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Sanidad

Guillermo, pasajero del vagón 6 del tren de Iryo descarrilado: “No dejas de recordarlo”

Tras pasar el fin de semana en Málaga, viajaba junto a su mujer de regreso a Madrid cuando notaron un fuerte “rugido” y que el tren comenzaba a zarandearse. “Nos quedamos muy asustados”, afirma

Guillermo y Eva viajaban en el vagón 6 de Iryo

Guillermo y Eva viajaban en el vagón 6 de Iryo / L.O.

Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

Dos días después del trágico accidente ferroviario de Adamuz, siguen aflorando los testimonios de los pasajeros que sobrevivieron y pueden compartir hoy su historia. Guillermo Gross (50 años) es uno de ellos. Viajaba en el tren de Iryo junto a su mujer, Eva, de regreso a Madrid tras pasar el fin de semana en Málaga. Ambos se encontraban en el vagón número seis, uno de los tres que descarrilaron, aunque fue el que sufrió menos daños, por lo que pudieron evacuar por la parte delantera del tren.

El matrimonio, que tiene tres hijos, llegó el lunes temprano a su casa en la capital y, desde entonces, tratan de “hacer vida lo más normal posible”. Aun así, reconoce que atraviesa “altibajos” a lo largo del día y que a la sensación de alivio y gratitud por haber salido con vida se suma un profundo pesar por quienes no lo lograron. “No dejas de recordarlo”, admite.

“Es una mezcla de sentimientos. Vas navegando entre la alegría de que no te ha afectado, pero la enorme tristeza de que ha sido muy gordo y que hay mucha gente que ha fallecido y familiares que lo estarán pasando fatal”, describe. Cuando lo recuerda, asegura que, aunque se siente “súper afortunado”, lo que predomina es el pesar. “Hemos estado en el vagón seis, pero podía haber sido el siete”, reflexiona el madrileño, hijo de padres malagueños. 

El momento del descarrilamiento

“Primero se sintió como un rugido. Luego empezó a dar botes el vagón de arriba a abajo, de lado a lado. Y lo que se notó es que fue derrapando y frenando a medida que iba rozando con el suelo. No notamos ninguna colisión como tal”, relata. “Ni siquiera teníamos conciencia del otro tren”, puntualiza.

Aunque su vagón no llegó a volcar, sí que notaron un fuerte zarandeo que provocó que las maletas cayeran al pasillo y sobre las cabezas de algunas personas. “Cuando ya frenó se fue la luz”. En su caso, iba leyendo y escuchando música, al igual que su mujer, a la que se agarró con fuerza cuando el vagón descarriló. “Ahí se te pasan por la cabeza mil cosas y, además, en esos momentos recuerdo pensar que volcábamos”, subraya.

“Ni siquiera teníamos conciencia del otro tren”

“Nos quedamos muy asustados. En principio tampoco sabemos exactamente qué es lo que ha pasado, solo entendemos que hemos descarrilado”, comparte. Tras los gritos iniciales, lo único que veían en la oscuridad era polvo, las luces de los móviles y “el pánico de todo el mundo”. Aun así, explica que pronto se dieron cuenta de que en su vagón, aparentemente, no había heridos graves, más allá de algunas crisis de ansiedad y golpes, por lo que se dedicaron a despejar los pasillos de maletas e intentar calmar a los niños que estaban más asustados.

Temblor en las piernas

Un trabajador de Iryo les indicó que debían permanecer en el tren hasta que se aseguraran de que no había tráfico en la vía y que buscaran asientos en los vagones delanteros, por donde finalmente fueron evacuados. “Realmente no éramos conscientes de lo que estaba pasando en el resto de vagones, en el siete y en el ocho”, apunta Guillermo, que pudo avisar pronto a sus hermanos de que se encontraba bien.

Durante el cuarto de hora, aproximadamente, que permanecieron esperando a que les sacaran del tren, comenzaron a circular los primeros rumores sobre algún posible fallecido “Había mucha más calma de la cabría esperar en un momento así”, recuerda, aunque resalta “el temblor de piernas que teníamos todos”. 

Al bajar del tren

No fue hasta que abandonaron el tren cuando comenzaron a comprender la magnitud de lo ocurrido, aunque todavía sin saber que había otro tren afectado. “Cuando salimos, ya vimos que el vagón siete estaba muy inclinado y que el ocho estaba totalmente tumbado”. Por suerte, como señala, ellos pudieron evacuar por la parte delantera del tren, mientras que los pasajeros del séptimo vagón tuvieron que romper las ventanas para salir. “En el vagón ocho todavía estaban rescatando gente”, detalla.

El accidente de tren en Adamuz deja al menos dos muertos.

El accidente de tren en Adamuz deja hasta el momento 43 fallecidos / L.O.

“Ahí ves que van saliendo los heridos y empiezas a ver gente con contusiones en la cabeza sangrando. Y entonces la imagen es impactante”, cuenta. “En un primer momento, no valoras que aquello es una gran catástrofe, como luego se fue revelando”. El propio Guillermo ayudó a bajar en camilla a una persona que se había roto la pierna y se encontraba en la cima del último vagón que había volcado. 

El recuerdo persistente

El madrileño destaca la gran solidaridad entre los pasajeros, que se ayudaban mutuamente, compartían agua o daban abrigo a quien lo necesitaba. A los que no estaban heridos les indicaron que esperaran en la carretera, donde varios autobuses los trasladaron hasta el pueblo. Allí, los vecinos los recibieron con bocadillos, mantas, chocolate y café. Horas más tarde, subieron a uno de los autobuses fletados por Iryo que los llevó hasta Madrid, adonde llegaron alrededor de las 6.30 horas de la mañana.

Guillermo y Eva estas Navidades en Málaga

Guillermo y Eva estas Navidades en Málaga / L.O.

Durante el trayecto de regreso, cada bache del autobús provocaba un sobresalto colectivo. “Dabas un respingo pensando: ‘¿Otra vez?’”, rememora. Aquel lunes no acudió a trabajar. El martes, sin embargo, quiso reincorporarse. “Me parecía lo más sano mentalmente”, aclara Guillermo, exalcalde de Valdemoro y actualmente consultor tecnológico en Google. Aun así, reconoce que el recuerdo del accidente es persistente y que intenta no dejarse arrastrar por los pensamientos sobre lo que podría haber sucedido. Por eso, se mantiene informado, pero evita exponerse en exceso a las noticias. 

“Al final te das cuenta del valor que tiene la vida y que nunca se es consciente de lo que puede pasar en el minuto siguiente”, reflexiona. “Así que hay que vivir a tope y empatizar con la gente que tenemos alrededor”, añade Guillermo, que señala la casualidad de que justo este jueves es el cumpleaños de su mujer y que, por poco, podrían no haber llegado a celebrarlo. Pero, finalmente, no solo podrán hacerlo, sino que mantienen el viaje previsto para este viernes, en el que se reunirán con sus tres hijos, que estudian en el extranjero, y a los que están deseando abrazar. “Lo disfrutaremos el doble”, concluye.

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