Crónicas de la ciudad
El jardín del cónsul inglés que fue un ‘forrajal’ en Málaga
El Ayuntamiento ha convertido en un acertado y completo jardín mirador los únicos restos de la demolida finca de El Cónsul, que los vecinos en su día propusieron que fuera un centro social.

La loma de la antigua finca de El Cónsul, desde la parte que da a la actual urbanización. / A.V.
De 1980 es una espléndida foto aérea, de la Colección Richard González, en la que se aprecia el comienzo de las obras de los bloques verdes de El Cónsul que en su día marcaron, por esta zona, la expansión urbanística de Málaga.
Junto a las primerizas obras de cimentación, todavía se mantiene en pie el cortijo de El Cónsul, al poco demolido, siguiendo la arcana tradición malaguita de dejar en pie lo mínimo para las generaciones siguientes. Los planes vecinales de convertir el cortijo en un centro social, por supuesto no se tuvieron en cuenta.
El gobierno municipal de entonces, por cierto, era el del alcalde socialista Pedro Aparicio, que en todas partes cuecen habas.

El jardín de El Cónsul, en 2009. / ARCINIEGA
En 2009, la Asociación de Vecinos del Cónsul mostraba su preocupación a La Opinión por el abandono en el que se encontraba la loma en la que en su día se levantó el cortijo, por entonces escoltado por un jardín salvaje y un fastuoso ficus a pocos metros.
Los vecinos denunciaban que se había convertido en un «forrajal» en el que no faltaban jeringuillas usadas. Quiso calmar los ánimos la entonces concejala del Puerto de la Torre, Purificación Pineda, que recordó el compromiso de los populares de hacer un «parque forestal» en esa legislatura.

El gran ficus del jardín de El Cónsul, en la actualidad. / A.V.
El jardín mirador
El Ayuntamiento terminó cumpliendo su palabra, y aunque ‘parque forestal’ sea tan apropiado como tildar de bondadoso a Alí Jamenei, lo cierto es que quedó una zona verde bastante bonita y original, con el atractivo de que a ningún desnortado se le ocurrió ‘aplanar’ el cerro, sino aprovechar su emplazamiento para mantener el concepto de jardín mirador que ya tuvo este cortijo, del que el gran y tenaz investigador Manuel Muñoz rescató muchos datos de los archivos.

El cerro del Atabal, en el Puerto de la Torre, desde el jardín mirador de El Cónsul, esta semana. / A.V.
Por ejemplo, el nombre, como sabrán, se debe al cónsul inglés Nicolás de Olbar, que fue el propietario de la finca en la segunda mitad del XVIII (un propietario anterior, del XVII, se llamaba Gabriel García Márquez, aunque no se solazó en el realismo mágico sino en el trabajo en estas tierras).

La pérgola de El Cónsul, en la actualidad. / A.V.
La conversión en precioso jardín público regala una cuesta muy suave al visitante por la parte de la urbanización El Cónsul. Arriba le espera un campo de baloncesto, una modesta pérgola de hierro superviviente de la antigua finca, cubierto de plantas, y un ficus que nada tiene que envidiar a los de la Alameda.
Las vistas son maravillosas y al pie, un parque infantil. Las cosas, cuando se planifican, suelen salir bien.
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