Mirando atrás
José Gil Florido: pasión por la ‘Gneisenau’, el naufragio más famoso de Málaga
Desde hace casi 30 años, este profesor malagueño reúne documentación del buque escuela ‘Gneisenau’, hundido hace 125 años en aguas de Málaga. Hace unos días presentó en el Museo de Málaga una maqueta del buque que quiere donar a la ciudad, y compartió algunos de sus secretos en una conferencia.

José Gil Florido, con la maqueta de la ‘Gneisenau’, el pasado día 2 en el Museo de Málaga. / A.V.
El 15 de diciembre de 2000, la víspera del centenario del hundimiento del buque escuela alemán S.M.S. ‘Gneisenau’, La Opinión publicaba un reportaje sobre el profesor malagueño de Educación Especial José Gil Florido, que vivía y trabajaba en Fuengirola.
El motivo: por entonces llevaba dos años y medio investigando sobre el famoso barco con el apellido del general prusiano August Neidhardt von Gneisenau, un buque escuela hundido junto al Muelle de Levante el 16 de diciembre 1900. En este tiempo, había estado carteándose -por correo postal- con instituciones militares alemanas así como con coleccionistas alemanes de la Armada Imperial.

José Gil Florido, con planos y el inicio de un prototipo de la 'Gneisenau' en su casa de Fuengirola, en diciembre de 2000. / ARCINIEGA
La maqueta fidedigna
25 años más tarde, La Opinión se reencontraba con José Gil, con motivo de la presentación el pasado día 2, en el Museo de Málaga, de una esplendorosa maqueta de la ‘Gneisenau’, a pocos días de cumplirse el 125 aniversario de la tragedia.
Como explica, en la II Guerra Mundial se perdió el archivo de los astilleros de la antigua Danzig, hoy Polonia, donde fue construida la ‘Gneisenau’ en 1874. Sin embargo, como pertenecía a la llamada Clase Bismarck, que tenía seis buques gemelos - «muy parecidos, no idénticos», precisa- ha podido recrear «con bastante fidelidad» el buque escuela partiendo de los planos reales de dos estas embarcaciones gemelas: ‘Stein’ y ‘Moltke’, además de con ayuda de fotografías.

Otra vista de la maqueta de la 'Gneisenau', en el Museo de Málaga, realizada por José Gil Florido, con asesoramiento del Museo Naval. / A.V.
Realizada a escala 1:50, «de popa a bauprés mide 2,10 metros y de altura 90 centímetros», explica. El profesor cuenta que también contó con el asesoramiento del Museo Naval de Madrid y ha tardado unos 5 años en construirla.
Su deseo, por cierto, es donarla para que alguna institución de Málaga pueda contar con ella y la puedan compartir los malagueños.
Una 'visita' al buque escuela
Los planos y toda la documentación conseguida desde 1997 le permitieron, de paso, compartir algunos de sus hallazgos en una conferencia en la Aduana, aprovechando la presentación de la maqueta.
Como recuerda a este periódico, la primera vez que le enviaron algo de un archivo alemán fue «un formulario de 14 ó 15 páginas para solicitar los planos; como no sabía alemán le envié los papeles a mi amigo Otto de Colonia, que me avisó que estaba pidiendo los planos de otro barco ‘Gneisenau’, el que se hundió en 1914, en la I Guerra Mundial».

Visita del káiser Guillermo a la ‘Gneisenau’ en julio de 1899. / Archivo José Gil Florido
Con respecto al tipo de barco, destaca que, si bien fue construido inicialmente como «una corbeta», se adapta y arma como «fragata de crucero, por la necesidad de Alemania de disponer de buques que hicieran travesías transoceánicas», en pleno auge del colonialismo europeo, del que Alemania saca tajada en el Pacífico y en África.
En su última etapa, cuando deja de ser una embarcación ‘puntera’, volvería a adaptarse, esta vez como buque escuela; esto explica la pérdida de algunos cañones, así como el aumento de la tripulación que pasa de 404 a 460 hombres; «de ellos, 17 oficiales, 20 cadetes o guardiamarinas y 230 ‘cabin boys’ o aprendices de grumete».
A este respecto, el profesor llama la atención sobre una foto de la visita del káiser Guillermo II a la ‘Gneisenau’ en 1899, y cómo muchos de los que forman ante el emperador tienen una estatura muy baja; «pero es que son niños, aprendices de grumete, de camareros... de auxiliares».
De hecho, uno de los datos más terribles del naufragio es que, de los 41 marinos ahogados, 19 fueron grumetes.

Fotografía de la ‘Gneisenau’, enviada por correo postal en 1999 por la Escuela de Marina de Mürwik. / Archivo José Gil Florido
La casa flotante
José Gil recuerda que el barco medía de eslora «casi el doble del Puente de los Alemanes». Y, al ir describiendo todos sus detalles, recuerda que la ‘Gneisenau’, era también la casa flotante de todos estos hombres y niños que trabajaban y vivían en el mismo espacio.
Por eso, como detalle, en una zona «había amarrados unos tablones del techo, y cuando era la hora de comer, se bajaban para el rancho; cada uno de ellos estaba numerado». Además, dormían en hamacas. Los oficiales tenían «un poco de más intimidad» y dormían en camarotes.

La ‘Gneisenau’, inmortalizada por el pintor Hans Petersen. La obra obtuvo un primer premio en la Exposición Universal de París de 1900. / Archivo José Gil Florido
El profesor malagueño aprovecha para desterrar la imagen del capitán, el comandante Karl Kretschmann, como un marino soberbio que despreció los riesgos del Mar de Alborán y se fija en una de las características de este barco: «Nuestro comandante estaba en la cubierta superior, en el puente de mando, y se comunicaba con la sala de máquinas por medio de un tubo, así que arriba, prácticamente un huracán y abajo, cuando las máquinas empiezan a funcionar también habría ruido. Era muy difícil el poder comunicarse bien». Esta mala comunicación cree que pudo ser la causa de la tragedia.
En un plano del antiguo Puerto de Málaga, José Gil tiene señalado el sitio exacto del naufragio. Desde 2009, los restos del pecio están inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

El cuadrado rojo señala el lugar del hundimiento de la ‘Gneisenau’. / Archivo José Gil Florido
«Es posible que, si no hubiera naufragado, acabara sus días como el resto de los buques gemelos: uno como carbonera en Vigo, como pontón o en el desguace. La ‘Gneisenau’, si no llega a ser por lo que le sucedió en Málaga habría pasado al olvido; la fatalidad sirvió para inmortalizarla, sobre todo, en Málaga», apunta.
Este martes 16 se cumplirán 125 años de su trágica singladura a la inmortalidad.
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