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Sanidad

Más de 20 años como voluntaria en el Hospital Materno de Málaga: “Lo más gratificante es ver a los niños sonreír”

Belén acude cada semana a la unidad de Oncología con la misma ilusión que el primer día, con el único propósito de entretener y acompañar a los niños para que se olviden, al menos durante unas horas, de su enfermedad

Belén en el Hospital Materno Infantil de Málaga

Belén en el Hospital Materno Infantil de Málaga / L.O.

Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

Uno de los momentos favoritos de la semana para María Belén de los Dolores García (46 años) es acudir como voluntaria al Hospital Materno Infantil de Málaga. “Nos esperan con los brazos abiertos”, cuenta la malagueña, que lleva más de dos décadas formando parte de la Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil (AVOI). 

Su vínculo con el voluntariado, sin embargo, comenzó mucho antes. Con apenas 15 años, una charla en su instituto despertó una vocación que ya no la abandonaría. Su primera experiencia fue en un centro de acogida. “Aquello me enganchó”, recuerda. Más adelante, empezó a colaborar también en una residencia de ancianos y, desde entonces, no ha dejado de dedicar su tiempo a los demás. Pasó por varias ONGs, entre ellas la Asociación Juvenil TRANS, a la que guarda especial cariño, hasta que en 2003 llegó a AVOI, donde encontró su lugar definitivo.

“Salgo con un montón de energía”, asegura la malagueña, que intenta acudir al hospital al menos un día a la semana. “Al final, más que la energía que yo les aporto, ellos me la aportan a mí. Entonces salgo llena”, recalca. En este sentido, destaca también que experiencias como esta te ayudan a poner en orden tus prioridades. “Te das cuenta de que la vida está para vivirla”, señala.

Su labor en el hospital

Habitualmente, está en la cuarta planta del hospital, en la unidad de Oncología, aunque en ocasiones también acude a la quinta o a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). “Donde haga falta”, sostiene. Además, colabora con el equipo de fútbol que la asociación creó el pasado noviembre para niños y niñas que se encuentran en tratamiento o seguimiento oncohematológico. “Siempre que tengo disponibilidad, intento echar una mano”.

Cuando llega al hospital, lo primero que hace es recorrer las habitaciones para comprobar qué niños pueden salir a jugar y organizar con ellos distintas actividades, como manualidades o juegos. En el caso de aquellos cuya enfermedad no les permite abandonar la habitación, alguno de los voluntarios se queda con ellos y adapta las actividades al propio cuarto, para que ningún niño se quede sin su momento de diversión.

El momento más esperado

La llegada de los voluntarios es esperada con entusiasmo. Para los menores es el momento de salir a jugar, desconectar y encontrarse con otros compañeros. “En cuanto llegamos, ya están saliendo los niños corriendo de las habitaciones para jugar”, detalla. 

Para los padres, la visita de los voluntarios supone también un respiro. Muchos aprovechan para salir a dar una vuelta, tomarse un café con otros padres o, simplemente, tener un momento para respirar. “Creo que también somos un gran apoyo para ellos”, opina la malagueña, que tiene claro que “lo más gratificante es ver a los niños sonreír”.

Belén en el Hospital Materno Infantil de Málaga

Belén en el Hospital Materno Infantil de Málaga / L.O.

Momentos duros

No obstante, reconoce que el voluntariado también está marcado por momentos difíciles y muy tristes. “El ver irse a un crío, eso es lo más duro”, confiesa emocionada. “Pero al final hay que coger las riendas y mirar hacia adelante. Y, aunque haya en una habitación un niño que está mal y que ya sabes que le queda poco tiempo, tú tienes que estar bien y jugando”, comparte. 

A pesar de todo, nunca se ha planteado dejar el voluntariado ni el hospital, aunque admite que sí ha habido algunos momentos, tras vivir algunas situaciones especialmente difíciles, en los que ha necesitado hacer una pausa para recuperar fuerzas.

“Me ha formado como persona”, asegura. “Me ha abierto mucho los ojos y me ha hecho ser más empática”, relata la voluntaria, que admite que le cuesta poner palabras a todo lo que le ha aportado esta experiencia, que, desde muy joven, sabía que quería seguir manteniendo en su vida.

“Me ha abierto mucho los ojos y me ha hecho ser más empática”

Por ese motivo, ya durante su etapa de estudiante supo que quería un trabajo de ocho a dos que le permitiera tener las tardes libres para dedicarse al voluntariado. Y finalmente lo logró. Actualmente, trabaja como administrativa en turno de mañana, lo que le permite “disponer de mucho tiempo para hacer lo que me gusta”. 

Primer día

A pesar de llevar más de dos décadas colaborando como voluntaria, recuerda con claridad cómo fue su primer día en el Materno. “Cuando salí dije: ‘Ya no vengo más’. Pero al final volví”. Explica que, aunque fue más impactante de lo que se esperaba y todo un reto, fue también “una experiencia espectacular”. “Esa niña estaba contenta y era gracias a mí”, rememora, consciente del importante papel que desempeñan los voluntarios dentro del hospital, sin los que muchos proyectos no podrían salir adelante.

“Creo que somos una pieza más dentro del puzzle del hospital. Y una pieza importante”, defiende. “Nosotros damos esa informalidad, esa parte lúdica, para que los niños puedan disfrutar”, agrega la malagueña, que subraya que “está más que demostrado que cuando los niños se lo están pasando bien y están sonriendo, al final de la enfermedad no se acuerdan y dan ese impulso para salir adelante”. 

Intentar mejorar el mundo

Por ello, anima a quienes lo estén dudando a probar la experiencia y aportar su granito de arena. “¿Qué mejor que dar tu tiempo a los demás?”, se pregunta. “Se está perdiendo mucho tiempo delante de la consola, del móvil o de la tele. Si pudiéramos dedicar todo ese tiempo para ayudar a los demás, imagínate el mundo que tendríamos”, reflexiona. Y es que para Belén, la misión del voluntariado no es otra que: “Intentar mejorar este mundo”.

Además, aclara que la asociación proporciona siempre un curso de formación previo, en el que se explica el funcionamiento del centro, las normas hospitalarias y en qué consiste el voluntariado de AVOI, tanto dentro como fuera del hospital.

Así, entre juegos improvisados, sonrisas y despedidas que dejan huella, Belén sigue regresando cada semana al Hospital Materno con la misma ilusión que el primer día: “Como dice un niño, amigo también: la vida está para vivirla y hay que disfrutarla”.

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