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Gneisenau

Fritz Hancker: el marinero alemán que salvó a 14 jóvenes en el hundimiento de la Gneisenau en Málaga

Su nieto asegura que fue uno de los primeros navegantes que reunió el valor necesario para lanzarse desde la nave hacia las rocas para escapar la muerte

El marinero Friedrich Hancker que salvó a 14 jóvenes en el hundimiento de la Gneisenau.

El marinero Friedrich Hancker que salvó a 14 jóvenes en el hundimiento de la Gneisenau. / Knut Hancker

Paula Tigges

Desde Bremen narra el alemán, Knut Hancker, la historia de su abuelo, Friedrich Hancker, que estuvo a bordo de la Gneisenau hace 125 años. Aquel barco que se hundió en el puerto de Málaga durante una gran tormenta y se llevó la vida de 41 marinos alemanes. Afortunadamente, Friedrich no fue uno de ellos. Él ya contaba con varios años de experiencia como marinero cuando ocurrió la tragedia. Fue uno de los primeros navegantes que, con el mar embravecido y en medio del caos, reunió el valor necesario para lanzarse desde la nave hacia las rocas para salvar su vida, relata su nieto.

Friedrich, conocido comúnmente como Fritz, nació un 12 de enero de 1879 en el barrio alemán Wilstorf, en Hamburgo. Su etapa de estudiante fue muy breve, no llegó a durar ni una década. Fritz fue a un colegio en Rönneburg, un distrito a las afueras del sur de Hamburgo, de los 6 a los 14 años. A esa edad terminó la escuela y justo después de realizar la confirmación “se fue al mar”, escribe en su currículum. 

Así, de un día para otro, pasó de ser un niño a ser adulto. Knut narra que en 1893 abandonó la casa de sus padres para viajar a Estados Unidos como polizón a bordo de un velero. Una vez allí, recorrió el país subiéndose clandestinamente en trenes de mercancía. Las personas que llevaban ese estilo de vida a finales del siglo XIX eran conocidas en Norteamérica como ‘hobos’. Esta experiencia no le encantó y rápidamente volvió al mar.

Anécdotas durante su servicio militar

A partir de ese momento comenzó su experiencia marítima y laboral, navegando a bordo de veleros y barcos de vapor que le permitieron conocer el mundo. El 18 de marzo de 1899 fue reclutado para ser marinero en la corbeta SMS Prinzess Wilhelm, allí completó su formación. La historia de cómo llegó a formar parte de la tripulación de esta corbeta de la Armada Imperial Alemana no está clara, su nieto narra dos versiones.

La primera, que considera "no muy creíble", es que se presentó al cónsul general de Alemania en Hong Kong para realizar de manera voluntaria el servicio militar a bordo de esa embarcación. Mientras que la segunda posibilidad, es que el buque estadounidense en el que viajaba fue interceptado por un buque de guerra holandés. Fritz tuvo que mostrar su documentación y como era alemán fue derivado al Consulado General Alemán en Hong Kong. Y allí lo alistaron al ejército. "Voluntario no fue. Allí nadie se alista tres años de manera voluntaria a realizar el servicio militar", afirma Knut.

Y así Fritz después de 7 años viajando como ‘hobo’ por Estados Unidos y con experiencia navegando en buques mercantes, acabó asignado a la segunda división naval como único recluta a bordo de la S.M.S. Prinzess Wilhelm.

En esta corbeta continuó recorriendo mares y océanos. El primer destino fue Tsingtao, ahora conocida como Qingdao, una ciudad portuaria en China que en ese momento era colonia alemana. Allí tuvo que completar su entrenamiento militar básico a bordo del barco y en tierra firme. La corbeta abandonó esa posición rápidamente y se dirigió a la ciudad alemana Wilhelmshaven, donde echó anclas un 22 de julio de 1899.

En el trayecto zarpó por diversos mares y tuvo que realizar muchas paradas para reponer suministros. Entre los países y ciudades que conoció en esta aventura estuvieron: Shanghái, Singapur, Ceilán, ahora Sri Lanka, Vietnam, India, Colombia y muchas más. En esas paradas practicaba la marcha militar y experimentó nuevas culturas y gastronomías, como lombrices fritas.

