La Opinión de Málaga

El hundimiento de la Gneisenau

125 años de la tragedia que marcó Málaga

Ignacio A. Castillo / Miguel Ferrary

Era el 16 de diciembre del año 1900 a las 10.15 horas. Un cambio de viento hizo que el temporal que sufrían la bahía de Málaga desde la tarde anterior empeorara de forma crítica, La fragata Gneisenau, que estaba fondeada a apenas 700 metros del Puerto de Málaga, intentaba mantener la estabilidad en medio de un temporal.

Las cosas no iban a mejorar. Este es el relato de su hundimiento y de cómo los malagueños se lanzaron a ayudar a los marinos alemanes, ganando para la ciudad el título de 'Muy Hospitalaria'.

Con el tiempo, este suceso dejó una profunda huella en la ciudad, con varios elementos que permanecen como recuerdo del hundimiento, de la respuesta de la ciudad y del agradecimiento del Gobierno alemán a la ciudad.

Llegada a Málaga

La fragata SMS Gneisenau pertenecía a la Kaiserliche Marine, la Marina Imperial alemana. Era una antigua corbeta construida en 1880 que había sido modificada para adaptarla como fragata y hacer viajes más largos. Desplazaba 2.843 toneladas y contaba con 470 tripulantes y 14 cañones, al mando del comandante Kretschmann. Le seguían en la cadena de mando el segundo comandante Berninghaus, el teniente de navío Werner como tercer comandante y el jefe de máquinas Richard Prufer.

Equipada con tres mástiles y complementada con motores de vapor, era usada como buque escuela, por lo que contaba con una tripulación de 210 grumetes de corta edad en fase de instrucción.

Fragata Gneisenau en el año 1900.

Fragata Gneisenau en el año 1900.

El 13 de noviembre de 1900 arribó al Puerto de Málaga, formando parte de una misión diplomática dirigida a Marruecos. Allí había desembarcado el embajador alemán y fondeó en Málaga a la espera de la orden para recogerlo.

Durante el mes que estuvo frente a la costa de Málaga, se situó a 700 metros del sureste del espigón de Levante, en un fondeadero que la Marina alemana consideraba idóneo por la buena calidad del lecho marino.

Diariamente realizaba prácticas de tiro en el Mar de Alborán y el 25 de noviembre había llegado a atracar en el Puerto de Málaga para realizar algunas reparaciones.

Mapa del Puerto de Málaga en 1883

Mapa del Puerto de Málaga en 1883

La tragedia comienza a gestarse

El 15 de diciembre de 1900, la situación meteorológica dio un giro. Tras varios días de buen tiempo, hacia las cuatro de la tarde una fuerte lluvia comenzó a azotar la ciudad. Durante la mañana del 16 de diciembre el temporal fue empeorando de forma progresiva.

Maqueta de la SMS Gneisenau

Maqueta de la SMS Gneisenau

A las nueve y media de la mañana, la tripulación envió a tierra un bote de servicio para recoger a varios miembros de la colonia alemana en Málaga, que deseaban asistir al oficio religioso dominical a bordo de la fragata. Solo media hora más tarde, la brisa del norte que soplaba hasta entonces amainó por completo. A las diez y cuarto el viento comenzó a soplar con fuerza desde el sureste, alcanzando en pocos minutos una velocidad de 56 nudos (unos 100 km/h).

Para intentar enderezar la nave y evitar que fuera sin control, el comandante Krestchmann ordenó a la sala de máquinas aumentar la presión de la caldera de servicio y encender la otra. Sin embargo, la tecnología no le acompañaba. El jefe de máquinas, Richard Prufer, advirtió de que serían necesarios al menos 45 minutos para alcanzar la presión suficiente para maniobrar con seguridad el barco, pero el temporal seguía arreciando. No había tiempo. Iban a estar a merced del fuerte viento demasiado tiempo.

El hundimiento

La Gneisenau se quedaba sin tiempo. Apenas 30 minutos después del cambio de viento y la entrada de rachas a 100 kilómetros pro hora, la embarcación se veía empujada hacia el espigón de Levante, junto al que estaba fondeada. A las 10.45 horas, Prufer informó al comandante de que las calderas habían alcanzado la presión precisa para arrancar la maquinaria “avante muy despacio”. Mientras tanto, el bote de servicio que había sido enviado a tierra, decidió regresar al buque, pero el movimiento del mar hacía imposible que fuera izado a bordo y volvió a tierra.

Krestchmann, animado por la noticia del jefe de máquinas, ordenó izar el ancla y dar máquinas avante. Al principio, el buque respondió, pero la presión de las calderas cayó y la caldera se detuvo, incapaz de aguantar la presión. Sin el ancla, la fragata quedó a la deriva. En un intento desesperado, se fondeó el ancla de estribor, pero el fondo pedregoso impidió que se fijara con firmeza.

A las 11.05 horas, la Gneisenau golpeó por primera vez contra el espigón, abriéndose una importante vía de agua en la sala de máquinas.

Una tragedia a la vista de la ciudad

Tras chocar contra el espigón y ante la gravedad de la vía de agua, el segundo comandante, Berninghaus, dio la orden de abandonar la fragata y una treintena de tripulantes saltaron al espigón directamente desde el barco, que estaba encajado en la escollera.

El personal de máquinas consiguió subir a cubierta, salvando así sus vidas, ya que minutos más tarde una de las calderas estallaría de la presión. Algunos botes fueron arriados, pero el fuerte oleaje los lanzó contra la escollera y naufragaron.

