Crónicas de la ciudad
Málaga y el riesgo del ‘brutalismo’
Cada vez más expertos e instituciones locales y nacionales entran en la arena de la gestión pública, para cuestionar cómo se están haciendo las cosas en esta ciudad, y aportar alternativas.

Jornada sobre ‘La Torre del Puerto y la deriva del Urbanismo en Málaga’, el pasado otoño en el Rectorado. / A.V.
De un tiempo a esta parte, en Málaga surgen chispas entre dos frentes que nada tienen que ver con la ideología, sino con el conocimiento. Así, resulta paradójico cómo, cada vez con más frecuencia, aparecen expertos que ponen en entredicho la gestión de nuestros propios gestores públicos, cargos que, en su mayoría, como pasa en el resto de España, tienen de profesión su partido -sigue siendo una rara avis quien realiza un servicio político temporal a la comunidad y luego regresa a su anterior puesto de trabajo-.
Por tanto, tendríamos, por un lado, a personas de acrisolada experiencia y conocimientos en sus campos de trabajo y por otro, a personas que han accedido a su cargo en la alta administración sin un examen de ingreso que mida sus capacidades.
Esto no es óbice para que en España, Málaga incluida, disfrutemos de auténticos políticos renacentistas que sirven lo mismo para un roto que para un descosido; de tal forma que si hoy se levantan como concejales de un ramo, mañana pueden ser delegados o consejeros de otro, convertirse en diputados, en gerentes o presidentes de los más recónditos menesteres, recibir un ministerio o ser premiados con el retiro senatorial.

Representantes de la sociedad civil malagueña leen en enero, en el Ateneo, un manifiesto en contra de las esculturas del puerto. / Álex Zea
Locales y nacionales
Frente a la política como permanencia eterna con brumosos controles de acceso y calidad, en esta ciudad está surgiendo la voz, cada vez menos acomplejada y más frecuente, de expertos e instituciones apolíticas locales y nacionales que cuestionan cómo se hacen las cosas en Málaga.
Así, hemos visto cómo expertos califican de imprudente el emplazamiento de la Torre del Puerto; estiman que está lejos del óptimo ético dejar sin 100.000 m2 de zonas verdes a los malagueños de los barrios más masificados del entorno de Repsol; consideran que el Urbanismo tendría que haberse dejado a los urbanistas antes de endosar al paisaje urbano las Torres de Martiricos; creen que se podía haber hecho bastante más frente a la avalancha de los pisos turísticos, y desaconsejan que Neptuno y Venus den la bienvenida a nuestro Centro Histórico BIC.
Lo último ha sido la defensa que la presidenta de San Telmo Rosario Camacho ha hecho del antiguo cine Lope de Vega-discoteca Bobby Logan, amenazado de derribo.
Ante tantos cuestionamientos, lo inteligente sería que nuestros cargos públicos se cuestionaran el que estén impregnados de infalibilidad papal; no vaya a ser que el brutalismo, además de un estilo arquitectónico, termine dando nombre a la manera en la que se gestiona lo público en Málaga: ignorando a quienes más saben.
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