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Sanidad

Adrián y su lucha diaria contra la Piel de Mariposa: una vida marcada por el dolor y la esperanza

Cada mañana, mientras el pueblo de Tolox despierta entre montañas, una familia del municipio comienza en su vivienda una jornada que no entiende de rutinas normales. Para Adrián, un joven de 22 años, el día no arranca con prisas ni planes, sino con dolor. Mucho dolor. Adrián padece Epidermólisis Bullosa una enfermedad conocida como Piel de Mariposa

Adrián y su familia piden que España financie un medicamento como ya hacen Alemania, Francia o Italia. | L.O.

Adrián y su familia piden que España financie un medicamento como ya hacen Alemania, Francia o Italia. | L.O. / L.O.

Josemi Sepúlveda

Josemi Sepúlveda

Tolox

Adrián padece desde que nació la enfermedad conocida como Piel de Mariposa, que convierte el acto más simple —rozar una sábana, caminar, vestirse— en una fuente constante de heridas. La piel de Adrián es tan frágil como el ala de una mariposa. Cualquier mínimo roce puede provocar ampollas, llagas y lesiones que tardan semanas en cerrar. Pero la enfermedad no se queda solo en la superficie: también afecta al interior, provocando graves complicaciones.

Cada día, Adrián necesita unas ocho horas de curas para poder seguir adelante. Se trata de un proceso largo, minucioso y extremadamente doloroso, que implica retirar vendajes adheridos a la piel, limpiar heridas abiertas y volver a cubrirlas con materiales especiales.

Ayuda de su familia

En este ritual diario no está solo. A su lado está siempre su padre y su madre, Virginia, enfermera del Hospital Costa del Sol, que además de su trabajo ejerce como cuidadora principal. Junto a ella, otras tres personas colaboran a diario en unas curas que paralizan por completo la vida familiar. No hay descanso, no hay vacaciones, no hay tregua. La enfermedad marca los horarios, las relaciones, la economía y el futuro.

«Hemos tenido la mala suerte de que nos tocase esta enfermedad de la que ambos progenitores deben ser portadores para que aparezca. Una lotería. Pero, somos afortunados porque soy enfermera y esto nos ha dado cierta ventaja respecto a otras familias», explica Virginia.

«Toda la vida he tenido que aguantarme abrazar a mi hijo, besarle, porque le podía hacer daño. A la dureza de este proceso, que lleva ya 22 años, se suma la imposibilidad de expresar con un abrazo mi alegría por cada logro alcanzado en sus estudios, por su cumpleaños o porque necesitaba ese abrazo. El corazón te estalla muchas veces. Tengo la esperanza de que el tratamiento ‘Vyjuvekme permita darle ese abrazo sin miedo a hacerle una nueva herida», relata entre lágrimas.

Alimentarse por una máquina

La Epidermólisis Bullosa ha avanzado hasta un punto en el cuerpo de Adrián que ya no puede ingerir alimentos por vía oral. Las lesiones internas en el aparato digestivo hacen imposible una alimentación normal. Su nutrición depende de una máquina, un soporte vital que garantiza su supervivencia pero que evidencia hasta qué punto esta enfermedad puede destruir el cuerpo por dentro y por fuera.

Además del daño físico, la Piel de Mariposa castiga duramente el plano psicológico. El dolor constante, la dependencia, las limitaciones y la incertidumbre terminan afectando al paciente y su entorno. La carga emocional es enorme y sostenida en el tiempo, lo que convierte cada día en una prueba de resistencia mental. Aun así, Adrián se niega a rendirse.

Porque, pese a todo, Adrián es un auténtico héroe cotidiano. Cada día, después de largas curas y convivir con un dolor que la mayoría no podría soportar, acude a la Universidad de Málaga. Allí cursa cuarto curso de un doble grado en Educación Infantil e Inglés, demostrando una voluntad y una fortaleza que desarman a cualquiera que conozca su historia.

Estudiar no es solo una meta académica: es un acto de resistencia, una forma de afirmar que la enfermedad no define quién es ni hasta dónde puede llegar. «Todos los días vamos juntos a la universidad y yo lo espero leyendo, paseando, siempre pensando en mi hijo».

Piel de Mariposa

La Epidermólisis Bullosa es una enfermedad genética, incurable y degenerativa. Se produce por un defecto en las proteínas que mantienen unidas las capas de la piel. Al fallar esa unión, la piel se rompe con extrema facilidad.

Las consecuencias van desde heridas crónicas e infecciones hasta daños internos severos que pueden comprometer órganos vitales e incluso imputaciones de extremidades con una esperanza de vida alrededor de los 30 años.

No existe cura. El tratamiento se centra en aliviar el dolor, prevenir infecciones y cuidar las heridas. Hasta ahora.

Un pequeño rayo de esperanza

A principios de 2025 la Agencia Europea del Medicamento aprobó un fármaco en forma de crema que ha supuesto una esperanza real para pacientes con Piel de Mariposa. Este tratamiento, ya disponible en otros países, mejora la cicatrización, reduce infecciones y alivia el sufrimiento diario. No cura la enfermedad, pero mejora notablemente la calidad de vida y la esperanza de cientos de pacientes. «Se llama ‘Vyjuvek’ es una crema que cambiaría su vida, su sufrimiento y el nuestro, acercándole a una situación más normalizada y digna», cuenta la madre de Adrián.

Es la primera terapia génica tópica indicada para la Piel de Mariposa. ‘Vyjuvek’ cicatriza heridas que llevan años sin cerrar y permanecen abiertas con un alto riesgo de infección y dolores constantes. Este fármaco ya se dispensa en Alemania, Francia o Italia. En España aún no está disponible, bloqueado por trámites administrativos. Para familias como la de Adrián, el tiempo no es un concepto abstracto: cada día de retraso es un día más de dolor.

En España, ‘Vyjuvek’ cuenta ya con un código nacional, un paso imprescindible para su financiación. El medicamento está en fase de negociación de precio y reembolso entre el Ministerio de Sanidad y la compañía farmacéutica, «un proceso que en nuestro país dura unos 20 meses», aclara Natividad Romero, coordinadora de la asociación Debra-Piel de Mariposa.

Desesperada, la madre de Adrián ha escrito a la ministra de Sanidad, a Su Majestad el Rey, al presidente de la Junta de Andalucía, a la Consejería de Sanidad y a la Agencia del Medicamento reclamando que aceleren los trámites para que este medicamento llegue cuanto antes a las farmacias hospitalarias y a quienes lo necesitan. Algunas de estas instituciones le han contestado «buenas palabras pero no aceleran el proceso».

No piden excepciones. Piden comprensión, humanidad y rapidez. Porque en enfermedades como esta, la burocracia también hace daño.

Pacientes invisibles con enfermedades raras

La historia de Adrián es la de muchos pacientes invisibles que conviven con enfermedades raras. Pero también es la de un joven que, a pesar de tener la piel herida, el cuerpo castigado y la mente sometida a una presión constante, sigue avanzando.

Mientras las decisiones se retrasan en los despachos, en Tolox una familia continúa curando heridas durante ocho horas al día, alimentándose a través de una máquina y soñando con un futuro un poco menos doloroso. Porque para Adrián, vivir ya es un acto de valentía. Y su lucha, una lección silenciosa que merece ser escuchada.

Ante la lentitud de los trámites administrativos, Virginia ha iniciado una recogida de firmas a través de la página web de la Asociación Nacional Piel de Mariposa para exigir al Ministerio de Sanidad una respuesta urgente. Y se ha creado un perfil en Instagram @unanuevapiel_ donde famosos y afectados reclaman de manera urgente este fármaco.

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