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Solidaridad

Casa Hogar de La Esperanza: una esperanza real para los indigentes de Málaga

En un espacio de la parroquia de las Angustias, en El Palo, un grupo de voluntarios ha puesto en marcha, con la colaboración de la Fundación Unicaja, este centro de día para personas que viven en la calle. En él, además de compañía y cariño reciben atención psicológica y de gestión, ducha, lavandería y la posibilidad de cambiar sus vidas.

Voluntarios de la Casa Hogar de La Esperanza, con el párroco Gerardo Martínez y el presidente de la asociación que gestiona el centro, Fernando Ortega, el pasado diciembre.

Voluntarios de la Casa Hogar de La Esperanza, con el párroco Gerardo Martínez y el presidente de la asociación que gestiona el centro, Fernando Ortega, el pasado diciembre. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

La vida le ha cambiado a mejor a Jaffar, no sólo porque el día de la visita de La Opinión, varios carteles y una tarta aguardan a este inmigrante marroquí porque cumple 50 años; también porque, en mitad de su peor momento de estancia en España, encontró el afecto que tanto necesitaba; y luego, la oportunidad de recibir clases de español y tratar de regularizar su situación en España.

«En La Malagueta le metieron una paliza, le rompieron la mandíbula y las costillas porque le intentaron robar. En el hospital se sintió acompañado por los voluntarios», cuenta el malagueño Fernando Ortega, presidente de la asociación civil Casa Hogar de La Esperanza, el nuevo centro de día para personas sin techo de la parroquia de Las Angustias, en El Palo, que abrió sus puertas a finales de julio del año pasado.

Se trata de unos 180 metros cuadrados adyacentes a la parroquia, un espacio «que se utilizaba poco», recuerda el párroco Gerardo Martínez y que ahora, de lunes a viernes, de 10 de la mañana a 1.30 y de 4 a 6 de la tarde, atiende a diario a entre 10 y 15 personas que duermen en la calle.

En total, a una treintena de indigentes que duerme a la intemperie, especialmente de la zona entre los Baños del Carmen y El Palo.

Las personas sin hogar reciben compañía y asesoramiento de todo tipo en la Casa Hogar de La Esperanza.

Las personas sin hogar reciben compañía y asesoramiento de todo tipo en la Casa Hogar de La Esperanza. / A.V.

En este centro lleno de esperanza pueden encontrar desde un café o un bocadillo, a la oportunidad de descansar y ver la televisión, pegarse una ducha o encontrar compañía y asesoramiento de todo tipo, e incluso una podóloga, sin olvidar a trabajadores sociales y abogados; un proyecto que ha contado con la colaboración de la Fundación Unicaja.

Como explica Fernando Ortega, la idea comenzó a fraguar en 2023, cuando a varias personas que habían hecho el llamado Retiro de Emaús, en la parroquia del Limonar, «nos pidieron voluntarios para Cáritas para atender a personas sin hogar».

A partir de ahí, conocieron la realidad de Málaga Este, la labor de asesoramiento de la Asociación de Vecinos del Palo y la de ayuda, alimentación y acogimiento de la ONG Amfremar, que está «saturada», y, tras ver las necesidades, a final de julio del año pasado abrió esta Casa Hogar de La Esperanza.

«Tenía esa inquietud desde hacía muchos años. Finalmente, hicimos una asociación privada y nos juntamos entre Amfremar, la asociación de vecinos, más gente del barrio y Rafa Vivancos -párroco de San Juan de la Cruz-. Es un trampolín para que ellos busquen una manera de salir; y en eso estamos», resume el padre Gerardo Martínez.

Mamen Pizarro, una de las voluntarias, subraya que «intentar hablar con ellos, conocerles, darles un nombre es muy importante; que se sientan acogidos y en su casa. Que les puedas dar un abrazo, un beso o estar un rato con ellos es tan importante como la lavadora de ropa que le ponemos».

