Bar tradicional
Cierra el bar El Diamante: adiós a 77 años de desayunos en el Centro de Málaga
El Diamante, un bar emblemático de Málaga, cierra sus puertas, dejando atrás desayunos tradicionales y una clientela fiel

Francis y Mariví tras la barra del bar El Diamante. / Paula Tigges
Paula Tigges | Samuel Saborido
El antiguo bar El Diamante ha dejado de servir desayunos. Francisco Cerezo, conocido entre sus clientes como Francis, y su mujer Mariví Castillo, dueños del bar, se despidieron de su clientela el pasado viernes. El usual bullicio del local ahora es nulo, esta semana se encuentran recogiendo sus últimas pertenencias. La pareja lo deja por la jubilación de Francis, que hace un año y medio fue diagnósticado con nefropatía aguda, una enfermedad en los riñones. Los médicos los alertaron de la posibilidad de que entrase en diálisis y le recomendaron pedir la jubilación, explica Mariví. Hace poco más de dos semanas se la concedieron. "Con el tipo de jubilación que le han dado, no puede estar en el bar trabajando. En nada que sea ni bar ni cafetería", afirma Mariví.
Francis entró a trabajar en este negocio en el año 1994 , cuando uno de los tres antiguos dueños se jubiló. Tenía 22 años y acababa de terminar de cursar una FP de Electricidad. No es hasta tres años más tarde cuando se convierte en el dueño del bar, a causa de la jubilación de los dos dueños restantes. Desde entonces ha dado forma a los últimos 32 años de los 77 años de historia de El Diamante. Ahora sus caminos se separan.

El cartel de despedida que cuelga en la puerta del bar El Diamante. / Paula Tigges
"Yo estoy como el barco de Chanquete, de aquí no nos moverán", dice Mariví con pena desde la barra. Afirma que ella no quiere irse, pero que no se puede quedar sola frente al bar. Aunque estuvo entre sus opciones contratar a alguien para que le ayudase, pero "después de mucho pensar", el cansacio de ser autónoma y que le surgiese una nueva oportunidad de trabajo, la decisión fue firme.
Más de siete décadas de historia
El Diamante comenzó a servir mesas hace más de siete décadas, en 1949. Lo fundó un matrimonio de primos hermanos, don José Gálvez Toro, descendiente de los Gálvez de Macharaviaya y su mujer Aurora Toro Alcaide. En aquel tiempo se llamaba de otra manera: El Brillante. Su ubicación también era distinta, junto al Parador de San Rafael. Las discrepancias por el precio del alquiler provocaron el cierre del local en la primera localización. Cuando sus dueños volvieron a abrir sus puertas fue desde la calle Pozos Dulces y bajo otro nombre, El Diamante.

Cartel de la Lechería El Diamante en el bar. / Paula Tigges
Asimismo abrieron una lechería bajo el mismo nombre y todavía conservan en el local actual mobiliario de esta. "Aquí lo único que se ha arreglado desde que yo entré fue el suelo de fuera, que era de mármol, que ya estaba muy gastado y se resbalaba. Y los cuartos de baño". Además de otros arreglos en el mostrador por razones de desgaste. "Lo demás está todo igual", mantiene Mariví, y señala la barra de mármol y las estanterías llenas de botellas.
Todavía se mantienen otros objetos que se utilizaban en la época como la máquina de soda original. Que permitía producir agua con gas y beber la leche de fresa con un toque distinto. Esta bebida típica en los años 90 antes era como un refresco y se bebía con gas, recuerda Mariví. También conservan las flores que decoraban el Café Central de Málaga que se las regalaron en enero de 2020, poco antes de su cierre definitivo.

