Mirando atrás
Georgina Küstner, las raíces alemanas de Málaga
La abuela de esta veterana y activa malagueña bailó en la cubierta de la ‘Gneisenau’ y su abuelo acogió en casa a marineros tras el naufragio. Socia histórica del Real Club Mediterráneo, la institución le ha puesto recientemente su nombre a una yola por su gran vinculación con la entidad.

Georgina Küstner, junto a su retrato en un rincón de su casa en Málaga, este mes. / Álex Zea
Las pasadas navidades, Georgina (Yoyi) Küstner Rivas y su familia cantaron villancicos alemanes y adornaron con velas el árbol de Navidad. Esta cordial malagueña, nacida en 1933, tiene parte de sus raíces en Alemania, pues su abuelo paterno fue el exportador alemán de vinos Jorge Küstner, que se asentó en Málaga en 1895.
En nuestra ciudad conoció a la joven Rosa Schneider, con quien se casó. La familia conserva una foto de ella bailando sevillanas en la cubierta de la fragata ‘Gneisenau’, durante una visita a Málaga, antes de que naufragara junto al Puerto el 16 de diciembre de 1900. «Mi abuela, a pesar de ser alemana, bailaba flamenco muy bien», destaca su nieta.

Rosa Schneider (izquierda), abuela paterna de Georgina Küstner, baila durante una recepción en la fragata Gneisenau, de visita en Málaga antes del naufragio. / Archivo Familia Küstner
Como recuerda Georgina Küstner, su abuelo Jorge acogió en su casa del Paseo de Sancha a varios «marineros de la ‘Gneisenau’», tras el naufragio del famoso buque escuela, del que la familia conserva parte de un mástil, que transformó en perchero.
El matrimonio tuvo cuatro hijos; el tercero de ellos, Otto Küstner Schneider, fue el padre de Georgina y su madre, Josefa Rivas, hija del fundador de la fábrica de Cemento de la Araña.

La pequeña Georgina Küstner, en primer plano, con sus padres, Otto Küstner y Josefa Rivas, y sus hermanas Rosa y Amparo. / Archivo Familia Küstner
El matrimonio de Otto Küstner y Josefa Rivas tuvo tres hijas: Rosa, Amparo y Georgina (Yoyi), quien vino al mundo en su casa de Ciudad Jardín. Allí permaneció hasta los 5 años, cuando la familia se trasladó a Bellavista para que, junto con sus hermanas, «pudiera estudiar en el Colegio Alemán», que entonces se encontraba en calle Goethe, en El Limonar. Allí estuvo estudiando hasta los 13 años, «hasta 1945, cuando cerraron el colegio: lo habían precintado los americanos», cuenta.
De esos años recuerda la enseñanza toda en alemán, la práctica de bastante deporte, las colonias infantiles en verano en Cercedilla; y sobre todo, a su compañera Ingrid Schröder, con quien sigue en contacto. De hecho, como explica, las dos amigas, que se conocen desde los cinco años, retomaron la amistad cuando se quedaron viudas y cada año, Ingrid, que vive en Madrid, baja a Málaga a visitar durante una semana a su amiga del colegio.

Georgina Küstner con Ingrid Schröder, compañera en el Colegio Alemán de Málaga. / Archivo Familia Küstner
También durante su infancia Georgina Küstner comenzó su vinculación con el Real Club Mediterráneo, que continúa en nuestros días:«Mi padre Otto era muy del Club Mediterráneo, remaba en yola, y yo era la timonel desde los 6 años y durante muchísimos años», recuerda.
Tras el Colegio Alemán, estuvo brevemente en Las Esclavas, porque sus miras se dirigieron a la carrera de Comercio, que estudió hasta los 17 años en la escuela que había en calle Beatas. «Hice peritaje cinco años», recuerda. Y hasta llegó a trabajar un tiempo en la Delegación de Hacienda.
Justamente con 17 años es cuando comenzó a salir con el joven estudiante de Derecho Agustín Moreno Cano, futuro decano del Colegio de Abogados de Málaga, con quien contrajo matrimonio ocho años después, en 1958, en San Miguel del Miramar. El viaje de novios, por cierto, duró un mes y además de recorrer España, los recién casados cruzaron la frontera y terminaron «en la Exposición Universal de Bruselas», la del famoso Atomium, recuerda.

La joven malagueña comenzó a salir con Agustín Moreno a los 17 años y se casaron en 1958. / Archivo Familia Küstner
El incendio
Tres años más tarde, la joven familia, ya con cuatro hijos pequeños -luego vendrían dos más-, tuvo que afrontar uno de los peores momentos de su vida. Como recuerda Georgina Küstner, vivían en calle Barroso, junto al bufete de su marido y un día, «iba por la calle y de pronto vi humo: resulta que era mi casa».
El fuego se inició en la planta baja, en un almacén de madera. «Recuperamos algunas cosas pero media casa desapareció», destaca.
Al final, la familia, que no volvió más a vivir en calle Barroso, se trasladó a la casa de veraneo de su suegro, en Pedregalejo, donde todavía vive Georgina Küstner. Dejó así un Centro de Málaga bien distinto al de hoy: «Entonces, nos conocíamos todos y había tiendas muy bonitas, era distinto; hoy, nada más que hay cadenas».

Georgina Küstner, con su familia y el alcalde en 2005, en la inauguración de la calle Decano Agustín Moreno, junto a la Ciudad de la Justicia. / Archivo Familia Küstner
En 2004, tras 46 años de matrimonio, fallecía su marido Agustín Moreno. Un año más tarde, muy cerca de los terrenos de la Ciudad de la Justicia, por la que tanto luchó este recordado abogado, el alcalde de Málaga inauguró una calle con su nombre.
Una saga de deportistas
La vitalidad y el amor por el deporte de Yoyi Küstner le viene de familia: su tío Friche Küstner fue un histórico jugador del Málaga y directivo del club, y su tía Rosa Küstner, subcampeona de tenis de Andalucía. Además, su hija Paloma Moreno Küstner formó parte de la primera tripulación española, integrada solo por mujeres, que cruzó en regata los puertos de La Línea y La Martinica, en el Caribe.

En el bautizo de una yola del Real Club Mediterráneo con el nombre de Georgina Küstner, el pasado diciembre. / Archivo Familia Küstner
Amante del flamenco -recibió clases de Rosa Mari Coll- y de la música clásica -sigue siendo fija de los conciertos en el antiguo Conservatorio María Cristina-, a sus 92 años, dos veces por semana nada en la piscina cubierta del club y en verano, en la playa.
Yoyi Küstner continúa encarando la vida con una sonrisa, de la mano de sus 6 hijos, 10 nietos -y pronto, un bisnieto-. La pasada Navidad, el Real Club Mediterráneo puso el nombre de Georgina Küstner a una yola, el mejor homenaje a esta malagueña que no olvida sus raíces alemanas.
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