Callejeando por Málaga
Calle Cabello, una joya de Málaga con un entorno problemático: "Es bonita, pero por la noche se transforma"
Los vecinos de la zona la han decorado con macetas que cuidan ellos mismos para "embellecer" la calle y atraer el turismo

Calle Cabello, una esquina de Ollerías / Gloria Pérez
Gloria Pérez
Doblando una esquina de Ollerías, pasado el bullicio del Centro Histórico de Málaga, se encuentra una calle que sorprende por sus macetas con flores y la tranquilidad de su ambiente. Se trata de calle Cabello, un pasaje peatonal donde los pocos vecinos que residen en ella cuidan de un entorno que se “transforma” por la noche.
Esta desconocida joya de la ciudad forma parte del antiguo barrio de los alfareros malagueños que recibió como nombre Arrabal de Fontanalla.
Una calle con mucha historia
Para conocer la historia de la calle hay que remontarse a los manuscritos del Sr. Álvarez de Limera, en los que indica que el nombre de la misma se debe a Don Juan Bautista Cabello Ruiz de la Escalera, Regidor de Málaga, capitán conocido por su valor y temeridad.
En el siglo XVI, las espaldas de la que por entonces se llamaba calle 'El cabello' eran terrenos baldíos dedicados a testares, a muladar de loza y antiguas ollerías abandonadas. Será en los mapas del 1791 donde ya aparezca al final de la calle, la famosa iglesia de San Felipe Neri, icono paisajístico de la zona.

Evolución de calle Cabello, una esquina de Ollerías / Málaga Historia de sus Calles
Negocios alejados del bullicio
Aunque el barrio donde se haya es zona de tránsito para muchos, Cabello es un lugar poco concurrido. Conviven pocos vecinos y hay algunas viviendas vacacionales.
Parte de la historia reciente del pasaje la conoce bien Alberto Cascón, dueño de una empresa familiar de vidrieras que nació en el 1985 y que aterrizó en esta calle en 2009. "Pusimos esta tienda para apoyar el Museo del Vidrio que está unas calles más arriba de forma que hubiera una sinergia de turistas entre el museo y mi taller de artesanía", explica. Pero la realidad, añade, "siendo sincero" es que los turistas solo ven el museo y se acercan a Desal, la cafetería bohemia que hace esquina con Ollerías.
Flores que atraen turismo
Lo que más sorprende a simple vista de calle Cabello son los colores vivos de las flores que embellecen las casas y las puertas de los establecimientos. Los vecinos cuentan que fueron ellos mismos, junto con los comerciantes, los que se pusieron de acuerdo para "embellecer el barrio". Explican que su objetivo, además de buscar al turista, es hacer del pasaje "un lugar más agradable para vivir".
Alberto Cascón relata que, tras varias peticiones al Ayuntamiento de Málaga, se les propuso poner "macetones negros" con la condición de que fueran los propios residentes quienes se hicieran cargo del cuidado de las plantas. Y así lo hicieron. "Hay que regarlas, quitarles los bichos y limpiarlas", explica el vecino, aunque lamenta el mal uso que hacen algunos de esos puntos de vegetación. "Los indigentes utilizan a los maceteros como basureros y como retrete", se lamenta.
La noche transforma
Giuseppe, natural de Italia, es residente de alquiler en calle Cabello desde hace tres años. “Es bonita la calle, pero por la noche se transforma”, confiesa. Él percibe un cambio de ambiente cuando pasea a su perro de madrugada. El vecino asegura que, pese a la zona donde se haya el barrio, nunca ha sentido inseguridad, pero confiesa que se ven "muchos drogadictos" por la noche que "hacen en la calle sus necesidades”.
Alberto Cascón, que vive encima de su tienda de vidrios, corrobora que actualmente se está dando una vuelta de "personas sin techo" que le recuerda a su llegada hace 16 años a Cabello, cuando la presencia de una chatarrería cecana en una de las calles colindantes era un atractivo para ese perfil de personas. "Hace 15 o 20 minutos le he pedido a un muchacho que estaba en mi escalón que por favor se levante porque estaba mezclando algo con el tabaco", añade.
Javier, otro de los pocos vecinos que viven en Cabello, se asoma desde la ventana para responder a las preguntas de este periódico. Explica que hace 31 años que reside en el pasaje en un edificio unifamiliar que hizo su abuelo en 1961.
Este malagueño ha visto una evolución de la calle, aunque no especifica si lo ha hecho para mejor o peor. “El barrio ha cambiado un montón. Antes había muchos comercios de compro oro. Ahora ha cambiado a servicios como cafeterías y restaurantes”, explica.
Aunque la noche transforma esta calle de Málaga, ningún vecino se resiste a sacar pecho de la naturaleza urbana que los rodea y ningún turista se resiste a parar a contemplarla.
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