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Málaga de un vistazo

El breve espacio

Recreación artística de la obra genética sobre Leonardo Da Vinci.

Recreación artística de la obra genética sobre Leonardo Da Vinci. / ChatGPT/T21

En un mundo cuyas noticias avanzan a una velocidad meteórica en comparación con el tiempo que se nos dispensa para asimilarlas, a menudo sucede que perdemos de vista nuestro horizonte más cercano. Y ese no es otro que las dos rutinas: la de uno mismo y la que observamos en los demás, cuya contemplación forma a su vez parte de la nuestra.

Dmitri Merezhkovski, en su libro ‘El romance de Leonardo’, cuenta que a Leonardo da Vinci le apasionaba observar al detalle las facciones del rostro de las personas, por lo que más de una vez tuvo algún que otro encontronazo; rareza que comparto aunque intente practicarla con suma discreción.

Solemos deambular entre las calles, el tráfico, los supermercados y los puestos de trabajo con miradas apagadas. Como una tristeza estandarizada, incluso aunque no nos sintamos tristes. Cual ejército silencioso, la ciudadanía sale a cumplir con sus quehaceres. A veces, entre tuppers y neveras blanquiazules. Otras, con carritos de la compra, andadores o mochilas con libros. Y la vida de cada uno atraviesa ese páramo a diario sin detenerse mucho en pensar que el tiempo aquí es finito, y que no por echar a un lado la risoñez se obtiene beneficio alguno.

Son innegables las preocupaciones, incertezas, problemas, remordimientos y miedos que cada uno carga a sus espaldas, y de las que a veces puede que nadie más sepa de ellas. Y es cierto que estas no ayudan a que el rictus sea más amistoso y jovial. Quizá todo cambiara si nos mostrásemos en el espejo algo de compasión con nosotros mismos. Y en un breve espacio, concedernos un abrazo ilusorio mirándonos a los ojos.

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