Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sanidad

Planificación, formación y simulacros: así entrenan los hospitales de Málaga ante accidentes como el de Adamuz

Además de contar con un protocolo de actuación, los profesionales reciben formación específica y realizan simulacros para garantizar una respuesta organizada y eficaz

Profesionales del Hospital Regional llevan a cabo un simulacro

Profesionales del Hospital Regional llevan a cabo un simulacro / L.O.

Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

La preparación y la coordinación son fundamentales en un hospital para actuar con rapidez y eficacia ante una emergencia en la que cada minuto cuenta. Todo debe funcionar como una maquinaria perfectamente engrasada. La comunicación interna debe ser fluida, la toma de decisiones rápida y cada profesional debe conocer con precisión cuál es su papel dentro de esta compleja coreografía logística necesaria para poder responder de la mejor manera ante un accidente como el de Adamuz, que ha dejado 45 muertos y más de 150 heridos. 

Y la única manera de lograrlo es a través de una planificación minuciosa y una preparación previa. Por ello, los hospitales de Málaga cuentan un ‘Plan de Emergencia Externas’, una formación interna específica y un entrenamiento mediante simulacros, con el objetivo de que, cuando deban enfrentarse a una catástrofe, la respuesta sea organizada y eficaz.

“Planificación, formación y entrenamiento son tres pilares fundamentales para resolver la emergencia”, resume Yolanda Villalón, médico de Urgencias y responsable del ‘Plan de Emergencias Externas’ del Hospital Regional Universitario de Málaga. “Hay que trabajar juntos y, sobre todo, hay que entrenar juntos para practicar estas situaciones para que después, cuando ocurra en realidad, sea muy fluido”, subraya la profesional, que asegura que: “Nosotros nos preparamos, y mucho”.

Plan de Emergencias Externas

Para empezar, el hospital tiene un detallado protocolo de actuación, recogido en el ‘Plan de Emergencias Externas’, que se estructura en tres fases: preemergencia, emergencia y fin de emergencia o vuelta a la normalidad.

“La primera es una fase preemergencia, que es una preactivación por si sucede algo, y lo que hacemos es recabar información de la situación en la que está el hospital en ese momento: saturación de Urgencias y posibilidad de altas, ocupación de UCI, previsión de quirófanos y del banco de sangre”, detalla Villalón. Además, se mantiene siempre abierto el enlace de comunicación con el Centro Coordinador de Urgencias y Emergencias del 061, a la espera de una posible activación definitiva. 

Profesionales del Hospital Regional llevan a cabo un simulacro

Profesionales del Hospital Regional llevan a cabo un simulacro / L.O.

El pasado domingo, tras conocerse el accidente ferroviario, tanto el Hospital Regional como el Hospital Universitario Virgen de la Victoria entraron en fase de preemergencia ante la posibilidad de que les derivasen heridos. Finalmente, la mayoría fueron asumidos por el Hospital Reina Sofía de Córdoba y otros hospitales de la zona, por lo que la activación no llegó, aunque sí puso de relieve la importancia de la formación y de estar preparados. 

Tres fases

Según explica Villalón, en caso de que se declare la fase de emergencia, se activan dos elementos clave. El primero es la estructura interior hospitalaria, es decir, la cadena de mando que hay en ese momento en el hospital y que se encargará de dirigir la emergencia, llevando a cabo medidas de actuación en función de la información recibida a través del Centro Coordinador de Emergencias.

“Esa persona que dirige la emergencia —el gerente o el jefe de guardia según el tramo horario en el que ocurra— declara la activación del plan, convoca a todas las personas que conformarán el mando del hospital y transmite la información a todos los grupos que intervienen en la actuación”, cuenta la responsable del Plan. Entre ellos se encuentran el grupo de Urgencias, UCI, quirófano, hospitalización, apoyo al diagnóstico y los equipos de información y vigilancia. “Cada uno, tiene como ‘una ficha de actuación’ de lo que tienen que hacer en función del número de pacientes del incidente que recibamos”, continúa. 

Junto a la estructura interior de mando, otro pilar fundamental es la zonificación de emergencias, poniendo en marcha unos circuitos internos y externos, en los que se decide por dónde entrarán y saldrán las ambulancias o cuál será la zona de descarga de pacientes. Por otro lado, dentro del hospital, se establece una zonificación específica de las Urgencias, fijando cuál será la zona de entrada y de triaje.