Una anécdota remarcada por el hijo de Fritz en sus memorias, Fritz Hancker, es la relación que tenía el marinero con su instructor. El suboficial de instrucción se caracterizaba por tener una actitud bastante fastidiosa con él, y aquello produjo varios enfrentamientos entre ambos. Un día en la cubierta incluso llegaron a desenvainar sus bayonetas, un arma blanca que se fija en el extremo del fusil para el combate cuerpo a cuerpo. Un acto que era considerado delito, pero como no hubo testigos no tuvo consecuencias.

Otra historia que rememora su hijo durante el servicio militar de su padre estuvo relacionada con su práctica de marcha. El suboficial le ordenó que marchase hacia delante corriendo y así lo hizo Fritz, pero cuando le dio la orden de volver a la posición inicial, la ignoró y siguió hacia delante. Un entrenamiento que fue observado desde el barco a través de prismáticos por el primer oficial. No obstante, Fritz no fue castigado, se responsabilizó a su instructor. Y así terminó el marinero su entrenamiento.

A bordo de la Gneisenau

El buque escuela Gneisenau necesitaba marineros con experiencia que se encargaran de poner en marcha el barco, para ello Fritz Hancker era el candidato perfecto. Con 21 años ya contaba con mucho tiempo vivido a bordo de diferentes embarcaciones, asimismo, ya había terminado su formación. De esta manera comenzó a formar parte de la tripulación donde contaba con una tarea "especial", ya que había recibido formación como artillero de revólver a bordo de otros buques. "Me puedo imaginar que las prácticas de tiro que realizaron en Málaga formaron parte de la formación de los cadetes y que el también participó en ellas", explica su nieto.

En la Gneisenau continúo viajando por el mundo, un destino destacado por su nieto fue Noruega. Zarpó unos meses antes de atracar en Málaga, concretamente el 10 de septiembre de 1900. "Allí estuvo en las montañas y trajo un maravilloso álbum de fotos", que se compró como recuerdo. Antes de dirigirse al puerto de Málaga pararon en Alemania, allí dejó alguna de sus pertenencias entre ellas ese libro de fotos que aún conserva la familia.

Albúm de fotos que adquirió Fritz en su viaje a Noruega a bordo de la Gneisenau.

Albúm de fotos que adquirió Fritz en su viaje a Noruega a bordo de la Gneisenau. / Knut Hancker

El día del hundimiento

El 16 de diciembre la fragata continuaba en Málaga, ya cumplía un mes en la costa malagueña. El día de antes las condiciones meteorológicass habían virado drásticamente. Ese domingo el temporal solo iba a peor y la Gneisenau con 471 tripulantes a bordo peligraba. El viento era el principal problema para la embarcación, ya que impedía enderezar la nave.

Después de media hora de lucha contra el vendaval el capitán dio la orden de levantar el ancla. Lo que provocó que el barco quedase a la deriva y golpease contra el espigón. Este impacto abrió una gran brecha que supuso el inicio del fin de la Gneisenau. Es entonces cuándo se ordenó abandonar la embarcación.

La abuela de Knut fue la que le contó la historia de aquel trágico domingo. Y así se transportaron mentalmente al lugar de los hechos, mientras observaban una reproducción de un cuadro de la Gneisenau de Eulogio Genovés que colgaba en la casa de sus abuelos. Esta fotografía muestra cómo la tripulación intentó salvarse desde la cubierta y los mástiles deslizándosese con cuerdas a tierra firme.

La fotografía de la corbeta Gneisenau que colgaba en casa de Fritz Hancker.

