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Población

Málaga capital impulsa el crecimiento provincial, mientras el interior malagueño pierde población

Según las últimos datos del INE, Málaga capital tira del censo y la despoblación afecta a los pueblos de la Serranía. Los flujos se mueven también hacia el área metropolitana y los municipios mejor conectados

El área metropolitana continúa siendo foco de atracción poblacional.

El área metropolitana continúa siendo foco de atracción poblacional. / Álex Zea

Chaima Laghrissi

Chaima Laghrissi

Málaga

La provincia de Málaga crece, pero no lo hace por igual. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado los datos oficiales de habitantes de todos los municipios españoles, y esa actualización permite medir con precisión cómo ha evolucionado la población en la provincia entre 2021 y 2025. El balance general es positivo: la mayoría de los municipios malagueños ganan habitantes, pero una parte del interior sigue despoblándose poco a poco, con pérdidas pequeñas en cifras absolutas pero constantes en el tiempo.

El gran motor demográfico vuelve a ser la capital. Málaga suma en cuatro años más de 19.000 habitantes nuevos y consolida su papel como principal polo de atracción provincial. A su alrededor, el crecimiento se concentra en la franja litoral y en los municipios mejor conectados con el área metropolitana, donde influyen la disponibilidad de vivienda, los servicios y la cercanía a los principales ejes de empleo.

Municipios de Málaga que más suben

Marbella se mantiene como segundo gran foco, con un aumento superior a los 11.000 residentes, y en esa misma dinámica se mueven Benalmádena, Estepona, Mijas, Torremolinos o Vélez-Málaga. También aparecen en la parte alta del crecimiento localidades del «cinturón» de la capital, como Alhaurín de la Torre y Coín, señal de que el empuje no es solo turístico, sino también residencial: más vecinos se instalan donde hay vivienda, servicios y conexiones para vivir cerca y trabajar en el eje Málaga–Costa. En conjunto, el mapa del crecimiento se dibuja con claridad: costa, área metropolitana y municipios con mejores accesos concentran el aumento.

Donde la tendencia cambia de signo es en el interior. En el ranking de municipios que más bajan (2025 frente a 2021) no aparecen desplomes enormes en cifras absolutas: la mayor pérdida es de 75 habitantes en cuatro años. Aun así, el patrón es claro en la lectura de los datos: la caída se concentra en municipios del interior, con varios casos vinculados a la Serranía y la comarca de Antequera, y responde a un goteo sostenido que se mantiene pese a que no siempre salte a la vista en números grandes.

Municipios que más población pierden

Los que más pierden en número de vecinos son Almargen (−75), Arriate (−70), Villanueva de Algaidas (−65), Cañete la Real (−55) y El Burgo (−50). Son descensos moderados si se miran solo en volumen, pero suficientes para confirmar una hemorragia demográfica sostenida. Además, se trata de pérdidas que suelen tener efectos en cadena: menos población implica menos demanda, menos actividad y más dificultades para sostener servicios, lo que a su vez alimenta la salida de residentes.

En los pueblos muy pequeños, perder 20 o 30 vecinos equivale a perder una parte importante de la población en muy poco tiempo. Ahí destacan Júzcar, que cae un 12,5% (de 240 a 210), Cartajima, con un −7,5% (de 254 a 235), y Genalguacil, con un −5,2% (de 383 a 363). En estos casos, el retroceso no solo se mide en porcentajes: se traduce en menos niños, menos jóvenes y menos relevo generacional, un factor clave para entender por qué la recuperación resulta tan complicada cuando la tendencia se consolida.

En ese contexto, Júzcar se convierte en el caso más delicado bajo un criterio especialmente restrictivo de «riesgo alto» a 20 años. Con 210 habitantes en 2025, y si mantuviera el ritmo de pérdida observado entre 2021 y 2025, una proyección lineal lo situaría en torno a los 60 habitantes en 2045. Esto supondría un riesgo serio de vaciamiento si no cambia la tendencia, especialmente en términos de envejecimientode la población, vida comunitaria y mantenimiento de servicios básicos. La foto final es la de una provincia que gana población empujada por la capital, la costa y el entorno metropolitano, mientras el interior mantiene una sangría lenta

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