Parques y Jardines
El destino de las naranjas de Málaga: a dónde van las mil toneladas que se recogen cada año en sus calles por estas fechas
Tras desechar su uso alimentario por la absorción de contaminantes, las naranjas recogidas en Málaga se llevan al vertedero, donde se convierten en compost para nutrir las zonas verdes

Recolecta de naranjas en los jardines de Pedro Luis Alonso / L.O.

Forman parte inseparable del paisaje urbano, perfuman la primavera y tiñen de color las aceras. Los naranjos son uno de los grandes símbolos de las ciudades como Málaga. En la capital hay cerca de 12.000 ejemplares, que cada año producen alrededor de mil toneladas de naranjas amargas. Una pregunta se repite entre vecinos y transeúntes: ¿qué se hace con toda esa fruta?
Lo primero que aclara el Ayuntamiento de Málaga es que estas naranjas no se destinan al consumo humano. Proceden del naranjo amargo ('Citrus aurantium'), una variedad ornamental muy resistente y adecuada para el entorno urbano, pero no apta para la alimentación.
Además, su ubicación en plena ciudad hace que la piel de la fruta absorba contaminantes ambientales, como gases y metales pesados procedentes del tráfico, lo que descarta cualquier uso alimentario, tal y como advierten asociaciones especializadas en la defensa de la naranja amarga.
Campaña de recogida en los distritos
Los trabajos de recogida de naranjas suele empezar cada año en el mes de noviembre y se intensifica entre enero y febrero. Capuchinos, la Victoria, Carranque... Operarios municipales recorreren los 11 distritos de la ciudad para retirar la fruta directamente de los árboles antes de que caiga al suelo, donde podría provocar manchas, suciedad y problemas de seguridad en las aceras. Aunque muchas veces llegan tarde, sobre todo en inviernos tan lluviosos como el presente.
El calendario no es fijo y varía cada año en función de factores como la climatología, el grado de maduración del fruto o criterios de eficiencia. Aun así, la campaña suele concentrarse en el periodo invernal.
Equipos de jardinería y trabajo por zonas
La ciudad cuenta con cuatro grandes lotes de jardinería, responsables del mantenimiento de los jardines históricos, zonas verdes y del arbolado urbano. Estos equipos trabajan de forma coordinada, actuando por barrios y avanzando de manera progresiva hacia las áreas colindantes para optimizar los recursos, explica el Ayuntamiento.
La recogida se realiza de forma simultánea a otras tareas de conservación del espacio público.

Recogida de naranjas en Capuchinos. / L. O.
¿Qué se hace con las naranjas recogidas?
Actualmente, las naranjas de Málaga no tienen un uso industrial específico. Su destino final es el compostaje. Tras la recogida, la fruta se traslada al vertedero, donde se somete a un proceso de bioestabilización, junto a otros residuos vegetales procedentes del mantenimiento de parques y jardines y de la fracción orgánica urbana.
El resultado es un compost que se reutiliza como abono natural en los parques y jardines públicos de la ciudad, cerrando así un ciclo sostenible: la fruta vuelve a las zonas verdes de las que procede, transformada en fertilizante.
De exportaciones a economía circular local
Durante años, el destino de estas naranjas fue muy distinto. En el pasado, llegaron a enviarse a Sevilla para su uso como pienso animal. Más recientemente, parte de la producción viajó incluso al extranjero. En 2023, unas 700 toneladas se enviaron a Holanda, donde la empresa PeelPioneers las utilizó para elaborar aceites concentrados e ingredientes para productos de limpieza.
También se exploró la elaboración de mermelada de naranja amarga para mercados como el británico o el francés, una línea que finalmente se abandonó.
De la acera al jardín: un uso sostenible
Hoy, el modelo ha cambiado. Tal y como confirman empresas especializadas en servicios medioambientales, el destino de las cerca de 1.000 toneladas anuales es exclusivamente la elaboración de compost, un material que contribuye a mejorar el suelo y reducir el uso de fertilizantes químicos.
Así, las naranjas que cada invierno alfombran las calles de Málaga no se desperdician: se transforman en un recurso útil dentro de una estrategia de economía circular, devolviendo a la ciudad lo que nace de sus propios árboles.
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