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Entrevista | Emilio Alba Oncólogo y director científico de la Fundación CITAC

Emilio Alba, oncólogo malagueño: “Cuando yo llegué estaba solo, era el único oncólogo del hospital”

El catedrático y hasta ahora jefe de Servicio de Oncología del Hospital Clínico de Málaga repasa los avances logrados en las últimas décadas en la lucha contra el cáncer y los retos que aún quedan por delante

El catedrático de Oncología Emilio Alba en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico

El catedrático de Oncología Emilio Alba en el Hospital de Día Oncohematológico del Clínico / Francis Silva

Arancha Tejero

Arancha Tejero

Málaga

El doctor Emilio Alba (1958) recuerda a la perfección el día en que su padre lo llevó por primera vez a ver el tren de Archidona, el pueblo donde nació y creció. Aquella imagen de su infancia nunca se ha borrado de su memoria. Como tampoco lo hará, asegura, la escena del pasado 27 de enero de 2026, cuando sus compañeros le despidieron con una gran ovación tras poner fin a casi tres décadas como jefe de Servicio de Oncología Médica en el Hospital Clínico. 

El catedrático de Oncología de la Universidad de Málaga es un referente en la investigación y una de las figuras más influyentes en la lucha contra el cáncer en España. Fue el primer oncólogo del Clínico cuando se incorporó en 1989 y, desde entonces, ha vivido en primera línea la transformación de la especialidad. La supervivencia hoy duplica a la de entonces y el servicio que deja es un equipo fortalecido y de gran prestigio. Pese a los nuevos proyectos y responsabilidades que ha ido asumiendo en estos años, jamás ha dejado de pasar consulta y así seguirá haciéndolo: “Mientras que vengan pacientes yo los atiendo”. Además, continuará formando a futuros médicos y, sobre todo, dedicándose a la Fundación Centro de Investigación y Terapias Avanzadas del Cáncer (CITAC), de la que es director científico.   

Abandona su puesto como jefe de Oncología del Hospital Clínico tras 29 años al frente. ¿Tenía ganas de un cambio o sentía que era el momento?

Yo sentía que era el momento por varios motivos. Uno, en Andalucía eso no está previsto, pero yo pienso que las responsabilidades ejecutivas deben tener un tope y que, a partir de cierta edad, creo que la gente que toma decisiones tiene que ser más joven. Y, luego, para facilitar que la transición fuera adecuada. Dicho esto, yo me voy a quedar de adjunto. Creo que me sale bien y a mí me gusta. Voy a seguir un tiempo de médico y, sobre todo, me voy a dedicar al CITAC —Fundación Centro de Investigación y Terapias Avanzadas del Cáncer—, que hay un trabajo por delante muy ilusionante y me quiero dedicar a tiempo completo. Si estás aquí de jefe lo puedes hacer, pero llevan mucho tiempo ambas cosas. Así que por eso ha sido. Es una decisión de la que yo me siento afortunado porque ha podido ser compartida, consensuada y sin problemas.

No todo el mundo recibe una ovación como la que le regalaron sus compañeros el pasado martes, ¿cómo vivió ese momento?

Pues lo viví con sorpresa. Yo soy de carácter un poquito retraído, digamos. Las efusiones emocionales a veces me agobian. Pero bueno, ¿qué puedes decir? Es que despedirte así es de las cosas que se quedan y que yo creo que recuerdas toda tu vida. En el sentido de que es un choque de emotividad positiva difícilmente descriptible. Yo aquel día parecía que había corrido una maratón, estaba supercansado, pero por el impacto emocional tan maravilloso. Te voy a contar una historia. Yo nací en Archidona y la estación está como a siete kilómetros del pueblo. Y yo recuerdo, cuando era niño, el primer día que mi padre me llevó a ver el tren. No se me olvida. No sé qué edad tendría, pero me recuerdo de la mano de mi padre viendo el tren. Y el otro día pensando digo: ‘Esto es de las cosas que se quedan, como cuando mi padre me llevó a ver el tren. Que no se te olvida nunca’. Yo lo pongo a ese nivel. Me había dicho Nuria —la doctora Ribelles— que íbamos a tomar un café con la gente. Y pensé que sería eso, el café, las palabritas… lo típico. Pero cuando vi el pasillo, la gente, el cómic y los abrazos... que quieres te diga... Como el tren. 

