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Iglesia de Málaga

El padre Barreiro, el sacerdote de Málaga de misión en el Orinoco: "En Venezuela queremos paz, libertad, bienestar y democracia"

Barreiro atiende dos parroquias alejadas de las grandes ciudades: La Urbana y Morichalito - "La oración de los malagueños me ayuda mucho"

El sacerdote malagueño Juan Manuel Barreiro, en la misión diocesana de Caicara del Orinoco, en Venezuela.

El sacerdote malagueño Juan Manuel Barreiro, en la misión diocesana de Caicara del Orinoco, en Venezuela. / Facebook Parroquia Nuestra Señora Virgen del Valle-Morichalito

José Vicente Rodríguez

José Vicente Rodríguez

Málaga y Venezuela comparten desde hace varias décadas un particular vínculo a través de la misión diocesana de Caicara del Orinoco, una iniciativa puesta en marcha en los años 80 por el obispo de entonces, Ramón Buxarrais (aunque la presencia continuada de curas malagueños en este país comenzó a mitad del siglo XX). Durante todo este tiempo han sido varios los sacerdotes de Málaga que han servido en este vasto territorio de 45.000 kilómetros cuadrados de extensión bajo la responsabilidad del Arzobispo de Ciudad Bolívar. Sin embargo, en lo últimos años el equipo, que inicialmente estaba compuesto por tres presbíteros que se iban renovando, ha quedado reducido a solo uno. Juan Manuel Barreiro llegó por primera vez al país sudamericano hace 35 años y atiende actualmente a dos parroquias en las localidades de La Urbana y Morichalito, situadas en zona rural y a más de 500 kilómetros de Caracas.

«Entre ambos pueblos hay unos 120 kilómetros y yo voy vengo entre ellos cada ciertos días. La Urbana es un pequeño pueblecito de pescadores, a orillas del Orinoco, y Morichalito es una ciudad nueva que está creciendo mucho porque está al lado de una mina de bauxita, y aquí viven muchos trabajadores de pico y pala», explica telefónicamente a este periódico el padre Barreiro, que este próximo mes de marzo cumplirá 68 años.

Este sacerdote nacido en las islas Chafarinas, junto a Melilla, y formado en el Seminario de Málaga, comenta que el área de misión en la que trabaja dentro de esa archidiócesis venezolana tiene unos 10.000 kilómetros cuadrados y está muy alejada del bullicio de las ciudades («somos la extraperiferia de todo»), por lo que la vida cotidiana se ha resentido poco desde que el pasado sábado 3 de enero se produjera la captura de Nicolás Maduro por parte de tropas de Estados Unidos.

«Estamos en un lugar tan retirado que no somos significativos para nadie, a nadie le importamos nada. En este sentido, disfrutamos de algo más de tranquilidad. El sábado 3, cuando fue el detonante y me enteré de la situación, yo salía de La Urbana y todo estaba normal, había tranquilidad total. No me crucé con nadie en la vía, y cuando pasé junto a un puesto militar me dieron los ‘buenos días’ con normalidad. Cuando llegué a Morichalito y salí a comprar algo porque tenía un bautizo sí vi que había solamente tres o cuatro comercios abiertos y que te atendían a través de las rejas. No había transporte público y las gasolineras estaban cerradas. Con el paso de los días, los comercios sí han ido reabriendo», relata.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote malagueño, en la misión diocesana de Caicara del Orinoco, en Venezuela.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote malagueño, en la misión diocesana de Caicara del Orinoco, en Venezuela. / Facebook Parroquia Nuestra Señora Virgen del Valle-Morichalito

El misionero malagueño cuenta también que en esos primeros momentos, la gente del lugar, en las pocas tiendas abiertas que había, se aprovisionaron de algo de comida extra.

«Compraron un poquito de arroz, azúcar, harina-pan para hacer la arepa, unas laticas de sardinas. Lo más baratico, y listo, porque aquí la inflación es tremenda y los precios están desorbitados. El salario mínimo base está en 130 bolívares y el dólar está hoy aquí a por encima de los 300 bolívares. Uno no tiene con qué pagar. Tú comparas los precios con los de España y es una barbaridad. Aquí dices dame dos tomates, una cebollita, y dos dientes de ajo, no se compra por kilos. El precio de la carne está muy alto. Es una cosa que se sale de lo común, hay que estar aquí dentro para asimilarlo. Y los precios se han disparado más en estos últimos días», explica.

Una vida humilde

Barreiro apunta que la vida en este inmenso territorio de la misión diocesana es muy humilde, por que las preocupaciones de la población están centradas en salir adelante día a día. De hecho, afirma que aquí en España se puede estar informado con más detalle de lo que está pasando con todo lo que rodea a Venezuela que en el propio país, ya que la información está muy mediatizada por los medios de comunicación oficiales.