Profesionales del Hospital Regional llevan a cabo un simulacro

Profesionales del Hospital Regional llevan a cabo un simulacro / L.O.

Clasificación por colores

“Allí se determinaría un triaje por prioridad de color que va asociado a la gravedad. El rojo es el más grave, el amarillo sería intermedio, el verde sería el leve y el gris o negro serían las personas con poca posibilidad de resolución. Y cada una de esos colores tiene asignada una zona dentro del área de Urgencias”, resalta Villalón. 

“Por ejemplo, los pacientes rojos irían directamente al área de críticos. Ahí les haríamos una segunda valoración clínica y se decidiría qué persona tiene más prioridad quirúrgica y, si no necesita cirugía, lo que haríamos sería estabilizarla y derivarla a observación o planta de hospital”, precisa la profesional, que destaca que, tras años de trabajo para unificar criterios, finalmente todos los hospitales andaluces cuentan con un plan de emergencias externas “muy similar”.

“Todo eso es un engranaje que tiene que estar bien engrasado y practicado, porque una situación como esa precisa una resolución rápida. Entonces, tienen que estar muy bien delimitados los circuitos”, recalca Villalón, que señala que en estos casos se suelen cerrar los accesos habituales al hospital para focalizar la atención a la situación emergente, sin dejar de lado la actividad asistencial de los pacientes ya ingresados. 

“Todo eso es un engranaje que tiene que estar bien engrasado y practicado"

Formación y entrenamiento

Para que esta coordinación funcione, la formación y entrenamientos de los profesionales son esenciales. Aunque se traten de situaciones poco frecuentes, cuando ocurren exigen una respuesta inmediata. En el caso del Regional, la última vez que se activó la fase de emergencias fue en 2008, tras el vuelco de un autobús de turistas finlandeses en Benalmádena, y, más recientemente, en la pandemia de covid-19.

Por ese motivo, el hospital desarrolla una formación interna continua, en la que se trabajan todas las medidas previstas en cada fase del plan. Esta formación se articula en tres bloques. El primero es un taller online, basado en el roleplay, en el que se plantea a los profesionales una situación y deben de explicar cómo dirigirían la emergencia y distribuirían todos los recursos del hospital. 

El segundo bloque se centra en el triaje de emergencia. En esta ocasión, se les entregan unas fichas magnéticas que representan a las múltiples víctimas de un incidente y, en una gran pizarra —donde están representadas las zonas de Urgencias, quirófano, UCI y planta—, deben indicar cómo irían distribuyendo a los pacientes. El tercer nivel serían los simulacros reales dentro del propio hospital, donde el personal entrena la activación y puesta en marcha del Plan, para estar preparados para cuando lleven a cabo simulacros externos con Protección Civil o el 061. 

Mejora en los últimos años

Villalón apunta que lo recomendable es realizar al menos un simulacro anual en cada centro y, además, el hospital intenta sumarse a todos los que les proponen. Puntualiza también que estos ejercicios son multidisciplinares, lo que significa que implica a todo el personal, sanitario y no sanitario, desde los celadores hasta los directivos. 

“Para mí un logro sería que el conocimiento en catástrofes fuera algo tan conocido como la RCP”, reflexiona Villalón, que insiste en la importancia de que tanto los sanitarios como la ciudadanía supiesen todos cómo actuar ante una catástrofe. “Que fuera algo tan básico y que se repitiera hasta tal punto que todo el mundo lo interiorizara”, añade la profesional. En su opinión, en los últimos cinco años, tras la pandemia de covid-19, “ha habido un cambio muy grande” y “nuestra preparación ha mejorado mucho”.

“Aunque fue una desgracia enorme, también ha hecho que cambie nuestra perspectiva ante esas situaciones y que todos busquemos estar lo mejor preparados posible, fomentando la resiliencia ante desastres”, opina la responsable del Plan de Emergencias, que insiste en que la planificación, la formación y la coordinación son determinantes para evitar el colapso asistencial. Por ello, concluye que: “Todos somos parte del mismo sistema sanitario e intentamos estar siempre preparados para mejorar nuestra respuesta ante estas situaciones”.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents