompañar a jefes de Estado en las visitas oficiales a España, porque el monarca les asigna un ayudante de campo. «Les acompañas durante todo el viaje y procuras que nada falle. Es un lujo poder estar al lado de estas personas; una experiencia importantísima», subraya.

Carlos de Palma saluda a la reina Sofía en la Academia General del Aire, en 2004.

Carlos de Palma saluda a la reina Sofía en la Academia General del Aire, en 2004. / Archivo Carlos de Palma

Del rey Juan Carlos I, Carlos de Palma hace hincapié en que no ha conocido «una persona que trabaje más por España de sol a sol, día tras día y año tras año; por ello, hemos alcanzado una democracia moderna y abierta al mundo», recalca.

Y a la reina Sofía la describe como «una persona fuera de serie, con una sensibilidad humana tremenda que despierta admiración».

También quiere resaltar la «estrategia única y singular» de formación de un rey en España, como la que ha tenido Felipe VI y está teniendo la princesa Leonor, lo que hace que tenga «firme confianza» en la Corona española.

El militar malagueño en 2013, en la Operación Cuerno de África contra los piratas.

El militar malagueño en 2013, en la Operación Cuerno de África contra los piratas. / Archivo Carlos de Palma

Ya en otro cometido, en 2010, como jefe de la base aérea de Son San Juan (Palma de Mallorca), recuerda cómo, el día del cumpleaños de su mujer, «y con una tarta sorpresa en el maletero del coche», recibió una llamada de su superior para «lidiar con la huelga de controladores». Fue casi un mes de trabajo, en plenas navidades, que llegó a buen puerto.

En Afganistán

Después de pasar por el Mando Aéreo de Combate, en 2012 fue nombrado jefe de la base aérea de Herat (Afganistán). Allí, en siete meses, pudo cumplir una misión de ayuda esencial porque, como recuerda, «en Afganistán, durante cuatro meses está todo cerrado por nieve, no se puede transitar y entonces las cosas van de base aérea a base aérea».

El militar malagueño, con un policía afgano y una intérprete, durante su etapa en Afganistán.

El militar malagueño, con un policía afgano y una intérprete, durante su etapa en Afganistán. / Archivo Carlos de Palma

Su papel fue además el de ayudar a la reconstrucción del país; en esos meses, también pudo comprobar la crueldad de los terroristas. Como destaca, «siempre se tiene precaución, el miedo inmoviliza y la precaución te activa».

En su últimos destino, antes de pasar a la reserva, Carlos de Palma fue agregado de Defensa en las embajadas de España en Roma, acreditado también en Eslovenia y en Malta. En los tres años que estuvo en ese puesto, remarca, pudo comprobar el respeto que entre los agregados de otros países se tiene a España, así como la hermandad entre los países iberoamericanos.

En la Embajada de España en Roma en 2014, su último destino.

En la Embajada de España en Roma en 2014, su último destino. / Archivo Carlos de Palma

Una carrera intensa al servicio de España que, quiere resaltar, ha sido posible gracias a su mujer, Genoveva.

De regreso a Málaga, Carlos de Palma es asesor senior del alcalde Francisco de la Torre, forma parte del grupo de debate Demos 78, es vicepresidente de la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil de Málaga, y preside la asociación Iniciativa 2028 de impulso de la sociedad civil. El servicio a España continúa.

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