Sanidad
Sara González, paciente malagueña de cáncer de mama: “Se te para la vida totalmente”
La malagueña relata cómo afrontó el proceso del diagnóstico y la enfermedad, que irrumpió en su vida en noviembre de 2024, con tan solo 43 años. “Me podría haber muerto”, subraya

La malagueña Sara González. / L.O.

En noviembre de 2024, la vida de Sara González se detuvo de golpe. A sus 43 años, sin antecedentes familiares y con tres hijos pequeños, recibió un diagnóstico que nunca imaginó escuchar: cáncer de mama. Unas palabras que irrumpieron sin previo aviso y que trastocaron todos sus planes, proyectos y un futuro que parecía asegurado. “Se te para la vida totalmente”, afirma con rotundidad.
Fue un verdadero shock, insiste la malagueña que había acudido a una mamografía casual por recomendación de su ginecóloga sin ningún tipo de temor. No se esperaba que fuese a tocarle a ella. “No tenía ningún malestar ni nada”, resalta Sara, que, con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, que se celebró el pasado 4 de febrero, ha querido compartir su testimonio.
“Le decía a los médicos: ‘Yo es que no me puedo morir, es que me viene muy mal’”, recuerda. “Tengo tres niños, un trabajo, una familia y una vida maravillosa de la que estoy muy enamorada”. Ahora, apenas un año después de que su vida diese un vuelco, ha aprendido a no dar nada por sentado: “Una vez que pasas por esto, tienes la sensación de que vives un poco de permiso”.
Lo peor del proceso
La peor parte de todo el proceso, asegura, fueron las dos semanas que tuvo que esperar hasta que se confirmó el diagnóstico. “Me decían: tienes un perro y falta la raza”, rememora Sara, que subraya que la incertidumbre de aquellos días fue lo más duro.
“Además, tienes que dar muchas explicaciones en el trabajo, a tus amigos, a tu familia, a los que ves sufrir”, cuenta. “Me acuerdo que llegaba al trabajo y la gente me miraba con pena, cuando siempre hemos sido muy de gastar bromas. Tengo un ambiente muy alegre en la oficina y, de repente, parecía que todo eso había desaparecido”, describe
Tumor de mama HER2
Finalmente, le diagnosticaron un tumor de mama HER2. Los médicos le explicaron que tenía un pronóstico muy favorable, pero que la quimioterapia sería especialmente dura. “Me dijeron que, como era joven, iban a ir con todo el arsenal”, apunta Sara, que destaca que en aquel entonces se preparó para lo peor.
Sin embargo, el proceso no acabó siendo tan devastador como había imaginado, por lo que la malagueña sostiene que se siente muy afortunada, consciente de que su caso es una excepción. Aun así, aclara que hubo efectos secundarios, que incluso la llevaron a permanecer ingresada durante cinco días por una neutropenia muy severa.
“Me daba igual el precio. Yo lo que quería era vivir
“Yo entendía que esto era como una gincana: a cada prueba, estábamos un paso más cerca”, relata Sara, que resalta la comunidad tan “bonita” que se crea con las compañeras de tratamiento y el personal sanitario. “Tenía la convicción de que el fin justificaba los medios porque mi objetivo era curarme. Me daba igual el precio. Yo lo que quería era vivir”, narra la malagueña que, a pesar de que la conversación transcurre por teléfono, transmite una gran vitalidad. “Yo la vida siempre la he mirado con una mirada muy apreciativa, soy muy de la idea de que la vida es bella”.
Conocer el proceso
Sobre cómo afrontó la enfermedad, responde sin dudarlo: “Con mucha fuerza”. En su caso, explica que una de las claves fue informarse y conocer el proceso. “Que hubiera un camino que recorrer y un protocolo a seguir”, remarca. “Cada enfermo tenemos nuestros mecanismos para sentir que tenemos el control que queremos tener, y en mi caso lo encontré a través del conocimiento”. También destaca lo mucho que le ayudaron el deporte, la alimentación saludable y el cuidado de la mente. “Intenté mantenerla lo más calmada y fuerte posible, pero sin caer en el positivismo tóxico”, añade.

La malagueña Sara González. / L.O.
A pesar de la enfermedad, comparte que el último año le ha servido para revisar sus creencias, sus valores y, sobre todo, para reordenar sus prioridades. “Mi esencia sigue siendo la misma, pero creo que este año me ha permitido conectar mucho más conmigo y con lo que de verdad importa de la vida”, relata Sara, que insiste en que, dentro de su experiencia, se considera una afortunada. “Siempre digo que tengo mucha suerte”, apunta. “Me podría haber muerto y no me he muerto”.
La vuelta al trabajo
Tras la quimioterapia, la cirugía y la radioterapia, actualmente sigue con medicación prevista para cinco años y en tratamiento de inmunoterapia, al que acude cada 21 días. El pasado noviembre, se reincorporó, “con muchas ganas”, a su puesto de trabajo como directora general de David Lloyd Málaga. “Creo que es muy simbólico el hecho de volver a trabajar porque es volver a recuperar tu vida”, agrega.
“Te das cuenta que no eres la misma, ni tienes la misma mirada. Vuelves desde otra posición”
No obstante, confiesa que se ha sorprendido al comprobar que no ha vuelto siendo la misma. “Pensaba que iba a retomar mi vida donde la dejé, y te das cuenta que no eres la misma, ni tienes la misma mirada. Vuelves desde otra posición”, reflexiona. Aun así, explica que no carga con una gran mochila de incertidumbre, como observa en algunas de sus compañeras. Al contrario, cuenta que siempre había sido bastante cautelosa, incluso algo miedosa, y que ahora se atreve con muchas cosas que antes temía.
“Claro que tengo incertidumbre, por una parte, pero, por otra, también me ha sumado ganas de vivir y de valentía”, concluye la malagueña, que asegura encontrarse “bien, con fuerza y con energía”.
La AECC
En cuanto a su relación con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), se remonta a casi dos décadas atrás, pues lleva mucho tiempo participando en eventos, actividades y colaboraciones. “A mí me ha ayudado mucho saber que estaban ahí”, señala respecto a este último año. “Las he sentido muy cerca siempre y muy humanas. Solo te puedo hablar maravillas”, subraya.
Este año, con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, la AECC ha querido poner el foco en la importancia de la humanización del proceso oncológico y de escuchar al paciente. “Humanizar el cáncer es no sentirte solo cuando más vulnerable estás, y eso se traduce en que te miren, te expliquen, te escuchen y te traten como una persona, no solo como un diagnóstico”, defiende la paciente malagueña, que considera que la humanización también supone “cuidar a los que cuidan”.
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