Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Francisco de la Torre Alcalde de Málaga

"El Auditorio es un déficit histórico y Málaga perdió su oportunidad en los 80 cuando el Ministerio los pagaba al 100%"

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, tras más de 25 años en el cargo, confía en que las obras del Auditorio puedan comenzar antes de que acabe este año, afirma que continúa trabajando en los proyectos en marcha, que prioriza la vivienda como objetivo básico de su gestión sin descartar, todavía, una posible reelección en 2027

Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, está convencido de que las obras del Auditorio podrán comenzar antes de que acabe 2026.

Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, está convencido de que las obras del Auditorio podrán comenzar antes de que acabe 2026. / Álex Zea

Ignacio A. Castillo

Ignacio A. Castillo

Málaga

Francisco de la Torre afronta la segunda parte de su séptimo mandato reivindicando la “transformación” de Málaga y su ambición de “ciudad excelente”, con la vivienda como “objetivo número uno” y el Auditorio de la Música como gran proyecto cultural pendiente. En esta entrevista, el alcalde defiende la búsqueda de financiación privada para la construcción del futuro Auditorio de la Música y recuerda que, “en los años 80”, el Ministerio de Cultura llegaba a pagar estos equipamientos al 100%, una oportunidad que, sostiene, Málaga dejó pasar.

¿Se considera el alcalde de una ciudad que está de moda?

Soy el alcalde de Málaga, sin más. Dicho esto, es verdad que entre todos hemos logrado que la ciudad sea una referencia en muchos ámbitos. Si a eso se le quiere llamar ‘estar de moda’, de acuerdo, pero es un término un poco vago. Lo importante es que Málaga despierta interés y mucha gente se pregunta qué ha pasado aquí, qué está ocurriendo y por qué la ciudad está viviendo esta transformación.

Cuando una ciudad está tan en el foco como Málaga, hay muchísimas ventajas… y también algunos inconvenientes, pero si lo hacemos bien, nos abre oportunidades de trabajo como nunca

¿Cree usted que este fenómeno es una oportunidad para el futuro de Málaga o existe el riesgo de que se convierta en una carga para sus habitantes y su calidad de vida?

Si hacemos las cosas bien, que Málaga sea una ciudad de actualidad y de referencia nos abre oportunidades de trabajo como nunca. Y no hablo solo del sector tecnológico, donde ahora mismo hay unas 2.000 vacantes que no se están cubriendo. Lo lógico es que esas plazas puedan ocuparlas antes que nadie los malagueños, y para eso tenemos que avanzar: ofrecer a nuestros jóvenes la mejor formación posible para que estén preparados. Porque, si no se cubren con talento de aquí, se cubrirán con gente de fuera. Y yo quiero que, por pura lógica, sean primero los malagueños. Además, así evitamos agravar otros problemas, como el de la vivienda, que se complica cuando llega más gente de la que la ciudad puede absorber con facilidad. Y esto no afecta solo al sector de la tecnología: también pasa en la construcción, en la hostelería y en muchos otros sectores. Por eso tenemos que reflexionar a fondo sobre cómo mejorar la educación, la FP y la capacitación en general, para que esas oportunidades las aprovechen los malagueños. Cuando una ciudad está tan en el foco como Málaga, hay muchísimas ventajas… y también algunos inconvenientes.

Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, durante una entrevista el 16 de febrero de 2026

Francisco de la Torre, en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga. / Álex Zea

Vivienda y mercado inmobiliario

El acceso a la vivienda y el encarecimiento del mercado inmobiliario son, precisamente, una de las preocupaciones principales de las familias y jóvenes malagueños. ¿Qué medidas está impulsando el Ayuntamiento para gestionar este auge de forma sostenible y evitar que Málaga pierda su esencia y accesibilidad de los malagueños de toda la vida a una vivienda?

