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Memorias de Málaga

Dicen que los precios subieron por Navidad

Desde hace años llevo la contraria a las costumbres y tradiciones y no pago ni medio duro de más por las pulardas, las gambas de Huelva o cualquier otro producto que sube por Navidad, incluidas las zambombas

Compras navideñas de última hora, el mes pasado.

Compras navideñas de última hora, el mes pasado. / EUROPA PRESS

Guillermo Jiménez Smerdou

Guillermo Jiménez Smerdou

Málaga

Se acabaron las Navidades, con los estómagos atiborrados de roscones y de regalitos prometidos. Pasaron las fiestas, las comilonas, los accidentes de tráfico, las multas… pero dentro de pocas semanas, San Valentín; después Semana Santa, con sus tronos, novedades, nuevas túnicas, ¿lloverá?, el verano, la playa, las cremas… la portada de la Feria y el consabido secreto: ¿Se volverá a presentar en las próximas elecciones Paco de la Torre? Todo dependerá de la Travesía a nado del Puerto de Málaga. Y mientras tanto la oposición a la espera: ¿Dani Pérez?

Todas las Navidades pasa lo mismo: los precios de los productos navideños suben un 12, un 13, un 20 por ciento… e incluso los percebes llegan a un cuatrocientos y pico por ciento de su precio habitual.

Las subidas más sobresalientes son los turrones, los mantecados, la merluza, las gambas, langostas y todo lo que las personas entrevistadas en las calles de Madrid, preferentemente, sacan a colación para quejarse de lo caro que está todo, que no van a llegar a fin de mes… Pero al final caen en comprar lo más caro gracias a las tarjetas de crédito, que parece sirven para estar varios meses pagando los excesos navideños y los regalos de ¡Los Reyes Magos! Con obsequios a los niños y mayores, ya se sabe, juguetes repetidos para los menores, que hay que cambiar a la bulla, no a los niños, sino a los objetos elegidos, que después de poco tiempo no se sabe qué hacer con ellos.

Según los entendidos estas subidas, injustificadas en muchos casos, se deben a la demanda. Para muchos usuarios, en las casas u hogares de gente adinerada o no, por obligación o tradición, hay que abarrotar los frigoríficos de esos artículos pagando precios inadecuados porque la costumbre manda.

MLG 23-12-2025.-Miles de personas, realizan las compras de cara a la Navidad en el Mercado Atarazanas

Marisco y Navidad en Málaga. / Álex Zea

'Conchas finas'

Pero todo sube de precio porque los proveedores deciden que la pularda suba de precio, las almejas del Cantábrico cuesten de un día para otro no sé cuántos euros más, etc. Pero, las almejas santanderinas no son indispensables. Uno de los platos malagueños más celebrados son las llamadas ‘conchas finas’, que como malagueñas no suben de precio, ni tampoco suben de precio las chirlas, que en Málaga identificamos como almejas. Unas chirlas al ajillo sin más aditamentos es un producto riquísimo, pero que no es ‘navideño’, y que puede adquirirse en el Mercado de Atarazanas u otro cualquiera sin pagar el doble o el triple que la semana anterior.

Si me preguntaran en plena calle llena de gente que está pagando el doble o el triple de lo normal por turrón blando o duro o por los chocolates de Bruselas, mi respuesta en estos casos sería tan simple como inteligente… No; y no me considero más listo del que paga la merluza del norte de España al doble porque ¡estamos en Navidad!.

Un reciente artículo del 6 de enero de 2026 en la revista ‘Novaciencia’ llevaba por título ‘La Navidad pasa factura: uno de cada cuatro hogares acaba endeudado’. En la primera frase dice: «En España, se estima que el gasto medio por persona en esta temporada oscila entre los 500 y 565 euros».

Una comida de empresa en Málaga, en 2022.  | ÁLEX ZEA

Una comida de empresa en Málaga, en 2022. | ÁLEX ZEA

Ni medio duro

Desde hace años llevo la contraria a las costumbres y tradiciones que para muchos ciudadanos de la España poblada y de la olvidada son sagradas: no pago ni medio duro de más por las pulardas, las gambas de Huelva, ni de ningún otro producto, incluidas las zambombas y las chucherías navideñas.

¿Soy un roñoso por mi actitud? En absoluto. Gasto en lo que hay que gastar, y no lo que los abastecedores imponen en qué hay que gastar…, aunque en otro tiempo. Soy enemigo de los derroches. Si la langosta cuesta en Navidades ocho veces más que en el mes de agosto, pues la tomo en verano (aunque hace años que no me la puedo permitir por problemas de salud); que el besugo se pone por las nubes, me da igual porque esperaré a que baje de precio y lo compraré cuando cueste lo mismo que en septiembre.

