Sanidad | Andrés Fontalba Navas Psiquiatra
“Hasta los seis años ninguna hora de pantalla al día”
El doctor advierte de que el abuso de estos dispositivos compromete la salud física, mental y emocional de los menores y remarca la importancia de promover un uso responsable y saludable

Andrés Fontalba, psiquiatra en un momento de la entrevista para La Opinión de Málaga. / Álex Zea

Ver a un niño pequeño en un restaurante o en su carrito absorto frente a un móvil o una tablet se ha convertido en una imagen cotidiana. Sin embargo, los expertos llevan tiempo advirtiendo de que estos dispositivos no son una herramienta inocua y que abusar de ellas tiene un gran impacto en la salud física, mental y emocional de los más pequeños y adolescentes.
El psiquiatra Andrés Fontalba, uno de los profesionales de Málaga más comprometidos con el uso responsable y saludable de las pantallas, asegura que un uso intensivo de las mismas tiene “el mismo mecanismo” que las drogas. Por ese motivo, el doctor, que es también tesorero del Colegio de Médicos de Málaga, Vicedecano de Relaciones con Instituciones Sanitarias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga y director de Salud Mental del Hospital de Antequera, insiste en la importancia de concienciar sobre sus riesgos, promover un uso responsable y predicar con el ejemplo desde la adultez.
¿Hemos subestimado los peligros de las pantallas?
Pues sí. En principio, cada vez estamos detectando más que las pantallas pueden ser una herramienta muy útil, que tienen su eficacia en educación o para socializarnos, pero una herramienta también que un uso inadecuado o intensivo de la misma está asociado con muchos riesgos para la salud, que estamos identificando cada vez más.
¿Cuáles son esos riesgos que tiene para la salud de los más pequeños este uso intensivo?
Para pequeños, adolescentes y personas también adultas. Cada vez estamos viendo un uso abusivo en todas las edades a lo largo de la vida. En primer lugar, tiene impacto sobre la salud física: el tiempo que se dedica a estar conectado se dejan de hacer otras actividades que son muy importantes, como el deporte. Entonces, ya está asociado con un riesgo de sedentarismo. Luego, también se están analizando cada vez más dificultades en relación con la visión. Problemas graves de visión en niño, adolescente o en adulto, precisamente, por un uso tan excesivo de esas pantallas. Y también problemas con el sueño. El uso antes de dormir confunde la luz de la pantalla con la luz ambiental, nuestro cerebro interpreta que es de día, y está asociado también a un peor descanso nocturno, lo que provoca al otro día peor rendimiento académico o laboral. Sobre la salud mental, cada vez estamos más alertados de que produce un aumento de los trastornos de ansiedad o de trastornos depresivos. A fin de cuentas, lo que produce es una sensación de aislamiento: le aísla del entorno y de capacidades que, cuando nos relacionamos con otros, nos previenen de la ansiedad o la depresión.
¿Y en aquellos casos en los que se les dan las pantallas desde edades muy tempranas, se ha demostrado que también puede afectar a su desarrollo cognitivo?
Totalmente. Ya se ha demostrado —por pruebas tanto de neuroimagen como por pruebas estructurales— que las conexiones de los niños que tienen un uso excesivo de estas pantallas no son tan saludables, ni tan potentes, ni tan fuertes como el niño que está, por ejemplo, jugando en el campo o relacionándose. Esto ya se ha demostrado a nivel del cerebro y a nivel del comportamiento. Si el niño y la niña, con esas edades, tiene que estar aprendiendo del entorno y teniendo otra serie de estímulos, pero se le expone todo el rato a un estímulo muy repetitivo, machacón, como puede ser una pantalla, con efectos y con música que nos dirige mucho la atención, ese cerebro no va a tener los mismos estímulos que si está, por ejemplo, en un entorno al aire libre, practicando deportes o juegos con otros niños y niñas.
“Produce un aumento de los trastornos de ansiedad o de trastornos depresivos”
Antes mencionaba que también produce un mayor aislamiento. ¿Han observado un cambio en la forma de relacionarse y desarrollar habilidades sociales por culpa de las pantallas? ¿Qué influye también en ese aspecto?
Exactamente igual. Con las redes sociales, al final empezamos a comunicarnos no con el otro, sino con nosotros mismos. Todo lo que nos retraiga de comunicarnos con el otro —de que salgamos al exterior y que nos relacionemos—, nos va a llevar a un cierto nivel de aislamiento. Y, en una sociedad como la nuestra, que el principal problema que tenemos ahora mismo es el aislamiento, un uso inadecuado de estas redes sociales o de estas pantallas nos llevan a un mayor aislamiento todavía.
