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Crónicas de la ciudad

Donald Trump y los tres prototipos malaguitas

Por primera vez en la historia norteamericana, un presidente reúne en su persona a las tres figuras señeras de nuestra ciudad: la del majarón perdío, el merdellón de gustos estrafalarios y el chusmón, por sus exquisitos modales.

Donald Trump, en el despacho oval, redecorado en estridente estilo versallesco.

Donald Trump, en el despacho oval, redecorado en estridente estilo versallesco. / EFE

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

El año pasado, esta sección se hizo eco de cómo la figura del majarón malagueño cobraba un auge internacional sin precedentes, por primera vez en toda su ‘milenaria’ historia -la palabra entronca con nuestro pasado musulmán: proviene de ‘mahrum’, ‘desgraciado’ en árabe-.

El motivo de la proyección internacional había sido el regreso al poder en Estados Unidos de uno de los ejemplos más contudentes de ‘majarón perdío’- el grado superlativo de majara-. Hablamos, por supuesto, de Donald J. Trump.

Ciertamente, basta una de sus últimas declaraciones, el deseo hecho realidad de que la opositora venezolana María Corina Machado le ‘cediera’ su Premio Nobel de la Paz, para que constatemos la acrisolada majaronez, así como los sólidos ‘desconocimientos’ de este antiguo tiburón inmobiliario de Manhattan.

Lo llamativo de su anaranjada figura no es sólo que ejemplifique como pocos a todas esas personas aparentemente sanas, pero a las que la sabiduría popular malaguita les atribuye la pérdida de uno o varios tornillos -en su caso, toda una ferretería-.

El presidente estadounidense con María Corina Machado y su premio Nobel de la Paz, en la Casa Blanca.

El presidente estadounidense con María Corina Machado y su premio Nobel de la Paz, en la Casa Blanca. / EFE

De Versalles y el 'pitbull'

Lo increíble es que Trump tambien reúne en su persona los otros dos prototipos que Málaga pasea por el mundo: el merdellón y el chusmón. Y así, el presidente que está volviendo tarumba a todo el planeta con sus ocurrencias y caprichos es, además de un ‘majarón perdío’, un merdellón en un estado de ‘pureza’ sólo visto antes en Jesús Gil y Gil, el exalcalde de Marbella.

Lo de ‘pureza’ viene determinado porque atiende al prototipo original de merdellón de Málaga, que era el hortera con dinero y no, como en nuestros días, cualquier persona de gusto estrafalario, aunque de parné esté tieso como la mojama.

La faceta merdellona de Trump queda científicamente avalada por la redecoración que ha ordenado en la Casa Blanca, una espantosa y cargante imitación de Versalles. A fin de cuentas, el mismo estilo estridente con el que adorna sus rascacielos o su mansión-tarta de Florida.

En este sentido, si la ciudad de Málaga quisiera congraciarse con el ínclito, bastaría con que le regalase un Neptuno de bronce con su rostro, a ‘tamaño Puerto de Málaga’, para el jardín delantero de la ‘White House’.

Ni que decir tiene que su transmutación en ‘pitbull’ en el tablero internacional, con ese apetito descortés por la propiedad ajena, como la Groenlandia de los civilizados daneses o el petroleo de Venezuela -cuya dictadura no le pone, de momento, derrocar- hacen a este nieto de europeos merecedor del título de chusmón mundial. Esto último, con permiso de los dictadores de China y Rusia.

Así pues, loor a un majarón, merdellón y chusmón sin parangón en la historia norteamericana. Conociendo su extremo grado de majaronez, lo mismo hasta le gusta.

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