La antigua estantería del bar El Diamante. / Paula Tigges
Un desayuno completo por 3,50 euros
El pitufo más caro no superaba los 2,20€. Y un desayuno completo con un café con leche grande incluido rondaba entorno a los 3,50€. Aquí lo más pedido era la leche de fresa. Una bebida muy sencilla que se hace con dos ingredientes: jarabe de fresa de la Bodega Quitapenas y leche. Un producto estrella entre sus clientes y que sus dueños esperan que se conserve. Al menos saben que si es su sobrino quien se hace cargo, en este bar se seguirá siviendo.
Lo más típico para desayunar en El Diamante, además de la leche de fresa, es "el pitufo de salchichón de Málaga". Pero las opciones eran varias: bocadillos de jamón serrano, queso, pavo atún , tortilla, zurrapa... siempre con un precio económico.
Un posible relevo generacional
"Hay mucha gente que lo quiere, cada instante viene alguien. Uno de ellos es mi sobrino, a mí me encantaría que se quedara él", cuenta Mariví con los ojos llorosos. "Ya me pongo a llorar", exclama. Para ella es esencial que se mantenga en la misma línea, para que vuelva al bar, esta vez a desayunar: "Si me ponen cosas raras de aguacates no voy". Si el nuevo propietario es su sobrino igual algún día se ponga tras la barra a hacer un bocadillo, asegura con una sonrisa.
Cabe la posibilidad de que vuelvan a reabrir este mes, a mano de otros dueños. No obstante esto no garantiza que los desayunos y sus precios sean iguales que los de antes. También influyen las condiciones y el contrato que ofrezca el dueño del local. "Yo pago un precio, pero al entrar alguien nuevo, ya no sé si le va a subir el alquiler o si el tipo de contrato va a ser como el mío", explica.
El nuevo trabajo de Mariví se encuentra cerca de El Diamante, por lo que tendrá que pasar delante todos los días. Algo que le da mucha pena y que ahora mismo "le cuesta", por lo que al principio pasará sin mirar, cuenta.

Cartel del bar El Diamante abierto desde 1949. / Paula Tigges
Un bar que ha sobrevivido a muchas crisis
Francis y Mariví han vivido 32 años de historia en la calle Pozos Dulces. El negocio ha sobrevivido muchos baches pero ninguno lo ha parado, aunque fuesen etapas complicadas. "La pandemia la vivimos como todo el mundo. Cerramos lo que hubo que cerrar y es verdad que estábamos preocupados. No sabíamos cómo íbamos otra vez a empezar, pero la verdad que bien", asegura su dueña. Al volver a abrir, sus clientes de toda la vida volvieron a venir como antes. Y cuando todavía no se podía consumir en el bar y solo se podía optar por pedir para llevar, se formaban unas largas colas para comprar bocadillos.
La llegada de las franquicias a Málaga tampoco fue un problema para ellos. "Nunca hemos tenido miedo. Nosotros no. Nuestra clientela siempre ha respondido", afirma. Poco después de que ella comenzase a trabajar en el bar abrieron una cafetería muy cerca de él. "Aquello nunca pudo con este", recalca, mientras que El Diamante estaba lleno, aquel estaba "vacío" y tuvo que cerrar.
Recuerda una vez que Francis se puso muy enfermo y estuvo ingresado en el hospital, por lo que tuvieron que cerrar el local un tiempo. "Yo decía, ahora cuando volvamos muchos se habrán ido. Que va, yo puse en el estado del WhatsApp: Mañana abrimos. Y el día que abrí tenía esto lleno".
Tristeza entre los clientes
A pocos días de tener que entregar las llaves del local recuerdan a muchos de sus clientes. Como Miguel, un señor de 76 años que aparte de venir a desayunar por la simpatía de sus dueños dice que acude porque tienen la misma edad que El Diamante. O algunos de los más antiguos, como los de la Relojería Heredia: "Llevan viniendo toda la vida, incluso antes que yo". Esto es un caso puntual, ya que Francis afirma que para cogerle la delantera "han tenido que madrugar mucho".
Su clientela también se acuerda de ellos y lamentan su cierre. Al enterarse de la noticia les decían: "Por un lado me alegro pero yo no quiero que le den la jubilación". Esto también se ha visto reflejado en redes sociales como X. Donde han dejado mensajes de apoyo a Francis y Mariví.
"Es verdad que todo el que ha venido ha llorado, que no os vayáis, que a dónde vamos a ir, que nos vais a dejar huérfanos, que ahora voy a tener que desayunar en mi casa. Pero bueno, luego la gente se adaptará y ya está", termina Mariví. Ante el cierre de uno de los pocos bares típicos malagueños de la capital tienen que buscar otros lugares del mismo estilo para empezar el día con un buen desayuno. Entre sus alternativas: Casa Aranda y la Cafetería Framil, cuenta Mariví.
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