Ha elegido una especialidad que le obliga a convivir a diario con la vida y la muerte. Después de tantos años, ¿ese contacto permanente pasa factura emocional?

Hombre, sí. Depende de cómo seas, pero a mí tengo que decir que me ha enseñado. Estas cosas dan miedo, porque ves mucha gente que tiene muchos problemas. Y yo, encima, en mi casa, mi mujer también ha tenido un problema tumoral más que serio. Entonces, de todo eso ¿qué conclusión saco? Que te enseña. Que lo que tienes que hacer son dos cosas. Uno, ser técnicamente bueno, que eso muchas veces en el mundo moderno parece que se deja un poco de lado. Aquí la gente viene a que intentes curarlo. Entonces, tienes que ser técnicamente bueno y es una responsabilidad. Y, luego, tienes que ser empático. El cáncer es una cosa grave. Cuando a ti te dicen que tienes cáncer hay dos vidas: la de antes y la de después. Y, aunque te cures, nunca se te olvida. Hay que ayudar a la gente y —te lo digo ahora no como médico sino como familiar de una persona que ha tenido un problema serio— ponerte siempre en los zapatos del paciente y de su familia. Entonces, esas dos cosas son importantes: hacerlo bien desde el punto de vista técnico y hacerlo bien desde el punto de vista humano. 

“Despedirte así es de las cosas que se quedan y recuerdas toda tu vida”

Se marcha tras la inauguración del nuevo Hospital de Día, ¿era uno de los objetivos que quería ver cumplidos antes de marcharse?

Sí. Este Hospital de Día yo creo que era muy importante. Este hospital —El Clínico—es uno de los que más actividad tiene en cáncer de Andalucía, aunque es un hospital de nivel dos. Yo te diría que, después del Hospital Virgen del Rocío, es el que tiene más actividad en cáncer de toda la comunidad. Y esto es por el grupo de gente que hay aquí. Entonces, tú necesitas unas instalaciones adecuadas, y no las hemos tenido durante mucho tiempo. Y ahora, al fin, hemos conseguido esto. Y sí, esto me lo he currado, aunque hay mucha más gente que también lo ha hecho, como los gerentes. Y también quería decir un nombre propio, que es también malagueña y que es la consejera de Economía y Hacienda, Carolina España, porque ella es una de las responsables de que tengamos esto aquí. Y yo pues sí, me quería ir una vez que esto estuviera hecho. Ha costado mucho trabajo, casi cuatro años.

Deja un servicio muy diferente al que se encontró…

Tan diferente que cuando yo llegué estaba solo, era el único oncólogo del hospital. Imagínate si era diferente. Era otro mundo. Entonces el cáncer era otra película. La supervivencia en los años 80, cuando a ti te diagnosticaban un cáncer, la probabilidad de que tú estuvieras vivo a los cinco años era el 30%. Ahora es el 60%, el doble. Yo estuve aquí solo de oncólogo tres años, del 89 al 92, hasta que llegó la doctora Ribelles. Ahora somos 25 oncólogos, prácticamente 50 de personal de Enfermería —entre enfermeras, TCAE, auxiliares, etc.—, y casi 40 de personal de investigación. 

¿Cree que en estos años ha cambiado también el significado de la palabra cáncer?

Sí, ha cambiado. Ahora el cáncer se aborda de otra manera. De todas formas, yo te diría que también ha habido como una especie de matización dentro de la palabra. No es lo mismo que te digan que tienes cáncer de mama —que casi se ha incorporado a la cultura moderna—; a la mujer que se lo diagnostican, no le dan una alegría, le dan un disgusto de muerte, pero esa mujer sabe que, con un 90% de probabilidades, se va a curar. Otra cosa es que te digan que tienes un cáncer de páncreas o un cáncer de pulmón. Ahí se ha abierto ese abanico. Porque en unos tumores se ha avanzado bastante más que en otros. Entonces, tenemos deberes por hacer. 

El doctor Emilio Alba durante la entrevista en una consulta del Hospital de Día Oncohematológico del Clínico

El doctor Emilio Alba durante la entrevista en una consulta del Hospital de Día Oncohematológico del Clínico / Francis Silva

Y, repasando todos estos años, ¿cuáles diría que han sido los mayores logros conseguidos?