¿El uso problemático de pantallas es ya un motivo de consulta habitual?
Cada vez más. Si bien nuestra sociedad genera mucho nivel de sufrimiento por los altos niveles de ansiedad, estrés o depresión que tenemos —porque, por lo general, la gente se siente cansada: somos la sociedad del cansancio—, añadimos aún más los problemas derivados de un uso inadecuado de Internet o de las pantallas. Al final, se pueden agravar trastornos como la ansiedad, la depresión, o estamos viendo también un gran impacto en trastornos graves como pueden ser los trastornos de la conducta alimentaria.
La gran pregunta es: ¿a partir de qué edad se debería permitir el acceso a estos dispositivos digitales?
Hay como unas recomendaciones muy claras a nivel consensuado. Hasta los 6 años ninguna hora de pantallas al día. De 6 a 12 años, se recomienda una hora, al menos supervisada. Y de los 12 a los 18 años, al menos 2 horas al día, pero en esas dos horas se incluye tanto el tiempo de ocio como el tiempo de estudio o el tiempo necesario para hacer un trabajo en ordenador. Estas son las recomendaciones de tiempo máximo. Y, como vemos cualquiera de nosotros consultando nuestro teléfono móvil, se exceden en muchísimo a lo recomendado. Y en niños y adolescentes exactamente igual.
Como dice, no es raro el adolescente que pasa más de cinco horas con el móvil al día. ¿Qué consecuencias tiene esto para su capacidad de atención y de concentración?
Nuestro cerebro necesita parar. Necesita aburrirse para que aparezca la creatividad. Y, si tenemos un dispositivo que constantemente atrae nuestra atención, nos sustrae del tiempo y donde no da tiempo a que el cerebro procese esa información... todo ese tiempo no se va a desarrollar de igual forma para que se produzca, por ejemplo, la creatividad o relacionarse con otros, o para el tiempo de estudio. Si todo esto nos lo sustrae una pantalla —nuestra atención, que es lo más apreciado—, dejarán de hacerse otras cosas que son muy útiles en esa edad, incluso aburrirse, que es muy importante también.

El doctor Andrés Fontalba en el Colegio de Médicos de Málaga / Álex Zea
¿Detectan, entonces, que a los jóvenes les cuesta cada vez más retener la atención como consecuencia de este abuso de las pantallas?
Directamente. Al final, si estamos en un entorno, nuestro cerebro tiene que prestar atención a muchas cosas a la vez. Pensemos en el campo: estamos prestando atención a las luces, al sonido, a la iluminación... El teléfono móvil y la pantalla nos encierra en un solo estímulo, repetitivo, machacón, monótono y que atrae totalmente nuestra atención. Y nuestro cerebro se va a entrenar en recibir ese tipo de estímulo. De tal manera que, cuando queramos cambiar ese estímulo por otro distinto, necesitamos el mismo nivel de activación, y eso hace que sea más difícil sostener la atención en actividades como puede ser la lectura o mantener una conversación. Procesos cognitivos más complejos para los que nuestro cerebro no está entrenado.
¿Cree que dentro de unos años miraremos el uso actual de pantallas en menores con la misma preocupación con la que hoy miramos, por ejemplo, el consumo de tabaco de los años 60?
Yo creo que sí. Incluso soy también optimista con las cifras. Ya, por ejemplo, se está viendo que, a mayor nivel de educación, menor nivel también de uso de pantallas, como que ya hay una concienciación de que la sociedad sabe que eso no es una cosa que sea favorable, a pesar de que cada vez haya más uso. Entonces, lo que tenemos es que concienciar del riesgo, porque tampoco sirve de nada demonizarlo y prohibirlo. Sabemos que con eso se produce el efecto contrario y vamos a tener un uso más perjudicial todavía. Lo que tenemos es que apostar por una salud digital, un uso responsable y supervisado de la tecnología y que este problema se pueda revertir a tiempo.
“Nuestro cerebro necesita parar. Necesita aburrirse para que aparezca la creatividad”
¿Considera que las familias, o que la sociedad en general, está empezando a ser consciente de la gravedad del problema?
