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Movilidad

Park&ride a la malagueña: así se proyecta la red de aparcamientos disuasorios en los accesos a la capital

Málaga avanza en su red al este en Totalán y al oeste en el Carpena, con el objetivo de reducir el tráfico en el centro urbano, especialmente con la nueva Zona de Bajas Emisiones, pero el alcalde avanza que estudia nuevas ubicaciones en Teatinos y el Puerto de la Torre

Parcela donde el Ayuntamiento de Málaga construirá un parking disuasorio junto al Palacio Martín Carpena

Parcela donde el Ayuntamiento de Málaga construirá un parking disuasorio junto al Palacio Martín Carpena / Álex Zea

Ignacio A. Castillo

Ignacio A. Castillo

Málaga

La movilidad urbana ha entrado en una fase de cambio irreversible. Los objetivos de descarbonización que marca Europa —con el horizonte de reducir un 55% las emisiones netas en 2030, según el marco que se maneja en el debate público— y la consolidación de nuevas formas de desplazamiento sostenible están empujando a las ciudades a reordenar el acceso al centro: menos coche privado, más transporte público. Málaga no es una excepción. El Ayuntamiento ya ha empezado a desplegar su propia red de aparcamientos disuasorios: una 'corona' en los accesos este y oeste para que quien llega desde el área metropolitana pueda aparcar y continuar en transporte público. El objetivo no es menor: rebajar la presión del vehículo privado sobre el núcleo urbano, especialmente ahora que la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) convierte la movilidad en un tablero con nuevas reglas.

Con la entrada en vigor de estas restricciones, aparece una pregunta práctica: ¿dónde deja el coche quien no puede, no quiere o no le compensa entrar? En la hoja de ruta municipal, los dos primeros grandes nodos en la periferia —uno junto al Palacio Martín Carpena y otro en el límite con Rincón de la Victoria, en el entorno del Arroyo de Totalán— suman en torno a 2.500 plazas y se conciben como infraestructuras intermodales: aparcar, trasbordar y avanzar en metro o autobús.

Pero el alcalde, Francisco de la Torre, ha avanzado, en declaraciones a La Opinión de Málaga, de que ya estudia la posibilidad de nuevos emplazamientos en el campus de Teatinos, para lo que sería necesario iniciar converaciones con la Universidad de Málaga, y en el Puerto de la Torre.

5.000 plazas: la idea de fondo

Málaga busca ahora su propio modelo, apoyado en una idea que el Plan de Movilidad Sostenible (aprobado en 2021) definió como una “corona” de aparcamientos. El término lo popularizó la concejala de Movilidad, Trinidad Hernández, en un foro organizado por La Opinión de Málaga. Este Plan de Movilidad Sostenible dibuja un sistema de aparcamientos disuasorios pensado como red, no como actuaciones aisladas. La meta: hasta 5.000 plazas repartidas en puntos estratégicos, con un propósito claro: descargar de tráfico la ciudad consolidada y ganar eficiencia en el acceso al Centro.

En términos prácticos, la estrategia busca captar al conductor antes de que llegue a los barrios interiores. No se trata solo de ofrecer una explanada para dejar el coche: el proyecto municipal apunta a crear auténticos nodos de intermodalidad, donde el trasbordo sea rápido, cómodo y (sobre todo) atractivo.

Mapa rápido de plazas previstas (Plan 2021)

  • Estación de Cercanías Guadalhorce: 1.000 plazas.
  • Arroyo de Totalán (junto a la cementera, acceso Este): 1.500 plazas.
  • Plaza Mayor: 500 plazas.
  • Bulevar Louis Pasteur / Ciudad de la Justicia: 500 plazas.
  • Ciudad Jardín (plaza John F. Kennedy): 500 plazas.
  • Los Asperones (metro Andalucía Tech): 500 plazas.
  • Río Campanillas: 500 plazas.
  • Glorieta de Camino de Suárez: 500 plazas.
  • San Ignacio (entre calle Almería, carretera de Olías y Arroyo Gálica): 500 plazas.
  • Cañaveral (Puerto de la Torre): 500 plazas.
  • Baños del Carmen: 500 plazas.
  • Pizarrillo (Churriana): 500 plazas.
En amarillo, la parcela donde se proyecta el aparcamiento disuasorio del Martí­n Carpena.

En amarillo, la parcela donde se proyecta el aparcamiento disuasorio del Martí­n Carpena. / L.O

Martín Carpena, la primera gran pieza

El proyecto del entorno del Martín Carpena se plantea como el gran captador del tráfico procedente de la Costa del Sol Occidental y del área del Guadalhorce. El Plan de 2021 apuntaba a 500 plazas en la gran explanada del Carpena como proyecto pionero. Los desarrollos técnicos posteriores, tal y como se ha venido difundiendo en la planificación municipal más reciente, describen un salto de escala: una solución híbrida soterrada y en altura que mantendría 750 plazas actuales ligadas a eventos y añadiría 467 plazas nuevas dedicadas a la intermodalidad.

La ubicación no es casual: el parking quedaría a unos 100 metros de la línea 2 del Metro de Málaga, además de enlazar con las cabeceras de las líneas 7 y 31 de la EMT. La lógica es evidente: si el trasbordo es inmediato, la alternativa al coche deja de ser una promesa y se convierte en rutina.

El coste estimado del aparcamiento se mueve entre 20 y 23 millones de euros. Pero la cuenta no termina ahí: a esa cifra habría que sumar entre 6 y 14 millones para mejorar los accesos desde la MA-20 y la MA-21. En otras palabras: no basta con construir plazas, hay que garantizar que el sistema “trague” sin generar nuevos cuellos de botella.