Puesto a declarar la guerra a los subideros de los precios en Navidades, decidí en su día ir por libre. En Navidades no he pagado ni pagaré nada que suba de precio porque lo digan los percebeiros.

Si me copiaran mis conciudadanos, a mediados de enero los encontrarían a precio de saldo o al ajustado a la realidad. Los acumuladores y engañabobos se encontrarían con miles de turrones sin vender, langostas en espera de clientes que las compraran… y sumo todos los productos que por ser navideños hay pagar más por ellos.

Y a partir del día siguiente de la Festividad de los Reyes comprarlos a su precio. Si dejo la tradición de las pulardas para el 7 de enero, seguramente los puestos de los mercados tendrían que venderlos a la bulla porque empezarían a oler mal. El marisco, el pescado y todo lo perecible que subió por la tradición se amontonaría en espera de clientes, y tendrían que darles salida de una manera u otra. Los españolitos, como el que suscribe, empezaríamos a mediados de enero a comprar los excedentes no consumidos en sus fechas tradicionales.

Otro tema son las llamadas ‘comidas de empresa’. Las empresas se han visto ‘obligadas’ a adelantar el acontecimiento a noviembre e incluso octubre porque no hay fechas disponibles. Pero todo tiene arreglo y más barato. La elección está en los precios; el día elegido para la cita anual podría ser, por ejemplo, el 16 de mayo, que no hay nada que celebrar. El precio del cubierto bajaría a la mitad, y mucho más si la elección se fija el 12 o 13 de enero con mantecados, turrones e incluso pulardas a precio de saldo. Es que no es Navidad, ¿y qué?

MLG 23-12-2025.-Miles de personas, realizan las compras de cara a la Navidad en el Mercado Atarazanas

"En Navidades no he pagado ni pagaré nada que suba de precio porque lo digan los percebeiros" / Álex Zea

Lo que no consumiríamos

Así que en las fiestas de Navidad de 2026 no consumiríamos los siguientes productos de precios abusivos. Es posible que se me escape alguno, pero en principio están vetados: mantecados, roscos, polvorones, chocolates, turrones desde los duros a los blandos pasando por toda la parentela, gambas de Huelva, almejas de Santander y alrededores, langostas, percebes, navajas, pulardas…

Hasta la última de las obligadas, excepto el jamón de pata negra que es lo más español que se consume todas las fechas del año, y que sí compro porque el precio no sube en Navidad. Cuesta lo mismo en marzo que en octubre… y siempre es un gustazo no pagar ni un euro más por kilo.

Las empresas dejarán de celebrar sus comilonas en el mes de noviembre y diciembre porque los restaurantes están repletos y no pueden atender la demanda, y por tanto eligen el día de santa Eudoxia (1 de marzo) para el evento anual. La gente no sabe quién fue esa santa, y si no gusta por su rareza tienen más de mil nombres de santos o santas para organizar la comida de empresa un día en que todos los productos navideños se venden a su precio sin falsos abusos.

Celebración ayer en el restaurante Los Mellizos de la capital malagueña. COMIDAS DE EMPRESA. NAVIDAD

Comidas de empresa: otro clásico para la Navidad en Málaga / Álex Zea

Ni la Guardia Civil, ni la Nacional ni la Local tendrían que montar servicios especiales para vigilar el tráfico y poner multas a porrillo por culpa de todas las barbaridades que se cometen, como circular a 200 por hora, ir en dirección contraria, saltarse los semáforos… Miles de euros no ingresarían en las arcas del Estado porque los ciudadanos dejarán sus malas costumbres cuando les venga en gana, con santa Eudo o san Jocundo (9 de enero). Jocundo suena a comilona.

Y las tradiciones, ¿qué? A hacer puñetas. Un año de pruebas puede acabar con tanto abuso y tantos compradores quejándose de los precios. Seamos conscientes un año de prueba... y disfrutemos de comer lo que nos dé la Real Gana, somos una monarquía.

Si viéramos a SS.MM. comer pinchitos morunos, croquetas caseras, ensaladilla rusa, albóndigas, pescaditos de Rincón de la Victoria, caracoles en su salsa picante, tortillitas de camarones… y otras delicias de la gastronomía española, ganarían en popularidad porque seguramente disfrutarían más que de un lenguado a la menier, plato reservado para banquetes y ágapes de altos vuelos.

¿Es posible el cambio? Claro que sí. Mi experiencia lo puede demostrar. Ni malas digestiones, ni borracheras, ni disgustos familiares, ni multas…

Hagan la prueba en las próximas Navidades. Nos volveremos a ver dentro de doce meses… si Dios quiere.

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