Mirando atrás
Seis décadas del fugaz Canódromo de Ciudad Jardín
Las carreras de galgos se estrenaron en Málaga hace 60 años, el 30 de octubre de 1965, en el flamante Canódromo ‘Avenida’ de Ciudad Jardín, de la mano de empresarios catalanes. La oferta deportiva y de ocio para la capital de la Costa del Sol se apagó esa misma década.

El arranque de una carreras de galgos en el Canódromo ‘Avenida’ de Ciudad Jardín. / Archivo Municipal
Su paso fue tan fugaz como el de sus galgos, pero todavía hay malagueños que a las instalaciones deportivas de Ciudad Jardín le siguen llamando ‘el canódromo’; y así se llamó el grupo de viviendas que estaba próximo a él, aunque fuesen unos años anteriores.
El pasado 30 de octubre se cumplieron 60 años de la inauguración del Canódromo ‘Avenida’, en Ciudad Jardín, en el espacio que ocupaba el Campo de Hípica, aunque seguirían disputándose concursos hípicos.
Vino de la mano de empresarios catalanes que ya contaban con dos canódromos en Barcelona, uno de ellos también llamado ‘Avenida’, inaugurado en 1962, al igual que el que abrieron en Valencia un año antes, en 1961.

Jóvenes malagueñas posan con sus galgos, con motivo de la inauguración del canódromo de Ciudad Jardín. / La Opinión
Como explica el historiador Víctor Heredia en el diario Sur, la propuesta oficial del canódromo se planteó al alcalde de Málaga, Rafael Betés, a comienzos de ese año 1965, por una representación de empresarios catalanes.
Obras de instalación
De hecho, las obras de las instalaciones, con el diseño del arquitecto José Ortega Marín, se ejecutaron en solo cinco meses, como contaba con orgullo al semanario gráfico ‘Cúspide’ el constructor malagueño José García Sánchez, que tuvo al frente a un equipo de 140 trabajadores.
Como dato curioso, la empresa malagueña ‘Icometal’ de Miguel Martínez Giménez, en el Camino del Tarajal, fue la encargada de realizar la estructura, en la que se emplearon 160 toneladas de hierro.

Los galgos salen de la caja, una vez activada la liebre mecánica, en el Canódromo de Ciudad Jardín. / Archivo Municipal
Además de la pista deportiva para las carreras y las gradas para el público, contaba con un edificio de tres plantas con salones y restaurante, y un mirador en la última planta con una gran cristalera sobre la pista.
Inauguración del canódromo
La inauguración fue de lo más sonado de ese otoño en Málaga, ya que se anunció en la calle Larios con una gran colgadura y participó una representación de la Policía Montada de Barcelona, que recorrió con un desfile varias calles del Centro, incluida calle Larios, además de hacer parada en la entonces sede del Gobierno Civil, en la Aduana.
La apertura contó además con la asistencia de todas las autoridades de Málaga y bendijo las instalaciones el vicario general de la diócesis Francisco Carrillo Rubio.
Esa misma jornada inaugural se disputaron por la mañana y por la noche carreras de exhibición en la que los propietarios de los galgos disputaron una docena de copas, entre ellas las de los ayuntamientos de Barcelona y Valencia, así como de la Agrupación Hípico-Galguera de Málaga, presidida por Juan Salvá Bartrolí, uno de los promotores del Canódromo de Ciudad Jardín.

Vista del Canódromo de Ciudad Jardín, el día de la inauguración, con la Policía Montada de Barcelona. / La Opinión
La punta del hocico
Además, para iniciar a los malagueños en un deporte, para muchos, desconocido, el programa inaugural incluyó un resumen del reglamentos de las carreras. Así, los galgos debían colocarse en la ‘caja de salida’, mientras que un juez supervisaba la salida correcta de los animales, una vez se ponía en acción la liebre mecánica.
Por otra parte, había un juez de llegada, y «si tuviera alguna duda sobre el resultado de la carrera», podía pedir que se «revelara» la fotografía, la famosa ‘foto-finish’.
Se consideraba galgo ganador «el que con la punta del hocico llega en primer lugar a la raya de la meta de llegada», mientras que el llamado «galgo colocado» era el que quedaba segundo.

La foto de llegada determinaba el ganador de la carrera de galgos, en caso de duda, en el Canódromo de Ciudad Jardín. / La Opinión
Primeros ganadores
En esas primeras tandas del 30 de octubre, se estrenaron en Ciudad Jardín galgos como ‘Aleazar’, ‘Lirio Blanco’, ‘Melipona’ o ‘Poseída’; muchos de los perros, propiedad de jóvenes mujeres de la sociedad malagueña.
Al día siguiente las puertas se abrieron a todos los malagueños, que llenaron las instalaciones. Según escribían los promotores, el de Málaga era «el mejor canódromo español -y uno de los mejores y más suntuosos del mundo-». La apuesta era la pujante Costa del Sol, por eso en esos inicios hubo una gran actividad de promoción a muchos niveles.
Por ejemplo, con una carroza propia de la Agrupación Hípico Galguera de Málaga, con liebres gigantes y galgos, en la Cabalgata de Reyes del 66, y hasta la llegada del Rey Melchor al canódromo el Día de Reyes, para entregar juguetes a los niños que previamente habían competido con sus galgos; un acto que contó con la colaboración de Radio Juventud.

La Cabalgata de Reyes de 1966 contó con una carroza de la Agrupación Hípico Galguera de Málaga, con liebres gigantes y galgos. / La Opinión
Sorteo de la Lotería Nacional
Además, en junio de ese año el Canódromo de Ciudad Jardín fue el lugar escogido para el sorteo de la Lotería Nacional y en mayo de 1969 la prensa deportiva recogía cómo los galgos de Málaga competían en Barcelona en el XXXI Campeonato de España (IX Copa del Generalísimo).
En Málaga el ‘Avenida’ ofrecía carreras todas las tardes y los domingos y festivos por la mañana.
El historiador Víctor Heredia recuerda cómo, ya en 1969, las competiciones fueron decayendo hasta dejar de celebrarse, y en 1970, ya se hablaba del ‘antiguo canódromo’.
Demolido en esa década, el testigo lo cogería el Pabellón de Baloncesto de Ciudad Jardín, que abrió sus puertas en 1978.
Los galgos duraron ‘un suspiro’ pero lo exótico de la oferta hizo que en la memoria de los más veteranos aún hoy se siga hablando del canódromo.
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