El inconveniente al que alude, que es la vivienda, se puede resolver, y en eso estamos, dedicando un esfuerzo muy claro y medible en el tiempo. No se trata solo de la vivienda que podamos promover en suelo público, sino también del suelo que ofrecemos a la iniciativa privada para que construya. Estamos poniendo en marcha varias vías: por un lado, suelo dotacional para vivienda —en torno a 1.600 o 1.700—; por otro, parcelas que hemos vendido para VPO, pero no a cambio de dinero, sino de viviendas, para incrementar nuestro parque municipal de alquiler. Y además, suelo que hemos ofrecido a promotores a coste cero —habría supuesto unos 13 millones de euros en urbanización— para que se hagan unas 530 viviendas, con apoyo europeo para que el alquiler sea asequible. En esa línea vamos a seguir. Pero, aparte de eso, necesitamos ganar tiempo: que el suelo privado avance más rápido hasta convertirse en suelo finalista, es decir, que no se quede solo en estar urbanizado o en el Plan General, sino que sea suelo listo para dar licencias. Es un proceso complejo y reducir esos plazos a pocos años, incluso a pocos meses, es una tarea difícil, pero estamos trabajando en ello. En conjunto, tenemos un plan para impulsar la construcción de unas 17.000 viviendas, entre públicas y privadas, de aquí a 2031.

Le doy muchísima importancia a que los malagueños puedan sentirse expulsados de su ciudad y la realidad es que estamos trabajando para que puedan seguir viviendo aquí

¿Cree que hay malagueños que tienen razón al sentirse expulsados de su ciudad?

Le doy muchísima importancia a ese tema y la realidad es que estamos trabajando para que los malagueños puedan seguir viviendo aquí. Y, además, me preocupa que el suelo y la oferta residencial de los municipios colindantes también sean operativos, porque esto es un asunto metropolitano. En los foros con otros alcaldes el debate va precisamente en esa dirección: por ejemplo, que el Cercanías C2 tenga más frecuencia, para que quienes quieren venir a Málaga —fíjese bien cómo lo digo, quienes quieren venir— puedan elegir entre vivir en Málaga o vivir en Cártama, en Pizarra, en Alhaurín… con un tren que les permita desplazarse con facilidad. Para quienes ya viven en Málaga, seguimos haciendo todos los esfuerzos que he explicado antes y vamos a mantener esa línea: que haya vivienda para quien quiera vivir en Málaga. Además, no todo es vivienda pública; también hay VPO privada en distintos suelos, por ejemplo en la zona Este.

¿Comparte entonces la preocupación de sus vecinos por la situación de la vivienda?

Sí, la comparto. Es el objetivo número uno de mi tiempo y de nuestros esfuerzos económicos. Estamos poniendo 77 millones de euros, y aun así hay que entender que no es un asunto que dependa solo del Ayuntamiento. Estamos hablando de un problema de ámbito nacional y también europeo. Y, además, en toda la costa mediterránea se suma un factor añadido: hay mucha gente de países europeos con un nivel de renta superior al de España que quiere comprar vivienda aquí, como segunda residencia o incluso como primera, para vivir y trabajar desde aquí.

¿Y no considera que el mercado inmobiliario se encarece, por eso mismo, y resulte imposible para el bolsillo medio del malagueño?