«En esta zona desde hace mucho tiempo vivimos aquí una experiencia de subsistencia, porque no hay nada. Aguantamos con una cosita mínima: no tenemos apenas gasolina, la luz falla mucho y las conexiones de teléfono, que las lleva una empresa de la administración pública, también tienen con muchas deficiencias. Nos dedicamos a lo fundamental, a lo básico, aquí la gente se contenta con un plato de arroz por la mañana y una arepita (pan) que ha comido en el desayuno, generalmente con un poquito de queso blanco (llanero se le llama, muy propio de aquí). Si se puede, alguna vez se le pone algo de presita (pollo) o de pescado; ya está, no hay más», relata.

Más de ocho millones de venezolanos están fuera

Respecto a las circunstancias de Venezuela en su historia reciente, Barreiro afirma: «La situación que venimos arrastrando desde hace 20 años es insostenible. Tú le preguntas aquí su deseo a cualquier carrizo (muchacho) y te dice ‘irse del país’. Y eso nunca había pasado. Venezuela es un país que siempre había recibido a mucha gente de fuera, tanto de América del Sur como europeos. Ahora hay más de ocho millones de venezolanos fuera del país. Es algo increíble. Hay gente que pasa mucha necesidad, y no es una situación de ahorita mismo, sino que ya viene de meses y años atrás», comenta Barreiro con un acento malagueño perfectamente combinado con el habla local.

El presbítero malagueño afirma que el país (que también es ya el suyo), pese a todo, sigue «esperanzado» en alcanzar una etapa de «libertad, paz, bienestar, democracia y progreso», en la que los propios venezolanos sean los que decidan su futuro.

«Eso es lo fundamental, que el pueblo esté seguro, que salgamos de esta situación de precariedad e inseguridad en la que vivimos constantemente. Es de locos, todo esto tiene que cambiar radicalmente», afirma. El sacerdote celebra, en este sentido, que en estos últimos días se haya producido ya la excarcelación de algunos presos políticos, algo que espera que tenga continuidad.

Una misión en Venezula de corazón y fe malagueña

Durante todos estos años, Juan Manuel Barreiro ha realizado un intensa labor pastoral y social, en una tierra donde las necesidades son muchas, atendiendo fundamentalmente a poblaciones criollas y también algunas comunidades (jivis y mapoyos).

El sacerdote malagueño Juan Manuel Barreiro llegó por primera vez al país sudamericano hace 35 años y atiende actualmente a dos parroquias en las localidades de La Urbana y Morichalito.

El sacerdote malagueño Juan Manuel Barreiro llegó por primera vez al país sudamericano hace 35 años y atiende actualmente a dos parroquias en las localidades de La Urbana y Morichalito. / Facebook Parroquia Nuestra Señora Virgen del Valle-Morichalito

«Es lo propio de la Iglesia. Mi perfil es ser misionero y la inmensa mayoría de este territorio está todavía esperando el anuncio del Evangelio. Soy el único sacerdote malagueño que queda en la misión de Caicara después de que otros compañeros ya fallecieran o regresaran. Desde Cáritas hacemos lo que podemos. Dios da el ciento por uno; realmente es una experiencia que tenemos más que aquilatada. La gente está agradecida pero no es suficiente, porque nosotros no llegamos a cubrir todas las necesidades que hay», asume.

"La oración desde Málaga me ayuda"

El sacerdote aprovecha para pedir a los cristianos malagueños una oración por Venezuela, sus gentes y su futuro. «Siempre pido a la gente de Málaga que rece, sí, porque esta es una misión de corazón malagueño y de fe malagueña. Los sacerdotes que vinimos hemos traído lo que hemos vivido, y ha sido un proceso espiritual de maridaje de lo hispano y lo autóctono», comenta.

Barreiro, que desde 1990 también ha regresado durante algunas épocas a Málaga para ejercer como párroco, ha pasado por San Isidro Labrador en la Estación de Cártama, por Cuevas de San Marcos, por Los Boliches (Fuengirola) y por la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Melilla. En todos estos sitios ha dejado feligreses y amigos con los que sigue en contacto a pesar de los miles de kilómetros de distancia.

«Hay personas que constantemente me llaman y estoy recibiendo estos días muchos mensajes que agradezco ¡Juan Manuel, cuídate, que seguimos rezando por ti! Es una manera bonita, efectiva y eficaz de ver que la Iglesia, a pesar de las distancias y de las circunstancias, es una y que participamos todos de un mismo espíritu. Eso ayuda me mucho. La oración de tanta gente querida que están en Málaga me ha resguardado de muchos peligros, igual que la oración de los que están aquí. De verdad que eso yo lo aprecio al máximo», asegura agradecido Barreiro, que espera venir a Málaga a lo largo de 2026 para ver a sus familiares y amigos.

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