Hombre, yo creo que, de forma global, el doblar la supervivencia. Que el cáncer pase del 30% al 60% está muy bien. Y, luego, otra cosa que yo creo importante es que la gente tenga confianza en tratarse en Málaga. Recuerdo que antes, cuando a la gente le diagnosticaban un tumor, el que podía intentaba irse fuera. Y hoy día la inmensa mayoría de la gente está tranquila aquí. Estoy contento, primero, de que tenemos una supervivencia que es el doble, y hemos colaborado con nuestro granito de arena en eso; y dos, que la inmensa mayoría de la gente está tranquila siendo tratada aquí. Y esto es una cosa muy buena. 

Y mirando al futuro, ¿cuáles son hoy los principales desafíos en la lucha contra el cáncer?

Está claro: mejorar la supervivencia. Y eso tenemos que hacerlo de dos maneras. Es verdad que en los hospitales con los nuevos tratamientos quirúrgicos, de radioterapia, los nuevos fármacos, se va consiguiendo poco a poco. Pero yo creo que tenemos que también mirar a la parte izquierda de la historia. Y la parte izquierda de la historia es que ahora tenemos una actitud pasiva ante el cáncer. Es decir, nosotros tratamos el cáncer cuando viene el paciente diagnosticado. ¿El paciente por qué se diagnostica? Porque le pasa algo. Viene y te cuenta: ‘Me duele aquí, he orinado sangre, me ha salido un bulto’. Eso, cuando ocurre, ya es una enfermedad en la que hay muchas células tumorales. Yo creo que tenemos que ir a un diagnóstico hipertemprano del cáncer, y ahí es la próxima frontera de la curación, creo yo. Hay temas como la biopsia líquida, las nuevas técnicas de imagen, la resonancia y todo esto, que yo creo que nos pueden ayudar. 

El objetivo de la AECC es lograr un 70% de supervivencia para 2030, ¿le parece realista?

No, no lo veo realista. En cuatro años conseguir un 10% de aumento de supervivencia, realista, realista no es. Pero yo creo que debemos comprarlo. ¿Por qué? Porque si no te pones objetivos ambiciosos, no los vas a conseguir. Entonces, si me preguntas objetivamente: ¿es realista? No, pero vamos a intentarlo a ver qué podemos hacer. 

“Cuando a ti te dicen que tienes cáncer hay dos vidas: la de antes y la de después”

Decía al principio de la entrevista que ahora quiere centrarse en el CITAC. ¿Con qué objetivo nace esta fundación y qué papel aspira a jugar en la investigación oncológica?

CITAC es una fundación público-privada, de mayoría privada, que tiene como objetivo la investigación del cáncer, ¿Público-privada por qué? Porque hay actores públicos como son la Universidad de Málaga, el Ayuntamiento, la Diputación y, en breve plazo, parece que va a estar la Consejería de Salud también. Y tiene privados como son la Fundación Unicaja, Unicaja Banco, Famadesa, la Fundación Sando, la Fundación Kareema y la Fundación Casa Natal Picasso y estamos pendientes de más incorporaciones. ¿Esto qué objetivos tiene? Esto está inventado, aquí es una rareza, pero porque en Andalucía tenemos una serie de complejos y de historias previas que, a veces, nos hacen no poder competir bien. Esto estaba inventado. En Cataluña hay fundaciones como esta unas cuantas y son líderes de biotecnología en España. Está el VHIO, que es el instituto de investigación del Vall d'Hebron, y que es una fundación como esta. Entonces, ¿por qué? Porque esta fundación te permite ser flexible en la atracción de talento. Y dirán: ‘Está Ibima’. Sí, está Ibima y hace una labor encomiable, pero es una fundación pública. Ibima sirve para subir al nivel medio. Lo que no sirve, en general, es para obtener equipos de alta excelencia. Para eso tienes que tener gente de alta excelencia y a esta hay que ficharla. Entonces, esta fundación tiene como objetivo captar talento de un nivel alto. Y, ahora, con lo que está pasando en el mundo, a lo mejor es hasta más fácil. Y tiene dos objetivos: uno, aportar conocimiento y, dos, aportar riqueza. ¿Por qué? Porque la investigación biomédica no es solo un gasto, es una inversión a largo plazo. En Cataluña, con estructuras de este tipo, como el Biocat, Astrazeneca ha puesto allí un Hub de investigación biomédica con una inversión de 1.000 millones de euros. Esto en Andalucía ni está ni se le espera. Entonces nosotros tenemos que crear conocimiento, pero, al mismo tiempo, crear un ecosistema que sea capaz de atraer riqueza para la población. Todos los días estamos quejándonos de que solo hacemos turismo, pues hagamos otra cosa también. El objetivo de la investigación científica no es solo publicar artículos científicos para un currículum y que alguien sea profesor. Esto se tiene que trasladar a riqueza para el entorno que hay alrededor tuyo. Esa es la vocación que tiene CITAC por decirlo de alguna manera. A ver si lo conseguimos. 