Claro que afecta. Pero también es una oportunidad para generar riqueza. Primero, porque no cabe duda de que genera más actividad en la construcción y, si somos hábiles, también puede generar actividad industrial. Quienes trabajan desde aquí para empresas europeas —tecnológicas o no— y ocupan puestos importantes pueden ayudar a que sus compañías vean que merece la pena invertir en España. Fíjese que digo España: ya no hablo solo de Málaga. Que en España haya gente trabajando para empresas europeas es bueno, sin duda. Pero hay que aprovechar esa oportunidad y, al mismo tiempo, tratar de minimizar los efectos negativos que pueda tener. Donde quiero poner el acento es en que el problema de la vivienda se podría haber abordado mejor hace años a nivel nacional. Si hubiéramos hecho una reflexión a tiempo —y me refiero al Gobierno actual, que lleva ya ocho años—, veríamos que se están haciendo menos viviendas que el número de hogares que se constituyen. ¿Qué podemos hacer ante esto? Una conferencia sectorial de vivienda del Gobierno y de las autonomías —que son las administraciones a las que se han delegado funciones— podría haber invitado también a la FEMP, para ver qué intentos podemos hacer. Nosotros no tenemos competencia plena, pero podemos hacer cosas. Y aquí está el ejemplo: en Málaga, del año 2000 a 2021-2022, hicimos 5.300 viviendas. Y la Junta anterior apenas hizo 70 y no de manera acertada, ya que creó guetos en el corazón de la ciudad, y los guetos no resuelven la promoción social. La política de vivienda tiene que ser una política muy integral, cosa que casi nunca se ha hecho en España. Nosotros no vamos a hacer una política solo para que alguien tenga un hogar digno, sino también para cambiar la mentalidad y mejorar la vida de la familia: insistir en la importancia de la educación, evitar el absentismo absolutamente, promover también a los titulares de la vivienda. Que haya un deseo de mejorar profesionalmente para poder pagar, sea la hipoteca o el alquiler. En esa línea venimos trabajando desde hace algunos años, y tratando de coordinarnos con la Junta en los temas de formación, con fondos europeos, para dar esa oportunidad de formación a los propios titulares.

Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, durante una entrevista el 16 de febrero de 2026

De la Torre, alcalde de Málaga, durante la entrevista. / Álex Zea

Intermodalidad del transporte público

El problema de la vivienda está empujando a muchos malagueños a la corona metropolitana. ¿No está eso agravando también la movilidad y el colapso diario de infraestructuras como la A-7, al obligar a miles de personas a entrar cada día a trabajar a la capital?

Sí, claramente. Y no es algo nuevo: lo venimos viendo desde hace muchos años. De hecho, en 2017 presentamos un estudio para desarrollar una nueva vía perimetral que complementara la ronda del Rincón, que es bastante limitada —incluso con tramos a 80 km/h—, y también para aliviar la nuestra, donde en cuanto hay más carriles aparece el aviso de peligro de saturación. La idea era prolongar la autovía que llega por Vélez hasta el límite de Rincón de la Victoria y enlazar esa nueva infraestructura hacia la ronda oeste y la hiperronda, de manera que se descargaran los puntos más conflictivos. No es un reto imposible, pero había que abordarlo, y el Ministerio no se ha movido lo suficiente: llega tarde, aunque parece que ahora está estudiando estos temas. Además, se están planteando propuestas entre el Ayuntamiento de Málaga y el entorno de Rincón de la Victoria para agilizar los nudos y conexiones entre la autovía y la ronda, reduciendo tiempos en los momentos de entrada y salida del tejido urbano. Y hay otra cuestión de fondo: mucha gente quiere trabajar en Málaga o disfrutar de Málaga, pero vive fuera. Si la movilidad estuviera bien resuelta, a más de uno le daría igual vivir en Pizarra o en otro municipio: quien viene de grandes ciudades está acostumbrado a hacer 30 o 40 minutos de desplazamiento diario. El problema es cuando esa movilidad no está bien resuelta y lo que tenemos es colapso.

Un buen intercambiador ‘entra por los ojos’ y ayuda a que más gente se suba al transporte público

¿Y qué papel jugaría la intermodalidad? ¿Qué pasos concretos está impulsando el Ayuntamiento para favorecer la intermodalidad del transporte e integrar mejor metro, EMT, tren, autobuses metropolitanos y otros modos de movilidad?