La fotografía de la corbeta Gneisenau que colgaba en casa de Fritz Hancker. / Knut Hancker

Knut narra que su abuelo fue uno de los primeros que abandonaron el barco saltando desde la cubierta hacia las rocas. Algo que era muy peligroso por la condiciones meteorológicas y la distancia que lo separaba. Nadar no era una opción, con el mar embravecido acabaría colisionando contra las rocas. Una vez que su vida estaba a salvo se encargó de ayudar a sus camaradas. Junto a los demás compañeros lanzó cuerdas al barco para que los demás tripulantes pudiesen escalarlas y llegar a tierra firme. De esta forma consiguió salvar a 14 jóvenes.

El temporal provocó que el barco se alejase de la orilla lo que causó que las cuerdas se tensaran y se rompiesen. Muchos de los marineros cayeron al agua lo que provocó múltiples muertes. Los afortunados que escaparon de la muerte sufrieron graves heridas en las manos por el roce con las cuerdas. Esta tragedia desató una ola de solidaridad en la ciudad, los malagueños se dirigieron al dique del levante para socorrer a los marineros afectados.

Knut destaca un 'collage' que "probablemente" recibieron todos los tripulantes que sobrevivieron al desastre. La impresión está formada por múltiples fotografías de Málaga y del buque escuela. Destacan los elementos históricos como el Castillo de Gibralfaro y el antiguo muro de la ciudad. Además, aparecía el nombre de Fritz impreso. Después de aquella tragedia Fritz no volvió a Málaga, pero sí a la vida de marinero.

'Collage' de fotos de Málaga y la Gneisenau que recibió Fritz como superviviente del desastre

'Collage' de fotos de Málaga y la Gneisenau que recibió Fritz como superviviente del desastre. / Knut Hancker

El buque escuela SMS Stein

El entrenamiento de los cadetes alemanes continúo a bordo de otro barco, el buque escuela Stein. Tras la tragedia marítima regresaron a Kiel, en Alemania, donde partieron con esta corbeta. Fritz viajó a bordo de esta durante casi cuatro meses, de enero a abril de 1901.

Durante ese periodo visitó Lisboa y Gibraltar. Su nieto destaca que allí probablemente contactase con alguien "especial" en el Consulado alemán de Gibraltar, ya que conservó una postal suya durante el resto de su vida.

Postal de Gibraltar que conservó Fritz Hancker

Postal de Gibraltar que conservó Fritz Hancker. / Knut Hancker

El 25 de septiembre de ese mismo año dejó de ser marinero. Lo dejaron abandonar el último barco un poco antes de finalizar su servicio militar, con 22 años y medio.

El resto de su de vida

"Era un hombre sencillo que no había aprendido nada más que ir en barco", destaca Knut, por lo que tuvo que enfocarse en su carrera profesional. Fritz regresó a su tierra natal donde trabajó en el ferrocarril real de Hamburgo, donde se encargó de cargar vagones de mercancías. Con los años fue escalando en la profesión hasta convertirse en el responsablele de supervisar la carga y descarga de mercancía. Finalmente, obtuvo el puesto de funcionario ferroviario lo que le permitió tener una buena pensión.

Aunque cambiase de profesión nunca deshizo su vínculo con el mar. A diario hacía uso del lenguaje propio de un marinero y así lo demostraba en las cartas de se intercambiaba con el padre de Knut. En una de ellas compara los destinos de ambos. El padre de Knut fue herido a bordo de un barco por el ataque de un avión. Fritz le escribió y le dijo que su destino fue la Gneisenau y que el de su hijo fue ese, comparando ambas experiencias vividas sobre el mar. Knut destaca otra carta que le enseñó su padre donde decía Fritz: "Esta mañana hemos salido con la fragata para visitar al Almirante". La fragata era su mujer y el almirante su cuñada.

La tragedia de la Gneisenau le pasó factura a largo plazo, ya que sufrió una pleuritis, una inflamación pulmonar, de por vida. Lo que implicó una visita constante al hospital, la de 1946 fue la última. Fritz se encontraba mal y una ambulancia lo recogió para llevarlo al hospital, falleció antes de llegar. Knut cuenta que las personas que morían en la ambulancia las trasladaban al hospital del puerto. "Mi abuela siempre me decía incluso en la muerte consiguió volver al puerto", recuerda.

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