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Mirando atrás

Antonino Pío: el único emperador localizado en Málaga

Antonio Gross Bolín, sobrino nieto de los dueños de la finca donde se encontró, hacia 1912, el busto de Antonino Pío, único retrato de un emperador romano, hasta la fecha, en Málaga, ha escrito un libro sobre la increíble historia de este Bien de Interés Cultural, hoy en el Museo de Málaga.

Antonio Gross Bolín, esta semana en el Museo de Málaga, junto al busto del emperador Antonino Pío.

Antonio Gross Bolín, esta semana en el Museo de Málaga, junto al busto del emperador Antonino Pío. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

La enigmática ‘Historia Augusta’, un conjunto anónimo de biografías de emperadores romanos, escrito hacia el siglo IV d.C., recuerda que el emperador Antonino Pío (86-161 d.C.) era «elegante y de estatura elevada».

También detalla de quien fuera hijo adoptivo del emperador hispano Adriano que, «al hacerse viejo se encorvó», por lo que se colocaba en el pecho «unas tablillas de tilo, con el fin de andar erguido».

Quizás posara con ellas para el escultor que lo inmortalizó en mármol, ya en la última etapa de su vida.

El caso es que, en el Museo de Málaga se conserva un imponente busto de mármol blanco de Antonino Pío casi en su senectud. La pieza es, hasta la fecha, el «único retrato imperial que se ha conservado de la Malaca romana», cuenta el catedrático de Arqueología y académico de San Telmo Pedro Rodríguez Oliva, en un trabajo para la Real Academia (en el Anuario 2021). En él, informa además de que «sin duda», fue realizado en la provincia de Málaga.

Elías Bendodo, Juana Moreno y Francisco de la Torre, en la presentación de la pieza en el Museo de Málaga, en 2022.

Elías Bendodo, Juana Moreno y Francisco de la Torre, en la presentación de la pieza en el Museo de Málaga, en 2022. / Gregorio Marrero

De este excepcional busto, Bien de Interés Cultural desde 2021, sabe mucho el malagueño Antonio Gross Bolín, porque le ha acompañado buena parte de su vida. «En casa le llamábamos ‘el romano’», cuenta.

Antonio Gross es el autor del libro ‘El emperador Antonino Pío en Bellavista, 40’, una amena y completa crónica familiar, en la que Antonino Pío habla en primera persona para describir su increíble historia como pieza escultórica, desde que fue encontrado en las afueras de Málaga de forma fortuita, hasta que, en enero de 2022, fue presentado en el Museo de la Aduana, de la mano del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y el alcalde, Francisco de la Torre.

El hallazgo

Todo comenzó un día de hacia 1912, en la hermosa Hacienda de San Guillermo, junto a la de Vistafranca, -estaba entre la Carretera de Cádiz y la avenida de Europa-. Se trataba de la finca del dos veces alcalde de Málaga Guillermo Rein Arssu y de su mujer, María Teresa Bolín de la Cámara.

Fotografía de la Hacienda San Guillermo, propiedad de Guillermo Rein y María Teresa Bolín, la finca de la Carretera de Cádiz donde se encontró el busto de Antonino Pío.

Fotografía de la Hacienda San Guillermo, propiedad de Guillermo Rein y María Teresa Bolín, la finca de la Carretera de Cádiz donde se encontró el busto de Antonino Pío. / Archivo familiar

Como destaca a La Opinión Antonio Gross, haciendo reformas en el jardín de la hacienda, «con el pico y con la pala» apareció un misterioso busto, por lo que los trabajadores avisaron a los propietarios y fue su tía abuela, María Teresa Bolín, quien lo limpió.

Para Pedro Rodríguez Oliva, la pieza podría proceder de una posible villa romana en el entorno de ‘San Guillermo’.

En su obra, Antonio Gross recuerda que los dueños colocaron al personaje sobre una mesa ovalada «cercana a una chimenea».

Unos meses más tarde, el matrimonio decidió llevarse el hallazgo arqueológico a su casa en el Centro, en la Alameda Principal -hoy, Archivo Municipal de Málaga, recuerda el autor del libro-.