El ferrocarril es clave. Es, además, el modo de transporte más sostenible. En el caso del C2, la infraestructura ya está hecha: lo que falta es aumentar frecuencias y hacerlo de forma coordinada con el desarrollo de los nuevos suelos, conforme vaya creciendo la demanda. En el litoral, tanto el ferrocarril como el suelo están bastante saturados. Por eso es importante analizar bien dónde hay margen real para crecer. En la zona oriental no hay ferrocarril, pero sin embargo, hay más opciones de suelo que en la parte occidental, ya que está menos tensionada en ese sentido. Ahí entra otra pieza: mejorar el autobús interurbano y la calidad del servicio. Las concesionarias hacen su esfuerzo —creo que son ALSA y Avanza, si no recuerdo mal—, pero necesitamos dar un salto con los intercambiadores modales previstos, como el de plaza de la Marina y Vialia. Son proyectos para facilitar transbordos, ordenar flujos y hacer el transporte público más competitivo. La clave es que el usuario no solo ahorre tiempo: también llegue a un espacio bien diseñado, cómodo y atractivo. Un buen intercambiador ‘entra por los ojos’ y ayuda a que más gente se suba al transporte público, que es lo que buscamos potenciar. Para esto hace falta coordinación entre administraciones y, si encaja, también una colaboración público-privada. Además, se ha planteado que la EMT pueda superar el límite municipal y llegar a municipios del entorno. Eso tiene un coste y hay que estudiarlo con el Ministerio y con las administraciones implicadas para ver cómo se puede abordar entre todos. Y, por supuesto, están los aparcamientos disuasorios, que son fundamentales para que quien llega en coche desde fuera no tenga que entrar al Centro y pueda completar el trayecto en transporte público.

¿Considera que la implantación de la ZBE hará que el malagueño utilice menos el vehículo particular?

La estadística lo irá diciendo y lo iremos comprobando con el tiempo. Lo que sí estamos viendo ya es que la EMT ha superado ampliamente los 50 millones de viajeros en los últimos años y seguimos en esa línea de crecimiento. Nuestro objetivo es acercarnos a los 60 millones, lo que demuestra que se está realizando un esfuerzo importante en materia de transporte público. Este año, además, se van a incorporar 62 nuevos autobuses a la flota municipal: si no recuerdo mal, 15 eléctricos y 47 híbridos. A ellos se suman los 10 eléctricos de 12 metros que ya se han incorporado recientemente, así como otros cinco de menor tamaño, destinados a líneas y zonas con características específicas. Los híbridos de mayor tamaño ofrecen más capacidad y potencia, mientras que los eléctricos resultan especialmente interesantes por su menor nivel de emisiones y por el ahorro en el consumo energético. Aunque su coste de adquisición es más elevado, a medio y largo plazo permiten un ahorro económico y, sobre todo, ambiental.

Limpieza

¿Cree que Málaga es una ciudad sucia? ¿Quién considera que es el responsable de esta sensación: es un problema de Limasam, de percepción de los ciudadanos o de ambos?

Yo creo que Málaga es una ciudad limpia, aunque, como todo en la vida, siempre es mejorable. Nosotros tenemos un objetivo general: que Málaga sea una ciudad excelente, una ciudad de referencia en calidad, y esa ambición afecta a todo: a los equipamientos culturales, a la actividad deportiva, a los servicios… y, por supuesto, a la limpieza. En ese sentido, la municipalización de Limasam creo que se ha aprovechado bien, aunque quizá podría haberse aprovechado aún mejor en algunos aspectos, por ejemplo vinculando una parte de la retribución a objetivos de productividad, como se planteó en su momento. Dicho esto, del personal de Limasam tengo una impresión muy positiva: los veo trabajar y lo hacen bien. Y lo que quiero es que estén siempre motivados, que se sientan reconocidos y acompañados en ese esfuerzo. Ahora, también es evidente que la limpieza no depende solo de la empresa. Tenemos que hacer un esfuerzo entre todos, desde cada ámbito, para que la ciudad esté todavía más limpia. Ahí entra, por ejemplo, mejorar la separación de residuos y respetar normas básicas de civismo: si quieres que te recojan un mueble usado, hay un sistema y una fecha para ello. Si lo sacas al día siguiente o cuando no toca, puede quedarse varios días en la calle hasta que pase el servicio, porque la recogida puede ser semanal. Y eso genera una sensación de suciedad que no siempre se corresponde con el trabajo que se está haciendo. ¿Multar más? No creo que la solución sea “poner un policía detrás de cada ciudadano”, eso es inviable. Pero sí podemos buscar fórmulas para fomentar más autocontrol, más corresponsabilidad y más concienciación.

