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Comercio local

La librería Abadía cierra tras 31 años vendiendo libros de segunda mano en Málaga: «Quiero que los libros acaben en manos de lectores»

Francisco Soler cierra las puertas de la librería con una oferta del 75% de descuento en la liquidación de sus más de 30.000 ejemplares

Francisco Soler, propietario de la librería Abadía.

Francisco Soler, propietario de la librería Abadía. / Álex Zea

Esperanza Mendoza

Málaga

Olor a libro viejo, que no anticuado. Páginas raídas que buscan ser entendidas por un nuevo dueño. Lomos esperando a que alguien llegue e incline ligeramente su cabeza para leer el título que adelanta el contenido de su interior. Los libros recuperan la vida cuando se les da una nueva oportunidad. La librería Abadía, en el Centro de Málaga, cierra sus puertas tras 31 años dando una nueva vida a libros y cómics de todo tipo en el número 9 de la calle Tejón y Rodríguez.

Libros sobre música, astronomía, psicología, plantas, muebles, esoterismo y antropología, entre otros, repartidos por escaleras de mano y estantes. 34.000 ejemplares que Francisco Soler ('Paquito' para los amigos) desea que acaben en manos de lectores. «El que lee dice algo bueno de sí mismo», afirma Soler, dueño de la librería. Pero, ¿cuál es el motivo del cierre? Una ''muerte natural'', afirma Soler. Tras 31 años de trabajo, ''ya toca jubilarse''.

Una muerte natural

«El cierre de la librería será una muerte natural, rodeada de sus seres queridos. No será por eutanasia», cuenta el propietario. El local, rodeado de libros y ejemplares de todo tipo, afronta su cierre con una oferta especial: 75% de descuento con una compra mínima de 40 euros. Es decir, si gastas 40 euros, pagarías tan solo 10. Y así, aunque la cifra aumente. El cierre no tiene una fecha definitiva aún, «tres o cuatro meses de liquidación», supone el propietario.

Aunque esto de las ofertas no es algo nuevo para la Librería Abadía. Desde hace dos años, la librería ha mantenido un descuento del 50% en todos sus libros, augurando que el cierre total de esta sería pronto.

«Lo veo como un proceso natural, no como algo triste», Soler pensaba que el cierre de su librería de toda la vida sería más duro. Dentro del comercio, Soler tiene un almacén ''intransitable'' donde guarda libros que ni él sabe que tiene. Puede haber libros publicados desde hace 4 meses o de pocos años después de que se inventara la imprenta, en palabras del propio dueño.

Cuando aparece un hueco en algún estante, Soler se carga de valor y se adentra en su almacén a ver qué nuevas historias sacará al escaparate. Pero, con el cierre, ya es inevitable que vayan quedando huecos que no se pueden rellenar.

La librería Abadía anuncia su cierre con un 75% de descuento

La librería Abadía anuncia su cierre con un 75% de descuento / Esperanza Mendoza

Abierta desde 1995

No siempre en la misma ubicación, la librería comenzó su andadura por un 'hobby'. Su propietario, Soler, tenía una gran colección de libros en casa y decidió empezar a vender por cartas su catálogo a coleccionistas que conocía. No solo por eso, sus estudios en Filología también le condicionaron a ampliar su repertorio.

De ahí, abrió su primera tienda en calle Comedias para, en 2015, abrir la que sería su última ubicación en el número 9 de la calle Tejón y Rodríguez. «En casa ya no guardo ni un solo libro, todo lo tengo aquí», confiesa Soler, que de tanto leer libros no le queda ninguno.

Los libros entre los jóvenes

A lo largo de los años, Soler ha podido ver gente de todo tipo entrando a echar un vistazo. Pero si hay un grupo que le llama a atención, es el de los jóvenes. «La gente joven quiere leer en papel y comprar en persona», afirma el propietario, que cuenta que ''mucha gente joven'' se para en su negocio para hacerse con algunos ejemplares. Y no solo jóvenes locales, sino que muchos de ellos son turistas. La mitad de los que se deciden por entrar a esta librería no hablan español, atraídos por el amplio catálogo que ofrece el comercio en todo tipo de idiomas.

Si algo divertido tiene que contar Soler sobre estos años, es el poco gusto que tiene la gente por los lomos de los libros. «Muchas personas no saben leer los lomos, la gente se me marea aquí», afirma entre risas. Un hecho que le hizo tener que sacar las portadas más atractivas de su colección, para que así los clientes no se ''marcharan indispuestos''.

Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana, o una tapa de un libro. Francisco Soler pasa página y afronta estos últimos meses de vida de su negocio de siempre con ánimo y queriendo que los libros que le han acompañado toda la vida acaben en manos de lectores que le den una segunda vida. Las librerías de segunda mano son esos pequeños puntos de apoyo y vida que reciclan y guardan historias para que no se pierdan con el paso del tiempo.

«No me gusta admitirlo, pero creo que cada vez habrá menos librerías de segunda mano», una creencia que dice Soler en voz alta y que esperamos que no sea cierta.

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