«Invisibles» en la calle

De la misma opinión es Julia, psicóloga y voluntaria, que recuerda que el principal problema de las personas sin techo «es la soledad, que la acusan mucho, porque en la calle son invisibles, y aquí se sorprenden mucho de que la gente aprenda su nombre, que te acuerdes de lo que les pasa. Parece que cobran ‘un poco de identidad’ y se sienten acogidos. A algunos, al principio, les cuesta un poquito, pero acaban abriendo el corazón y confiando en ti», recalca.

Otra vista del patio de la Casa Hogar de La Esperanza, el pasado diciembre.

Otra vista del patio de la Casa Hogar de La Esperanza, el pasado diciembre. / A.V.

Como destaca, los usuarios de este centro de día son conscientes de que «no sólo le damos el desayuno o la ropa limpia que traían sucia; se encuentran con esa sonrisa... está siendo una experiencia preciosa», concluye.

Fernando Ortega recuerda que, en el 95 por ciento de los casos, las personas sin hogar a las que atienden presentan problemas de adicciones. «Muchos de ellos usan como analgésico grandes cantidades de alcohol u otro tipo de consumo. No sabes si fue primero la adicción lo que les echó a la calle o al revés».

La gran mayoría, por cierto, son hombres mayores de 40 años. «Como mucho atendemos a cinco mujeres», calcula Mamen Pizarro.

Los primeros éxitos

Pese a las dificultades, en el medio año que llevan en funcionamiento ya hay casos de personas que han logrado dar un vuelco esperanzador a su vida.

Fernando Ortega pone el ejemplo de un joven que «consumía coca», y que, con la ayuda de los voluntarios del Retiro de Emaús, «ha hecho todo el proceso de rehabilitación, ha salido y hoy está trabajando de monitor».

También menciona el caso de otro joven «con un problema de adicción», que cambió al hacer este retiro. A este respecto subraya que «hacer el retiro en sí no es el objetivo, sino que tengan un encuentro con la fe, con gente comprometida, y eso a ellos les mueve».

Por último, también menciona el ejemplo de un joven argentino «al que le robaron el pasaporte y hoy está trabajando; se le ha ayudado a encontrar una habitación en El Palo», cuenta.

En la Casa Hogar de La Esperanza hay un servicio de lavandería y ropero.

En la Casa Hogar de La Esperanza hay un servicio de lavandería y ropero. / A.V.

Por cierto que una parte muy activa del centro de día es la lavandería y ropero, donde los voluntarios lavan y organizan la ropa, incluidos abrigos, zapatos, sacos de dormir o mochilas que les van llegando gracias a donaciones.

«Salida para la ropa siempre hay. Si la ropa no es útil, porque a lo mejor nos donan vestidos de fiesta, se lo damos a Cudeca. Nunca decimos que estamos sobrados», cuenta Guadalupe, otra voluntaria.

El caso de Antonio

Uno de los usuarios de esta Casa Hogar es Antonio, vecino del Palo de 59 años que, como explica, lleva un año y miedo viviendo en la calle, «desde que mi hermana me echó de casa».

Antonio, que suele dormir en la playa debajo de una barca, cuenta que era albañil hasta que, por una caída, tuvo cuatro operaciones de espalda que le apartaron para siempre de la obra. «Y ahora, me partieron la cadera a la puerta del Carrefour y he tenido dos operaciones».

Este paleño, que cobra 420 euros al mes, cuenta que trata de arreglar los papeles para obtener la invalidez.

Antonio, que duerme debajo de una barca en la playa, es uno de los usuarios de la Casa Hogar de La Esperanza.

Antonio, que duerme debajo de una barca en la playa, es uno de los usuarios de la Casa Hogar de La Esperanza. / A.V.

Cuando La Opinión le pregunta por su experiencia en este rincón de La Esperanza, se le iluminan las facciones: «Los voluntarios son los mejores del mundo. Para mí, el venir aquí me quita malos pensamientos», confiesa.

La Casa Hogar de La Esperanza necesita voluntarios y también socios, para aportar la cuota que decidan, a través de la web http://casalaesperanza.es.

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