Mencionaba también antes la importancia del diagnóstico ultraprecoz, que es precisamente una de las principales líneas de investigación del CITAC. ¿Por qué es tan determinante detectar el cáncer antes de que de la cara?

Hay tumores que son complicados. Por ejemplo, el cáncer de mama, entre comillas, no es complicado. ¿Por qué? Primero, está en un órgano externo, la mama, por lo que es más faćil diagnosticarlo, con la mamografía o incluso, a veces, la propia mujer se nota un bultito. Y, cuando lo diagnostican, tiene muchos tratamientos. Entonces, es un tumor que el diagnóstico precoz, evidentemente, es supernecesario, pero, si no eres capaz de conseguirlo, tienes una bala extra que es el tratamiento. Pero hay otros que no. Por ejemplo, los tumores del tracto digestivo superior: esófago, estómago, páncreas, vía biliar, hígado. Esos tumores no hay técnicas de cribado. Cuando te dan síntomas, que es cuando el paciente va al médico, habitualmente, son grandes o ya se han ido a otro sitio. Y, luego, los tratamientos no son tan eficaces como los de la mama. En esos, o los diagnosticas precozmente, o no estás haciendo nada. El 40% de la gente que se muere de cáncer, se muere por esos cinco. O sea, es un objetivo a abatir. Y esto, a corto plazo, solo se va a poder hacer con diagnóstico hipertemprano. Diagnosticarlo muy, muy, pequeñito e ir por él. 

DOCTOR EN ONCOLOGIA EMILIO ALBA , QUE FUE JEFE DE ESTA SECCION DURANTE UNOS 30 AÑOS EN EL HOSPITAL REGIONAL UNIVERSITARIO DE MALAGA

El doctor Emilio Alba durante la entrevista en una consulta del Hospital de Día Oncohematológico del Clínico / Francis Silva

Y para ello una de las herramientas más prometedoras, como decía, es el test de detección precoz en sangre, también conocido como biopsia líquida, ¿por qué tiene tanto potencial?

Ahora, para detectar un cáncer necesitas una técnica de imagen. El cáncer tiene un modo de detección visual. Por ejemplo, una mamografía la tiene que ver un radiólogo, o en el cáncer de pulmón, el scanner de baja radiación lo tiene que ver un radiólogo. Es verdad que te puedes apoyar en técnicas de inteligencia artificial, pero alguien tiene que mirar. El diagnóstico, aunque tengas mucha ayuda tecnológica, es visual. Y el ojo humano tiene un umbral de detección: algo que mida menos de 7 u 8 milímetros no lo ves habitualmente o tienes muchas probabilidades de no verlo. ¿La biopsia líquida qué es lo que te hace? Te detecta la enfermedad mucho antes.

El principal factor de riesgo para desarrollar cáncer es la edad. Sin embargo, están aumentando los tumores en adultos jóvenes, ¿qué está pasando?

Eso lo hemos visto incluso aquí con un estudio que hizo la doctora Ribelles con casos en Málaga y lo demostró. Y es la alimentación. Vete a cualquier supermercado y ahí está. Está más claro que el agua. El cáncer empieza cuando dejas de cocinar. 