Yo creo que, sobre todo, tenemos ahora mismo que alertar tanto a familias, padres, educadores y profesionales de la salud de que esto se puede convertir en un problema y también de en el ejemplo que estamos dando nosotros. No podemos pedirle al niño o adolescente que no mire la pantalla y nosotros estar en casa pendiente de la pantalla y no prestando atención a la persona que tenemos al lado. Debemos tener también espacios libres de pantallas. Por ejemplo, en una comida en familia, no se coge el teléfono móvil. Que respetemos ese tiempo sin pantallas y que, al final, por medio del ejemplo y por un uso adecuado de estas tecnologías, pues no nos lleve a los problemas que estamos viendo.
¿Son las pantallas una nueva forma de “droga audiovisual”?
Lo son así ya, tal cual. Se consideran una adicción sin sustancia. Los usos abusivos e intensivos tienen el mismo mecanismo que tienen las drogas. Tienen un sistema por el cual uno consigue cada vez ser más tolerante, es decir, cada vez necesito más dosis de lo mismo. Si me retiran este estímulo, de repente me da una necesidad de consumo. De tal manera que, en los casos de uso problemático de Internet, podemos hablar incluso de una adicción con el mecanismo exactamente igual que una adicción a una droga, pero, en este caso, sin una sustancia por detrás. La adicción sería un comportamiento, que sería el uso repetitivo de Internet.
“Los usos abusivos e intensivos tienen el mismo mecanismo que tienen las drogas”
Teniendo en cuenta las grandes consecuencias que tienen, ¿por qué cree que seguimos viendo estos dispositivos como algo tan banal o inofensivo?
Por eso queremos alertar de las consecuencias que tiene. No se trata tampoco de demonizarlo, pero sí decir que un uso abusivo no supervisado de estas nuevas tecnologías puede llevarnos a peligros para nuestra salud física, mental y nuestra socialización. Se trata de alertar, porque también se ha visto que no sirve de nada prohibir directamente, sino que tenemos que darle alternativas a ese uso problemático de Internet. Es decir, te quito la pantalla, pero vamos a jugar al fútbol o nos vamos de senderismo al bosque. Casi que es mucho más importante la actividad alternativa que vamos a proponer, que no decir directamente: ‘no cojas el móvil porque es muy malo’.
Muchos padres que quieren retrasar el primer móvil se encuentran con el clásico “todos mis amigos lo tienen” o el miedo a dejar a su hijo aislado. ¿Pueden realmente las familias enfrentarse solas a este conflicto?
Eso es lo que hemos visto, que muchas veces aparece como un miedo a ser el último, a lo que incluso los padres y madres se ven con una indefensión aprendida. ‘El móvil es malo para mi niño y mi niña, pero no va a ser la última que lo tenga en clase’. Con esto, ¿qué es lo que conseguimos si hacemos labores de concienciación? Que si tú lo haces, lo hace otra persona y a ti te es eficaz y a la otra persona también, al final, ojalá, sean mayoría los que retrasamos la incorporación de estas tecnologías. Evidentemente, van a tener que tener unos derechos digitales y van a tener que incorporar su vida a esta tecnología, pero sabemos que conforme más tarde o más nivel de supervisión pues mejor todavía.
“No podemos pedirle al niño o adolescente que no mire la pantalla y nosotros estar en casa pendiente de la pantalla”
¿Y cuáles son las señales de alarma que deberían alertar a los padres de un posible trastorno o adicción a las pantallas?
Primero, que controlemos el uso. El tiempo que está conectado y los cambios en el comportamiento, pues en muchos niños pueden aparecer cambios tanto en el uso como en el dejar de usarlo de forma brusca, porque podemos detectar algún tipo de problema que puede estar sucediendo con el móvil. Vemos de repente que ya la vida todo gira en torno a cómo puedo estar más tiempo con el móvil o con la pantalla. Y luego los problemas que aparecen derivados, que pueden ser problemas con los amigos, de rendimiento académico, de relaciones con la familia... Eso es lo que tiene que hacernos alertar de que por detrás puede haber un problema.
Se acerca la Navidad y muchos niños piden una tablet, un móvil o una consola. ¿Recomendaría evitarlos como regalo?
Desde el Colegio de Médicos estamos trabajando en una campaña muy interesante, que es una continuación de la del año pasado y con la que contamos con el apoyo de la Fundación Unicaja, con la que queremos concienciar de que ‘no regales pantallas, regala salud’. Al final intentamos por medio de la tecnología hacer un regalo que realmente no es un juguete. Si esto lo cambiamos por otra alternativa, otro tipo de experiencia, de deportes colectivos o de juego entre iguales, van a ser siempre mucho más saludables y vamos a ayudar mucho al desarrollo del niño y niña que con el último teléfono móvil que haya salido en el mercado.
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