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Cultura marítima

La barca de jábega se despliega en dos tomos

Los autores del monumental ‘Abecedario incompleto de la jábega y sus contextos’, Ramón Crespo, Pablo Portillo y José Antonio Mellado, publican una edición ampliada y en dos tomos. En la portada del segundo tomo aparece una mujer anónima trabajando en un freidor de El Palo, identificada por sus familiares durante el encuentro con La Opinión.

Pablo Portillo (izq.), José Antonio Mellado y Ramón Crespo, con la nueva edición, en las playas de El Palo.

Pablo Portillo (izq.), José Antonio Mellado y Ramón Crespo, con la nueva edición, en las playas de El Palo. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

A finales de 2021, el profesor Ramón Crespo, el abogado Pablo Portillo y el jabegote José Antonio Mellado completaron la travesía de cinco años de trabajo y presentaron en la Sociedad Económica del País las más de 800 páginas, en un solo tomo en tapa dura, del ‘Abecedario incompleto de la jábega y sus contextos’ (Ediciones del Genal).

Un lustro más tarde, los autores regresan con la tercera edición, ampliada y renovada, porque se presenta en dos tomos para hacerla más ‘navegable’ a los lectores.

«En la Feria del Libro del año pasado la editorial me comentó que había público para una nueva edición, la tercera, y que en dos volúmenes de tapa blanda sería más manejable», explica Pablo Portillo.

Los dos malagueños anónimos

En el primer tomo se mantiene la portada inicial, con una fotografía hecha por el biólogo oceanógrafo Luis Bellón en 1947, que mostraba a un marengo anónimo en La Malagueta.

Como informó La Opinión, a los pocos días del reportaje el marengo fue identificado por Enriqueta Alarcón, de 90 años, una de sus hijas: se trataba de José Alarcón León, vecino de La Malagueta y más tarde de El Palo, dueño de la barca de jábega Dolores.

Unos familiares han podido identificar a la joven que aparece en el segundo tomo del abecedario de la barca de jábega.

Unos familiares han podido identificar a la joven que aparece en el segundo tomo del abecedario de la barca de jábega. / A.V.

El pasado febrero el mismo día del encuentro de este diario con los autores se desvelaba la identidad de la malagueña que, en primer plano, protagoniza la portada del segundo tomo. Como explica Pablo Portillo, «para el segundo volumen hemos hecho un guiño a la mujer faenera, la de la industrial auxiliar conservera de Málaga y después de varias pruebas escogimos otra foto de Luis Bellón».

En mitad de la cita con La Opinión, el jabegote José Antonio Mellado, que en la obra aporta sus muchas vivencias, logró despejar la incógnita de la mujer, tras mostrar la imagen primero a un hijo y luego a una sobrina de la joven: «Se llamaba María Gaitán García, trabajaba en el freidor de los Acosta en El Palo y la llamaban ‘María Huye’, como su madre», resume.

De María Gaitán, fallecida hace unos dos años, cuenta que «siempre estaba alegre y riendo» y era una persona muy querida por todo el barrio.

La jábega ya tiene su gran enciclopedia | ARCHIVO PEPI ALMOGUERA

Barca de jábega en la playa de Las Acacias en 1918, primera ocasión conocida en la que se fotografía el famoso ojo de la embarcación. / Archivo Emilio Rennes

Fuera tópicos

Y si el jabegote ha contado sus recuerdos en esta obra, Pablo Portillo se ha encargado de los ‘contextos’ de los que habla el título: desarrollar amplios temas relacionados con la barca.

De la parte del abecedario el responsable ha sido el filólogo Ramón Crespo, quien detalla que la tercera edición incorpora alguna novedad léxica como el verbo ‘lotar’ o ‘alotar’, que deriva de ‘lonja’ y significa «recoger el pescado en el último paño -el más tupido- del copo».

Los autores, de paso, muestran su desazón por algunos tópicos que en el mundo de la jábega se mantienen. Por ejemplo, el que el famoso ojo de la barca sea fenicio. Para los expertos, ese ojo es anterior, de origen mesopotámico, luego difundido por los fenicios; aunque Ramón Crespo apunta también a que su origen sea universal, porque está presente en todas las culturas.

Por otro lado, la barca de jábega, todavía sin protección cultural ni una tesis doctoral, lamenta Pablo Portillo, no es solo malagueña, pues hay embarcaciones muy similares en Portugal y Francia. Y en cuanto a los chanquetes, nunca fueron comida popular, sino de gente pudiente; como recuerda José Antonio Mellado, cuya abuela «servía en El Limonar».

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