Yo creo que Málaga es una ciudad limpia, aunque, como todo en la vida, siempre es mejorable

Cultura, infraestructuras y proyectos emblemáticos

Habla de ciudad de excelencia y de equipamientos de calidad. Sin duda, el Auditorio de la Música es el principal objetivo de lo que le queda de legislatura. ¿Qué avances concretos ha habido en la campaña de patrocinios y la inversión privada para su financiación?

Para empezar, este año y el próximo están cubiertos los recursos necesarios. Este ejercicio, además, será de poca ejecución: aunque licitáramos “mañana”, una adjudicación no llegaría hasta finales de año, prácticamente en los últimos meses, así que el gasto real sería limitado. De cara a 2027, el esquema de financiación también lo tenemos previsto. Por un lado, está la aportación pública ya programada —pendiente de los trámites y la aprobación correspondiente— y, por otro, el acuerdo con el Puerto: hablamos de dos anualidades que suman en torno a 9 millones, más casi 10 millones vinculados a la compensación por el suelo. Es decir, al Puerto se le entrega un suelo logístico para sustituir el que se destina al Auditorio y, además, con una operación que amplía su disponibilidad de suelo. Eso, en la práctica, queda “pagado” y ordenado. Aquí conviene recordar el contexto: hubo un momento en el que el Puerto planteaba ceder el suelo sin coste, pero aquello se alteró cuando entró por medio una iniciativa de Magdalena Álvarez cuando era ministra de Fomento que cambió el marco y ya no se aportaba en esos términos. En los años 80, sin ir más lejos, el Ministerio de Cultura llegaba a cubrir proyectos al 100%, y Málaga perdió aquella oportunidad. En cuanto a la inversión privada y la campaña de patrocinios, ya tenemos una respuesta importante: Cajamar para el naming (el nombre), que en cualquier caso saldrá a concurso, y además varias empresas que han manifestado su intención de sumarse al club de mecenas. Recuerdo, por ejemplo, Sando, Miramar, Soho Boutique y alguna más; otras han dicho que sí, pero aún falta que lo formalicen por escrito. Todo esto se articulará con un procedimiento competitivo y transparente. Y estamos empeñados en que esa oportunidad se conozca bien: el muro de mecenas, en el hall, será un reconocimiento visible y permanente. Queremos que las empresas locales y regionales sepan que esta es una manera de vincular su nombre a un proyecto para toda la vida. Al final, el Auditorio no es un capricho: es un déficit histórico. No hay muchas ciudades del tamaño de Málaga —en España y en Europa— que no tengan un auditorio a la altura. Es necesario para una ciudad que aspire a la ópera, para que la Orquesta brille y para atraer grandes formaciones. Por eso lo consideramos un proyecto clave de lo que queda de legislatura.

No hay muchas ciudades del tamaño de Málaga —en España y en Europa— que no tengan un auditorio a la altura

¿Cuáles cree que serán los beneficios culturales y socioeconómicos para Málaga?