Antonio Gross resalta que, en su infancia, con su tía abuela viuda, recuerda haber visto al «romano» en esa casa. Y todavía, un personaje anónimo: «por la capa y el broche sí sabíamos que era un soldado importante», apunta.

El busto de Antonino Pío, en Bellavista, 40.

El busto de Antonino Pío, en Bellavista, 40. / Archivo familiar

En 1941, su tía abuela le regala el busto a su sobrino soltero, Alfonso Bolín de Mesa, quien años después se lo da a su hermana Victoria, madre de Antonio Gross, que estaba terminando de construir una casa en Bellavista, 40, junto al arroyo del Café.

Mientras se terminaba, el ‘romano’ pasó a Bellavista, 7, donde estuvo viviendo la familia del autor: sus padres, Adolfo Gross y Victoria Bolín, con sus cuatro hijos.

El estreno de la nueva casa, Bellavista, 40, se hizo coincidir con el bautizo de la quinta hija de la pareja, María Gross Bolín, en 1947, un evento que también fue la presentación oficial del ‘romano’.

Al bautizo acudió el conocido arqueólogo Simeón Giménez Reyna que, ahora sí, como explica el libro, «midió mis facciones, anchura, altura (...) supo ponerme fecha y apellidos»: el ‘romano’ era el emperador Antonino Pío. Además, informó de que el mármol era de Carrara.

La desaparición del ‘romano’

Colocado en el hall de Bellavista, 40, bajo el hueco de una escalera, el emperador fue un elemento muy querido de la casa. Allí estuvo casi 60 años, hasta que durante unas obras de reforma en septiembre 2004, el busto desaparece y también un bargueño del siglo XVIII.

La familia denunció la doble desaparición a la policía. Pese a que Antonio Gross recorrió un buen número de anticuarios en varios puntos de España, sin olvidar el Rastro de Madrid, no dio con las piezas.

El azar quiso que, en agosto de 2010, un cuñado del autor, el contralmirante José Ignacio González-Aller, viera en su casa de Madrid, en el telediario, la noticia de la estancia de Michele Obama -la mujer del entonces presidente de EEUU- en el Hotel Villapadierna de Marbella. En una mesa identificó el busto de Antonino Pío y avisó por teléfono a la familia.

Como destaca Antonio Gross, su familia quiso esperar a la marcha de Michele Obama para comunicarse con el hotel y no perjudicar la imagen de la Costa del Sol. Gracias a la generosidad y comprensión de Ricardo Arranz, propietario del hotel, amigo del autor, pudo aclararse todo. La pieza fue comprada cinco años atrás en un anticuario de Sevilla y devuelta a la familia. Nada se supo de los autores de la sustracción.

Foto familiar en Bellavista, 40, con el busto de Antonino Pío, en la Navidad de 2011; de nuevo en casa tras su desaparición en 2004.

Foto familiar en Bellavista, 40, con el busto de Antonino Pío, en la Navidad de 2011; de nuevo en casa tras su desaparición en 2004. / Archivo familiar

De vuelta a Málaga, se comprobó que Antonino Pío había sido untado con betún judaico para envejecerlo artificialmente. A continuación, hubo un intento infructuoso de «cederlo de forma gratuita y para siempre al Estado», pero el caudal de burocracia hizo desistir a estos generosos malagueños.

Finalmente, en 2019 el busto fue vendido a Vicente Jiménez Ifergán para su galería en Málaga y, poco después, la Academia de San Telmo propició la adquisición para el Museo de Málaga a través de la Junta.

Antonio Gross y familiares, con Vicente Jiménez Ifergán, con Antonino Pío en su nuevo emplazamiento, en la Colección Ifergán, penúltimo destino antes del Museo de Málaga..

Antonio Gross y familiares, con Vicente Jiménez Ifergán, con Antonino Pío en su nuevo emplazamiento, en la Colección Ifergán, penúltimo destino antes del Museo de Málaga.. / Archivo familiar

Para Antonio Gross, es una satisfacción admirar hoy a Antonino Pío, tan unido a su historia familiar, en el Museo de Málaga; aunque plantea una recomendación: por su excepcionalidad merecería un sitio más excepcional dentro del espacio del propio Museo Arqueológico. Sin duda es único.

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