El desembarco en el este: Arroyo de Totalán

Si el Carpena apunta al oeste, el segundo gran salto se dibuja en el límite con Rincón de la Victoria, junto al Arroyo de Totalán y la Ronda Este (MA-24). La magnitud del dato marca la ambición: un aparcamiento para 1.500 vehículos, con la misión de absorber el flujo que llega desde la Axarquía.

El Ayuntamiento ya ha movido ficha con la licitación de los estudios de demanda y accesos, necesarios para dimensionar la infraestructura. La idea de fondo es ofrecer una alternativa real antes de que el tráfico se adentre en los barrios del Este y termine convirtiendo el recorrido urbano en una procesión de frenazos.

Hay un motor que explica por qué esta red pasa de “conveniente” a “imprescindible”: la ZBE, que abarca 437 hectáreas del Centro. Los estudios técnicos manejados para proyectar los aparcamientos disuasorios apuntan a que entre el 40% y el 45% de la demanda prevista estará directamente relacionada con las restricciones de acceso para los vehículos más contaminantes.

Dicho de otro modo: una parte sustancial del éxito de estos aparcamientos no dependerá solo del diseño, sino del nuevo contexto regulatorio. Si entrar es más difícil —o directamente inviable para algunos coches—, aparcar fuera y continuar en transporte público deja de ser una elección “verde” para convertirse en una solución práctica.

Pero hay una advertencia que aparece como línea roja: la demanda es “extremadamente sensible” al precio. Los análisis de sensibilidad concluyen que cualquier coste puede desplomar el uso. Por eso se plantea una receta concreta para que el efecto disuasorio sea real: estacionamiento gratuito para usuarios del transporte público. Si el aparcamiento se paga como un parking convencional, el incentivo pierde fuerza y el sistema se queda a medias.

En amarillo, la parcela donde se proyecta el aparcamiento disuasorio en el Arroyo de Totalán.

En amarillo, la parcela donde se proyecta el aparcamiento disuasorio en el Arroyo de Totalán. / Google Maps

Más que un parking: intermodalidad con servicios y micromovilidad

La visión municipal no se limita a sumar plazas de estacionamiento. El modelo que se describe para estos espacios se aproxima a un hub de movilidad, con equipamientos pensados para multiplicar alternativas:

  • Carga eléctrica: plazas reservadas y puntos de recarga para vehículos eléctricos.
  • Micromovilidad: espacios seguros para bicicletas y patinetes, con taquillas inteligentes y control de acceso mediante apps.
  • Servicios añadidos: posibilidad de incorporar talleres, puntos de lavado, taquillas para paquetería y venta automática de billetes.

La lógica es simple: cuanto más completo sea el nodo, menos “castigo” siente el conductor al dejar el coche y cambiar de modo.

Otras ubicaciones en el radar… y nuevas puertas que se abren

En paralelo, el propio alcalde, Francisco de la Torre, ha puesto sobre la mesa una realidad que ya funciona como aparcamiento disuasorio, sin etiqueta oficial: el entorno de Plaza Mayor–Ikea, donde muchas personas de Churriana y Alhaurín de la Torre aparcan y continúan en tren. Un comportamiento que, en la práctica, refuerza la tesis municipal: cuando hay oportunidad y conexión, el conductor se adapta.

Más allá de Carpena y Totalán, la planificación estratégica identifica otras piezas que completarían el puzle:

  1. Acceso Norte: zona Ciudad Jardín–Virreinas, conectada con la red de autobuses urbanos.
  2. Área del Guadalhorce: entorno del Hospital Clínico Universitario, con trasbordo a metro y bus.
  3. Alhaurín de la Torre: aparcamiento de 400 plazas en Tabico Alto, para enlazar con la flota de la EMT.

En una reciente entrevista con La Opinión de Málaga, De la Torre también ha abierto la puerta a ampliar el mapa con dos posibilidades. La primera sería empezar a negociar la posibilidad de crear un nuevo aparcamiento disuasorio en el campus universitario de Teatinos, ligado a una negociación con la Universidad de Málaga (UMA). La idea es que pueda ser utilizado por residentes en municipios de la comarca del Guadalhorce, pero el alcalde ha remarcado que “hay que hablarlo con la universidad” y que no está aún estudiado en profundidad.

La segunda sería otro aparcamiento disuasorio más pequeño, de unas 500 plazas, en la zona de Junta de los Caminos, al final de Puerto de la Torre.

El alcalde ha insistido en que el Consistorio no puede afrontar en solitario este tipo de salto de escala: para que la red sea efectiva, hace falta respaldo de otras administraciones, en especial de la Junta de Andalucía, y coordinación en inversiones y planificación.

La pregunta de fondo: ¿será suficiente para cambiar hábitos?

La red de aparcamientos disuasorios se vende como pieza clave de una Málaga que quiere avanzar hacia un modelo de movilidad más eficiente, con menos congestión, menos ruido y menos emisiones. Pero su éxito dependerá de tres condiciones que pesan más que el hormigón: conexión real con metro y bus, tarificación que no espante al usuario y un enfoque metropolitano en el que las administraciones remen a la vez.

Si esas tres variables encajan, la 'corona' de parkings puede convertirse en el cinturón que faltaba para que la ciudad respire. Si no, el riesgo es el de siempre: construir infraestructuras correctas para un cambio de hábitos que nunca termina de llegar.

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