Memorias de Málaga
Por fin ponen en televisión una película ‘de verdad’
Alejada de los tópicos del cine actual, despertó mi interés una película con un reparto de estrellas clásicas, a una hora de emisión que no rozaba con la medianoche, como es costumbre en televisión. No contaba con la catarata de anuncios

Guillermo Jiménez Smerdou entrevista al actor norteamericano Melvyn Douglas / Archivo Guillermo Jiménez Smerdou
Hace unos días, repasando la cartelera de las películas a proyectar en las televisiones, apareció una que llamó mi atención por varias razones, entre ellas la hora de su exhibición, una hora «decente», y la califiqué así porque la mayoría de ellas las programan a horas intempestivas para mi edad.
La costumbre de estrenar o proyectar películas a partir de las 22:50 no va conmigo ni con otros aficionados. La elección de casi la medianoche no es hora para un estreno de película. Cada uno distribuye el tiempo a su capricho.
Hablando en plata (o níquel que es más barato), las 11 de la noche son buenas para dormir y madrugar al día siguiente. Y ahora voy con la película que despertó mi atención.
El título no viene al caso. Lo que me movió a verla fue algo tan llamativo como el argumento. Repasando el adelanto de su contenido en el avance o ‘trailer’ como decíamos en mi juventud, descubrí que no aparecía ningún encapuchado persiguiendo a una jovencita en uno de los miles de bosques tenebrosos con incontables peligros, la jovencita no corre entre arbustos, restos de talas, zonas anegadas… y que una y otra vez vuelve la vista atrás para cerciorarse de que el malvado encapuchado no la persigue … No, en los primeros minutos de la película no aparece ninguna escena de este calibre. Un nuevo tanto a favor.
Continúa el argumento. Escenas sin violencia. Gente normalita. Por el avance descubro que no hay ningún policía al que matan por tontaina, no aparece ninguna cabaña en medio del bosque donde un malo empuja a otro rompiendo la barandilla que parece de baquelita, la protagonista no va a la cocina para hacerse con un cuchillo cebollero ni un pistolón para defenderse del malo. No pasa nada de eso que se repite una y mil veces en las películas de las cuatro de la tarde los sábados y festivos en la ‘3’.
Desgraciadamente, en el cine de hoy en día los guionistas y directores manejan cuatro elementos para distraer al personal. La recuperación de un bebé raptado al nacer, el emocionado reencuentro de dos hermanos que no se ven desde que el presidente de los Estados Unidos era Ronald Reagan, la hija perdida que retorna de una vida desordenada y otras menudencias, nos acercan al final con un recurso tan simplón como gastado: «Tres meses después».
Y aparecen todos los miembros, ahora reconciliados, en un chalé con al menos un perrito que mueve la cola y juguetea con todos los miembros del clan bebiendo una Coca-Cola, bebida en fase de retirada porque la Coca-Cola ha dado paso a un tinto de baja calidad gracias a Falcon Crest. Es tan malo ese tinto o blanco que los ‘usacas’ prefieren cualquier tinto español que lleva años envejeciendo en cubas, barriles y toneles, vinos españoles a los que el mandamás norteamericano les larga aranceles exagerados.
En algunas películas, de forma inesperada, aparece al final en la cárcel o manicomio la ‘mala’, quien en su rostro esconde la malicia. Lo que da lugar a una secuela.
Otro cine
La película que despertó mi interés no tenía nada que ver con lo que acabo de contar. La presencia en el reparto de Katharine Hepburn, Melvin Douglas, Bette Davis, Cary Grant, Humphrey Bogart, Don Ameche, Robert Taylor … fue lo que me animó a cambiar mis criterios de no comenzar a ver una película tan tarde.
Le dije a mi mujer que me iba a quedar, contra mi costumbre horaria, a ver una película antigua, de las que se consideraban de alta comedia, con los actores bien ataviados, con esmoquin, sombreros de copa, una orquesta con un negro trompetista y un argumento y desarrollo de acuerdo con los escenarios. Me senté a disfrutar. La película iba a empezar a las 10 de la noche.