“Creo que tenemos que ir a un diagnóstico hipertemprano del cáncer y ahí es la próxima frontera de la curación”

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), España superará por primera vez en 2026 los 300.000 nuevos casos de cáncer. Más allá de la edad, ¿qué factores están detrás de este aumento?

La edad es digamos el factor principal. Pero el primero el tabaco. El tabaco es la primera causa de cáncer. Uno de cada tres son por el tabaquismo. Si la gente no fumara, tendríamos un tercio menos de cáncer. Luego, el sobrepeso y la exposición al sol a lo bestia, que es como lo hacemos aquí. Estás todo el tiempo en el interior y luego te vas en verano a la playa y te achicharras. Y, luego el sexo no seguro también está relacionado con muchos tumores, de cuello uterino, de garganta... Pero el tabaco y la alimentación son la clave.

¿Depende entonces de nosotros el poder prevenir muchos casos de cáncer?

Casi la mitad de los cánceres son prevenibles, sin ningún género de duda. Si tú no fumas, mantienes más o menos el peso habitual, haces un poco de ejercicio, no te expones al sol como un salvaje y tienes un poquito de cuidado con el sexo, la probabilidad que te dé un cáncer es la mitad.  

“Casi la mitad de los cánceres son prevenibles”

¿Cómo se imagina la oncología dentro de 20 o 30 años?

Me la imagino muy tecnológica y en Primaria. Como en la película ‘Gattaca’, una distopía que desde que naces te hacen un estudio global genético y saben más o menos tu futuro. Así que una mezcla entre eso y ‘Minority Report’. Me imagino que habrá hospitales y eso, pero que será mucho antes en Primaria y que te lo detectarán en estadios muchísimo más tempranos. 

¿Se imagina realmente jubilado algún día?

De momento no. Yo estoy bien, me siento bien. Cuando yo vea a esta gente que aplauden menos.... (bromea). No, de momento, a mí me gusta. Tengo proyectos y me gusta el tema de investigación. Me apetece mucho el tema del diagnóstico temprano y ver pacientes también. Llevo viendo pacientes muchos años. A mí eso no me pesa, me gusta. Y, además, ahora ya estás en una fase de la vida en la que has aprendido tanto que dices: ‘casi si puedes echar un cable pues mejor’. Y no, me encuentro bien. Tienes como una visión más realista del tiempo y dices ‘voy a dedicarlo a lo que me gusta’. Y soy afortunado que puedo hacerlo, que esto no todo el mundo puede. 

Para terminar, al echar la vista atrás, ¿con qué se queda de estos 30 años como jefe de servicio?

Me quedo con muchas cosas. Me quedo con muchos pacientes que están bien y que algunos sí que es verdad que los has quitado de las garras de la muerte. También me quedo con algunos que no. Y me quedo con que he conocido a mucha gente, muchos compañeros, muchos pacientes y muchos familiares que han sido muy importantes y que me han hecho aprender muchas cosas en la Medicina y en otras historias. 

Un Emilio Alba más personal

¿Cómo se definiría en tres palabras?

Curioso, un poquito retraído e imaginativo. Me gustan los retos y no me asustan. Me gusta salirme del carril. 

También orgulloso de tu tierra, Archidona. La lleva siempre por bandera.

Sí, es que nací allí. Estuve hasta los 18 años y tengo un vínculo emocional y muy alto con mi pueblo. 

¿Siempre tuvo claro que quería ser médico?

No. De hecho, en mi familia no hay médicos. En mi familia se dedicaban todos al campo. Yo iba un poco más para lo que se llamaba entonces perito agrónomo. Y eso a mi padre le parecía estupendo. Y no sé por qué. Será, por curiosidad. A mí la biología me gustaba mucho cuando estaba en el Bachillerato y empecé por allí. Me lo han preguntado muchas veces y no tengo una respuesta para eso clara. 

Y luego, una vez que dio el paso, ¿por qué oncología? 

Por curiosidad. Saqué un buen número en el MIR y entonces me fui por España con el coche, como Pedro Sánchez, y fui mirando varios sitios. Y fui al Hospital de San Pablo, que fue donde acabé haciendo la residencia, y las personas que vi allí, lo que yo vi me fascinó, me deslumbró... y dije: ‘Este es mi sitio’. Fue un poco intuitivo, como tantas cosas que hace uno en la vida.

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