No es solo un proyecto cultural. El Auditorio tiene un valor evidente para la vida cultural de la ciudad —para ampliar la oferta, dar un salto de calidad y atraer programaciones y orquestas de primer nivel—, pero también es un equipamiento incentivador de la economía.Desde el punto de vista práctico, aportará más espacio para congresos, convenciones y encuentros empresariales, complementando al Palacio de Ferias y Congresos, que ya funciona bien y que, además, también tenemos previsto ampliar. Málaga está teniendo un éxito enorme en el turismo de congresos, que es el tipo de turismo que buscamos: menos centrado en cantidad y más en calidad. Y pongo un ejemplo muy claro: el congreso de Medicina Estética que antes rotaba entre Madrid y Barcelona y que lleva ya once años seguidos celebrándose en Málaga. Eso mueve muchísimas personas y genera un impacto directo en hoteles, restauración, comercio y servicios. En general, los congresos traen un turismo que deja más valor añadido y ayuda a desestacionalizar. Además, el Auditorio reforzará una oferta cultural de calidad durante más días al año. Tenemos el Cervantes, tenemos otros espacios, pero un equipamiento así nos da otra dimensión y más capacidad para programar, atraer grandes producciones y consolidar esa aspiración de ciudad cultural.

¿Cree que finalmente se podrá cumplir con el objetivo y que, antes de las elecciones de 2027, se pueda empezar?

El objetivo es que sí, pero hay que ser realistas: una cosa es la voluntad política y otra los plazos administrativos y de licitación. Lo importante es que se avance con pasos firmes —proyecto, licitación y adjudicación— para que el arranque sea irreversible y, en cuanto el calendario técnico lo permita, se pueda iniciar el proyecto. La clave es dejar encarrilada la financiación y el procedimiento para que no dependa de anuncios, sino de hechos.

Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, durante una entrevista el 16 de febrero de 2026

Francisco de la Torre busca que el turismo en Málaga sea de calidad en vez de cantidad. / Álex Zea

¿Lo considera como algo personal?

He enviado muchas cartas a empresas y, por ahora, están respondiendo como esperaba, aunque todavía queda camino por recorrer. En cualquier caso, el esquema está bastante claro. Por un lado, saldrá el concurso del edificio. Y, además, tendremos otro paquete específico de patrocinios, que ronda los 15 millones de euros, pero con una clave importante: esos patrocinios se pagarían en diez años y, además, una vez terminada la obra. Es decir, mientras se construye, las empresas no tienen que desembolsar nada; durante la ejecución, la financiación la asumimos nosotros, pero con la tranquilidad de que existe un compromiso firme de aportación cuando el Auditorio esté finalizado. Eso nos permite afrontar el proyecto sin que suponga un lastre que impida seguir abordando otras inversiones y actuaciones de ciudad —por ejemplo, el Guadalmedina u otros proyectos compatibles con nuestra capacidad inversora—. Lo hacemos con la espalda razonablemente cubierta. En cifras, la estructura que estamos manejando se reparte, aproximadamente, así: 15 millones vinculados a la sala principal, 5 millones para la siguiente sala —la de música de cámara— y otros 5 millones para un componente de tour o recorrido turístico. En total, 25 millones en esa línea, que se sumarían a otros 40 millones de aportaciones ya previstas. Ahí estaríamos en torno a 65 millones. A partir de ahí entra el club de mecenas, que dependerá de la respuesta final: si se alcanzan 20 millones, estaríamos ya en torno a 85; si fueran 25 millones, nos iríamos hacia los 90. Y con otras aportaciones complementarias, estaríamos superando los 100 millones, que es el umbral que queremos consolidar para que la parte pública ronde los 100 millones y quede perfectamente encajada. En ese reparto, sigue existiendo un hueco que nos gustaría cubrir con el Ministerio de Cultura. Hoy la situación es la que es, pero nunca se sabe: si mañana hay un cambio de ministro, puede que al menos se abra una vía de diálogo.

Otra obra emblemática: el proyecto del CaixaForum Málaga lleva meses en marcha con adjudicación de terrenos y construcción de jardines, ¿qué calendario de obras y apertura puede confirmar el Ayuntamiento?