Esperaba que apareciese el león de la Metro… pero olvidé que la publicidad ‘manda’. Pensé que en tres o cuatro minutos se iba a cubrir el cupo publicitario. Empezaron los de medicamentos (uno curaba seis males de una vez), vitaminas de todos los colores, medicinas más o menos conocidas elaboradas por un laboratorio alemán, dolores de cabeza y articulaciones que se curan en segundos, medicamentos de hace medio siglo que han vuelto a las boticas.
Pero, ¿qué está pasando?. Me parece que entre los anunciantes aparece uno de los hombres del tiempo. No, no puede ser. Me habré equivocado. Estaré dormido o ¿qué pasa?… No es la hora del Pasapalabra. Pero es que su presentador recomienda un producto de uso bucal; el hombre del tiempo que siempre tiene prisa exhibe un cachivache que barre el polvo, la que habla del Madrid y el Barcelona en Deportes recomienda abrir una cuenta en un banco cuyo nombre no me suena… Algo raro está pasando. Parece que los presentadores se han convertido en anunciantes. ¿Es posible? Será una novedad.
Después de la tanda de medicinas empieza la de jovencitas de largas melenas que brillan en la noche, las cremas, potingues, tónicos, perfumes, colonias y el ácido hialurónico, el milagro del siglo XXI. ¿Empezará la película de una vez?. Como estamos en Navidades la publicidad copa todo el tiempo. Se cansa uno de ver a las mismas anunciantes de colonias y perfumes, y de los movimientos sicalípticos de las mismas modelos de hace veinte o treinta años.
Va a empezar la película. Parece que sí. ¿Empezará la película?. Me preparo para disfrutar de una de los años 1948 o 1965.
De repente una mano me toca en el hombro derecho. Es mi mujer. Me comunica que la cena está lista. ¿Qué ha pasado?. Los anuncios han desbordado el tiempo previsto. Me voy a cenar sin haber visto la película seleccionada por no ser violenta.
Me quedé sin Katharine Hepburn, Bogart, Robert Taylor, Gregory Peck … Veremos si se da en otra ocasión. Por suerte, esa ocasión me la ofreció enseguida uno de mis hijos, que ha salido como yo, un cineadicto.
Yo vi millares y millares de películas en el periodo entre 1947 y 1992, cuando estuve en ejercicio, y él tiene más de dos mil que podré visionar sin anuncios con solo pedírselo.
Entre las últimas que he podido disfrutar están El abismo, Paga a muerte, y toda la serie de Alfred Hitchcock (Psicosis, Cortina rasgada, Los pájaros, El caso Paradine, Rebeca, La soga, Con la muerte en los talones, La ventana indiscreta, Vértigo…), una auténtica delicia, y otras muchas de otros actores y directores de gran prestigio como Vincent Sherman, Vincent Minnelli y algunas de la época silente.
NOTA DE LA OPINIÓN
Por expreso deseo de la familia de Guillermo Jiménez Smerdou, fallecido el pasado 28 de enero, La Opinión de Málaga publicará las próximas semanas las colaboraciones que dejó pendientes nuestro ejemplar e inolvidable compañero. Esta es la tercera de ocho. Va por él.
Suscríbete para seguir leyendo
- El emblemático local de Calzados Gody en Málaga se transforma en 10 nuevas viviendas en La Paz
- La avenida Valle Inclán, al límite: Málaga prepara el gran 'bypass' del norte
- El paraíso gastronómico en Cártama con menú ilimitado de brasa y castillos hinchables para los niños: 'Un plan redondo para toda la familia
- Sould Park mete la quinta en Málaga: 15 millones de inversión y un nuevo imán familiar junto a Plaza Mayor
- El nuevo horario de los bares de Málaga: ¿a qué hora cierran a partir de ahora?
- La Junta abre compuertas en La Viñuela y la presa del Guadalhorce
- Los vecinos de Huelin se oponen a la ampliación del horario de terrazas
- Así será el nuevo parque Frank Capra de Málaga: 50.000 m2, 950 árboles y zona deportiva
