Sanidad
Investigadores de Málaga explican cómo funciona el ‘piloto automático’ del cerebro y el poder de los hábitos
Un estudio de Ibima y la UMA demuestra que, cuando actuamos con prisa o bajo presión, los hábitos pueden imponerse a nuestras decisiones y llevarnos a repetir los mismos errores

De izq. a dcha. los investigadores David Luque y Pablo Martínez / L.O.

La ciencia malagueña confirma que, bajo presión, somos más esclavos de nuestras costumbres de lo que pensamos. Así lo demuestra un estudio de Ibima y de la Universidad de Málaga (UMA), que explica con mayor precisión cuándo y cómo el cerebro activa un “piloto automático” que prioriza los hábitos frente a nuestras metas conscientes.
¿Alguna vez te ha ocurrido que, conduciendo de regreso a casa mientras piensas en otra cosa, de repente te das cuenta de que has tomado la salida de siempre aunque hoy querías ir a otro lugar? Este tipo de conductas es lo que se conoce como hábitos: respuestas automáticas que el cerebro graba tras la repetición constante de una acción.
Desde Ibima recuerdan que, desde hace años, distintos estudios y laboratorios han señalado que estos hábitos pueden imponerse a nuestras decisiones, especialmente cuando actuamos deprisa o bajo presión.
Nueva evidencia
Ahora, un equipo de investigadores malagueños, entre los que destaca la participación de David Luque y Pablo Martínez —ambos pertenecientes al grupo del Instituto ‘Cognición Casual’—, ha reforzado esta línea de investigación al demostrar con mayor precisión cuándo y cómo esos hábitos toman el control de nuestro comportamiento en el laboratorio, aportando nuevas claves para medir de forma fiable ese ‘piloto automático’ del cerebro.
Se trata de un avance relevante para abordar problemas como la impulsividad, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o las adicciones, donde el sistema de hábitos parece haber ganado la partida al control voluntario.
Metas vs. hábitos
Los investigadores explican que nuestro comportamiento se rige por dos sistemas: uno orientado a metas —flexible pero lento y costoso de usar— y otro basado en hábitos, que es rápido y automático, aunque más inflexible.
Hasta ahora, el principal obstáculo para la ciencia era que los hábitos no son fáciles de estudiar en el laboratorio, ya que los humanos utilizamos con gran eficacia nuestro “sistema flexible” para ocultar esas respuestas automáticas.
Para salvar este obstáculo, el equipo de la UMA e Ibima utilizó la presión del tiempo. Durante cuatro días entrenaron a los participantes en tareas específicas destinadas a crear un hábito sólido.

Imágenes de escáner de un cerebro. / L.O.
El estudio
Los resultados demostraron que, cuando se obliga a una persona a responder de forma extremadamente rápida —en apenas unos 300 a 600 milisegundos—, el sistema de metas no tiene margen de actuar y el hábito "asoma la cabeza", provocando errores automáticos.
Pero el estudio fue más allá. Los investigadores comprobaron que el hábito no solo nos lleva a fallar, sino que incluso cuando respondemos correctamente, puede ralentizarnos. “Incluso cuando los participantes respondían de forma adecuada a una nueva situación, su cerebro sufría una interferencia”, señalan los resultados del estudio.
Es lo que los científicos denominan el "coste de cambiar": un retraso de unos milisegundos en la reacción porque el cerebro tiene que hacer un esfuerzo extra para inhibir la respuesta automática que ya estaba lista para dispararse.
“Este hallazgo confirma que los hábitos están siempre activos en segundo plano, esperando su oportunidad para influir en nuestra conducta”, resalta Ibima en un comunicado.
Otro de los descubrimientos más relevantes fue que las dos formas de medir el hábito —cometer un error por rapidez o tardar más en reaccionar correctamente— no siempre coinciden en la misma persona.
Relevancia de la investigación
Para los investigadores, esto sugiere que el hábito tiene "varias caras" y que cada prueba científica captura un aspecto diferente de cómo el cerebro equilibra el control y la automatización.
Asimismo, en cuanto a la relevancia del estudio, los investigadores destacan que evaluar la fiabilidad de estas pruebas es "fundamental" para el futuro de la psicología y la neurociencia. En este sentido, aclaran que no solo se trata de curiosidad científica, sino que entender este desequilibrio es clave para tratar problemas como la impulsividad, el TOC o las adicciones.
“Este trabajo subraya la importancia de usar herramientas precisas antes de intentar entender por qué algunas personas son más propensas que otras a caer en conductas rutinarias o perjudiciales”, concluye Ibima.
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