El CaixaForum Málaga lo planteé desde mis primeros tiempos como alcalde. Y, a día de hoy, el Ayuntamiento ya ha cumplido con lo que le correspondía: ceder la parcela y conceder la licencia. A partir de ahí, el calendario ya no lo marca el Ayuntamiento. Corresponde a la propia Fundación “La Caixa" definir sus tiempos, elegir la empresa o el modelo de contratación que considere más oportuno, ejecutar la inversión y organizar las obras. Y creo que ahí hay que respetar su protagonismo: son ellos quienes deben anunciar cuándo empiezan y cuándo prevén abrir, porque es su proyecto y su inversión. Lo que sí puedo decir es que, por la importancia de la actuación y porque los trámites municipales están ya realizados, estoy convencido de que será cuanto antes.

Renuncia al Mundial 2030

¿Considera que renunciar al Mundial de 2030 puede considerarse un fiasco o un fracaso?

No. Ha sido una decisión necesaria; ya no digo “acertada”, pero sí prudente. Si hubiéramos seguido esperando a que el Ministerio de Transportes autorizara lo que queríamos hacer —por ejemplo, la instalación de gradas para abonados y otras actuaciones vinculadas— no habríamos llegado a tiempo. Mandamos un escrito desde Urbanismo y, viendo que el asunto se atascaba, intenté moverlo directamente. Hablé con Santano —que es una persona ahora conocida—, le envié carta y también WhatsApp, explicándole el proyecto de mejora de la MA-20 y, en concreto, una glorieta que hay que mejorar. Ese proyecto se presentó hace ya dos años y le trasladé que estábamos dispuestos a colaborar e incluso a anticipar parte de la actuación, precisamente para llegar a tiempo. Pero la respuesta que recibimos fue la típica contestación burocrática, fría y distante, sin resolver en plazo lo que era imprescindible. Y ahí quizá fuimos un poco ingenuos, porque íbamos con el tiempo justo: sobre el papel podía haber margen, pero si te consumes cuatro, cinco o seis meses —o más— en ese trámite, ya no llegas. Después de haber invertido tiempo en informes, firmas de convenios y preparación, lo prudente era tomar la decisión y no arriesgarse a un incumplimiento que pudiera perjudicar la imagen de Málaga y de España.

Lo prudente era tomar la decisión de renunciar a ser sede del Mundial 2030 y no arriesgarse a un incumplimiento que pudiera perjudicar la imagen de Málaga y de España

¿Por qué La Rosaleda, en principio, no puede quedarse donde está y se plantea una nueva ubicación?

En principio, no es que “no pueda” quedarse donde está. Lo que ocurre es que el estudio que se ha encargado —lo está haciendo una alianza de dos empresas ya definida— tiene que analizar todas las alternativas, incluida la ubicación actual. Ese análisis contempla varias posibilidades: mantenerla tal cual, ampliarla, incluso girar el estadio o replantear su implantación para ver si se puede crecer sin generar un impacto inasumible en el entorno. ¿Dónde está una de las claves? En que una ampliación relevante, tal y como se planteó inicialmente, implicaba que el estadio “se abriera” y volara o invadiera de alguna forma el espacio hacia la Avenida de La Palmilla (por la propia solución arquitectónica y por necesidades de aforo y servicios). Y ahí hay que comprobar hasta qué punto eso es compatible con la movilidad, los accesos, la seguridad y el funcionamiento de esa avenida y del barrio.También existe la opción de que, para minimizar esa afección, hubiera que girar el estadio o reorganizarlo, pero eso igualmente requiere estudios técnicos serios. La diferencia ahora es que, sin la presión del reloj (la del Mundial), se puede estudiar con calma: comparar impacto urbano, coste, plazos y viabilidad de mantenerlo en su sitio frente a otras ubicaciones posibles. Y ese es exactamente el trabajo que se les ha pedido.