Para entonces, la Comandancia de Marina, el Gobierno Civil y el Consulado Alemán estaban ya informados del suceso. Sin embargo, los medios de salvamento disponibles eran muy escasos.

A las 11.25 horas, solo una hora y diez minutos después del brusco cambio del viento que provocó el fuerte oleaje y a los 20 minutos de haber golpeado por primera vez el buque contra el dique, la Gneisenau se hundió.

Málaga se lanza al rescate

Pese a la falta de medios, los malagueños no dudaron en dirigirse al dique de Levante para ayudar a la tripulación de la fragata. Entre los primeros en acudir al lugar de la tragedia estuvo Ángel Tou, patrón de un pesquero que acababa de arribar al puerto de Málaga para refugiarse de la tormenta. Desde la Gneisenau le arrojaron un cabo que él mismo sujetó con sus manos al no encontrar dónde amarrarlo. De esta forma, quince tripulantes pudieron alcanzar tierra y salvarse.

Al poco llegó un grupo de marinos malagueños, entre los que estaba Bernabé Guerrero, práctico del Puerto; José Sellés, capitán del vapor Marqués de Luque; Ramón Burgos, patrón de un pesquero; y el pescador Vicente Mínguez.

Entre todos lograron tender un cabo entre el buque y el espigón que permitió a muchos marineros poner los pies en tierra.

El destino de los oficiales de la Gneisenau

El comandante Krestchmann fue arrastrado por una ola junto a su segundo al mando -Berninghaus- y el jefe de máquinas. Inicialmente, Krestchmann fue sujetado por el alférez de navío Bolland, que se aferraba con fuerza a la jarcia. Sin embargo, una ola se lo arrebató y cayó al mar, muriendo en el mar. Su cuerpo sería el primero que las olas devolvieron a la costa de Málaga.

Berninghaus cayó al mar, pero se pudo agarrar a un madero, al que permaneció sujeto durante dos horas sin perder la conciencia y aguantando el oleaje. Hubo un intento de rescate a cargo de un bote de pesca, pero acabó zozobrando.

El teniente de navío Werner, que resultó ser el superviviente de mayor graduación de la Gneisenau, dirigía las operaciones de rescate desde la escollera, a donde llegó de los primeros. Llegó incluso a ofrecer una recompensa de 20.000 pesetas a quien lograra rescatar con vida al segundo comandante, que después de dos horas y ya agotado, terminó ahogándose.

El jefe de máquinas Prufer se ahogó tras ser arrastrado por la ola.

A las 14.50, el alférez Bolland, que llevaba horas aferrado a uno de los palos de la Gneisenau y que estuvo a punto de salvar a su capitán, abandonó su posición y alcanzó tierra deslizándose por un cabo. Fue el último en abandonar la nave.

Y el último rescate fue a las 16.00 horas, cuando el temporal empezó a amainar después de casi seis horas. Era el suboficial fogonero Krause, que desde el momento del naufragio había permanecido a flote sobre una balsa improvisada.

Balance de fallecidos

El hundimiento de la Gneisenau supuso el fallecimiento de 41 tripulantes, entre ellos se encontraban los tres oficiales de mayor graduación, así como 19 grumetes muy jóvenes y dos civiles que estaban en el barco: el barbero y el camarero. Además, unos 100 tripulantes resultaron heridos de diversa consideración.

También se habló de que una docena de malagueños habrían muerto al acudir en auxilio de la tripulación, aunque este dato no ha podido confirmarse con absoluta certeza.

La historiadora Mari Pepa Lara llega a descartar la muerte de malagueños, puesto que no existe ningún dato en los archivos de Málaga que avale esta historia. La clave parece estar en las ‘órdenes de sepelio’ de los cementerios malagueños de 1900 y 1901, conservadas en el Archivo Municipal, de la que Lara fue muchos años su directora. Estas 'órdenes' registran las 'entradas' en los cementerios de Málaga, un requisito obligatorio para ser enterrado, pero no hay ninguna registrada en esas fechas como ahogado.

[Imagen: Daniel Capilla (Wikimedia Commons)]

El título de “Muy Hospitalaria” para la ciudad de Málaga

La prensa mundial se hizo eco del naufragio de la Gneisenau en Málaga y destacó especialmente la actitud valiente y desinteresada del pueblo malagueño, que se lanzó al mar con medios muy precarios para salvar a los náufragos.

Como reconocimiento, el 3 de enero de 1901, la Reina Regente, María Cristina, en nombre de Alfonso XIII, concedió a la ciudad el título de “Muy Hospitalaria” mediante Real Decreto:

«Vengo en conceder a la ciudad de Málaga el título de Muy Hospitalaria a que tan honrosamente se ha hecho acreedora rivalizando todas sus clases, Corporaciones y Ayuntamientos en el salvamento de los náufragos de la Fragata de Guerra Alemana Gneisenau, acreditando una vez más las altas dotes de abnegación y valor y caridad que distinguen a tan noble pueblo»

Recuerdos del naufragio

El naufragio de la Gneisenau dejó una huella en Málaga, tanto en el imaginario popular, como en la ciudad. El Puente de los Alemanes fue un regalo del Gobierno alemán a la ciudad tras una riada. En el Cementerio Inglés están las tumbas de varios oficiales y el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Málaga se recuerda el suceso con una pintura de Muñoz Degrain.

Más información del legado de la Gneisenau AQUÍ

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