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Historia de Málaga

¿Es esta la alquería perdida del Monte San Antón?

El investigador malagueño José Antonio Barberá ofrece en su próximo libro la hipótesis de que una alquería musulmana que aparece en los Repartimientos de finales del XV guarda relación con una construcción vecina del monte, junto a una centenaria fuente.

José Antonio Barberá, junto a la construcción al pie del Monte San Antón, hace unos días.

José Antonio Barberá, junto a la construcción al pie del Monte San Antón, hace unos días. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

En unos años, si prosperan los planes urbanísticos, las proximidades se llenarán de chalés de lujo. Pero mientras tanto, esta zona próxima al Lagarillo Blanco, al pie del Monte San Antón, sigue siendo un remanso de paz; y para el malagueño José Antonio Barberá, también una fuente de Historia de Málaga.

La Opinión acompaña este mes al escritor e investigador a contemplar ‘in situ’ una atractiva hipótesis que planteará en su próximo libro de Historia de El Palo y su entorno, una obra que saldrá en breve y que estará ilustrada por el artista José Enrique de la Ossa, que también se suma a la visita.

Para sustentarla, José Antonio explica que se ha sumergido en los Repartimientos, la obra recopilada por Francisco y Rafael Bejarano que desgrana el reparto de tierras entre cristianos tras la toma de Málaga por los Reyes Católicos.

Además, también ha consultado un trabajo del doctor en Historia David Ortega sobre las antiguas alquerías de Málaga (una alquería era un caserío o conjunto de casas en la época musulmana). En esa obra, David Ortega menciona que, en el antiguo pago del Peñón o del Peñón de Buenavista (como conocieron los cristianos al actual Monte San Antón) había dos alquerías; puede que hasta relacionadas entre sí.

«La primera, es la que dieron a dos ermitaños, donde actualmente está la Hacienda de San Antón. La segunda no se ha encontrado, aunque creo que la he localizado», explica José Antonio Barberá.

José Antonio Barberá y José Enrique de la Ossa, ante la fuente centenaria, al pie del Monte San Antón.

José Antonio Barberá y José Enrique de la Ossa, ante la fuente centenaria, al pie del Monte San Antón. / A.V.

Un elemento clave es, en esta zona próxima al Lagarillo Blanco, una fuente o pilón, «con un arco de descarga y tejas para canalizar el agua». Ya por su aspecto, la fuente aparenta estar cargada de siglos. «Esto es del 1.500, está más claro que el agua», subraya el investigador. La fuente, informa, ya aparece en el primer plano de la zona, a comienzos del XIX.

También lo que hay frente a la fuente: una vieja construcción reformada. «Mira los muros, es la construcción típica con cal, tierra y piedra, porque la arcilla la traían de Jarazmín y Olías y las piedras, del San Antón. Todo es autóctono», detalla.

Primer plano de la zona del Monte San Antón, de comienzos del XIX, con la casa y la fuente, enmarcadas en azul.

Primer plano de la zona del Monte San Antón, de comienzos del XIX, con la casa y la fuente enmarcadas en azul. / La Opinión

De la vivienda José Enrique de la Ossa resalta «la forma de colocar las tejas, una sobre otra, hasta tres. Eso es típicamente árabe».

Para José Antonio Barberá, la casa, con una potente cimentación de piedra, podría haber reutilizado las estructuras andalusíes. «Si bien parece un lagar-cortijo del XIX con 150 ó 200 años, probablemente este ha sido un hogar desde hace 800 o 900 años», y quizás la planta de la casa «tenga un pasado como alquería medieval», sostiene.

Detalla de las tejas superpuestas de la casa al pie del Monte San Antón.

Detalla de las tejas superpuestas de la casa al pie del Monte San Antón. / La Opinión

La alquería derribada

Consultado el propio doctor en Historia David Ortega, recuerda a este diario cómo en los Repartimientos se menciona que, «al otro lado del río» quedó «una alquería derribada con cierta tierra de almendral, que se repartió entre Pedro Moro, Gonzalo de Toledo y Pedro de Becerra», a finales del siglo XV.

David Ortega ve factible la hipótesis de José Antonio Barberá y como señala, para saber más habría que analizar tanto «las escrituras más antiguas de ese lugar», como hacer «un análisis arquitectónico y prospección arqueológica para determinar si tiene un sustrato medieval».

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