La ciudad de Málaga está compitiendo con otras capitales europeas para albergar la sede de la nueva Autoridad Aduanera de la Unión Europea. ¿Cuál es, desde su perspectiva, el principal argumento que diferencia la candidatura malagueña frente a las demás?

Muchísimas cosas. El principal argumento que diferencia la candidatura de Málaga es una combinación difícil de igualar: capacidad para atraer talento, ecosistema tecnológico e internacional y calidad de vida. Málaga se ha consolidado como un nuevo hub tecnológico, y la Autoridad Aduanera —por el perfil técnico y especializado que requiere— encaja perfectamente en un entorno así. Quien venga a trabajar aquí puede vivir bien, con un ambiente internacional, y eso también influye: si la gente está a gusto, trabaja mejor. A eso se suma que Málaga dispone de colegios internacionales, una conectividad aérea muy potente con Europa —con enlaces directos con muchísimas ciudades y capitales— y un ecosistema que mezcla innovación, cultura y proyección exterior. Además, la candidatura incluye una propuesta muy concreta y práctica: un edificio para albergar la sede y la disposición del Ayuntamiento a asumir el alquiler o incluso comprarlo, si se prefiere esa fórmula. Y el espacio excedente, si lo hubiera, lo ocuparía el propio Ayuntamiento, porque aquí no sobran precisamente plantas libres. Dicho esto, el procedimiento no es sencillo: parece una codecisión del Consejo y el Parlamento Europeo y no sé hasta qué punto está ya definido cómo se selecciona, si hay una preselección de ciudades o cómo se resuelve el encaje institucional. También influye, lógicamente, la capacidad de movilización de cada candidatura. En todo caso, nosotros vamos a pelearlo con el Gobierno y también pidiendo apoyo al Partido Popular europeo para que haga lo posible.

No quiero entrar en dinámicas preelectorales. Cuando toque, tendré en cuenta si me presento a la reelección si siento que todavía puedo aportar, empujar proyectos y servir a la ciudad con energía y claridad, con fuerza y salud, ilusión y, sobre todo, el sentimiento de ser útil

Liderazgo y futuro

Usted no ha descartado ni confirmado si se presentará nuevamente en 2027. ¿Qué factores está considerando para tomar esa decisión y qué mensaje enviaría a la ciudadanía sobre su compromiso con Málaga?

Ahora mismo, sinceramente, no me deja tiempo para pensar en eso. Hemos hablado en esta entrevista de muchas cosas —y hay otras tantas más— y mi prioridad es seguir trabajando en los proyectos que están en marcha. Además, conviene recordar algo: esta decisión no depende solo de mí. Es el Partido Popular el que confecciona las listas y, llegado el momento, tendrá que tomar sus decisiones. ¿En qué me fijaré cuando toque? En factores muy concretos: fuerza y salud, ilusión, proyecto y, sobre todo, el sentimiento de ser útil. Eso es lo clave: si uno siente que todavía puede aportar, empujar proyectos y servir a la ciudad con energía y claridad.

No quiero hacer alusión a la edad, porque en su caso, sus 83 años son muy relativos y queda en evidencia, pero tras más de 25 años en la alcaldía, algunos sectores señalan desgaste o críticas puntuales por la gestión de la ciudad. ¿Cómo responde a quienes piden renovación o voces nuevas en la política municipal?

No tengo una respuesta cerrada para eso. Cada cual es libre de pensar lo que quiera. Yo no quiero entrar en dinámicas preelectorales, porque estamos en el mandato actual y mi obligación es centrarme en gobernar. Lo que estoy intentando es hacer las cosas lo mejor posible, trabajar y resolver los asuntos de la ciudad con seriedad. Si en algún momento hubiera una decisión que tomar —y si el Partido Popular lo planteara y yo estuviera en ese escenario—, entonces ya hablaríamos de ello con claridad. Pero ahora mismo, sinceramente, no toca hablar de eso porque no estoy en esa pantalla.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents