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Tres investigadoras de Málaga rompen el techo de cristal en la ciencia: “Hacen falta más referentes”
Tres investigadoras del Ibima, María José Torres, Antonia Gutiérrez y Jessica Marian Goodman, reflexionan sobre su trayectoria, los obstáculos que encontraron en el camino, el peso de los referentes femeninos y la necesidad de romper los estereotipos

Álex Zea y Arancha Tejero

En la sede del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima Plataforma Bionand) se reúnen tres investigadoras de disciplinas distintas —Medicina, Biología y Enfermería— con trayectorias y experiencias diferentes, pero unidas por una misma vocación: la pasión por la ciencia y la investigación. También por una realidad compartida: la de haber tenido que abrirse camino en un ámbito todavía dominado por los hombres, donde el techo de cristal persiste frenando el ascenso de las mujeres a los puestos de liderazgo.
Ellas son la alergóloga María José Torres Jaén —catedrática de Medicina de la Universidad de Málaga (UMA), jefa de Servicio de Alergología del Hospital Regional, investigadora responsable del grupo de investigación ‘Enfermedades Alérgicas a Fármacos y Alérgenos’ de Ibima y presidenta de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI)—; la neurocientífica Antonia Gutiérrez Pérez —catedrática de Biología Celular de la UMA, investigadora responsable del grupo ‘Neuropatología de la Enfermedad de Alzheimer’ de Ibima y presidenta de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC)—, y la enfermera especialista en Salud Mental, Jessica Marian Goodman Casanova —coinvestigadora responsable del grupo ‘Investigación Básica, Clínica y Epidemiológica en Salud Mental’ de Ibima, arteterapeuta y divulgadora (@jmariagoodman)—. Tres mujeres con currículums brillantes que están de acuerdo en que todavía queda un largo camino para alcanzar la igualdad real en el mundo de la ciencia y la investigación.
En las aulas, laboratorios y hospitales cada vez hay más mujeres dedicadas a la investigación biomédica. Sin embargo, al observar los puestos de liderazgo —direcciones de grupo, cátedras o jefaturas de servicio—, la proporción cambia drásticamente. Mayoría en la base, minoría en la cima. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este 8 de marzo, La Opinión de Málaga reúne a estas tres investigadoras para hablar de vocación, carrera científica y de los obstáculos que aún encuentran las mujeres para alcanzar la cúspide investigadora.
Vocación temprana, pero sin referentes
En el caso de María José Torres, el interés por la ciencia apareció desde que era pequeña: “Yo lo tenía muy claro. No sabía si hacer Farmacia, Medicina o, incluso Física. Pero tenía muy claro, desde muy pequeña, que me gustaba mucho la Biología”.
Su carrera investigadora comenzó casi de manera natural durante la residencia en Alergología, cuando empezó a participar en pequeños proyectos de investigación que acabaron derivando en proyectos más competitivos del Instituto de Salud Carlos III, la creación de su propio grupo y la docencia en la Universidad de Málaga.

-Las científicas Antonia Gutiérrez, Jessica Marian Goodman y María José Torres posan en un laboratorio de IBima. / Álex Zea
Vocación por la ciencia desde niña
Antonia Gutiérrez también supo desde que era una niña que lo suyo era la ciencia. Recuerda cómo el programa televisivo ‘El hombre y la Tierra’, de Félix Rodríguez de la Fuente, despertó su curiosidad por el mundo animal y la empujó a estudiar Biología. Ya en la universidad, descubrió la fascinación por el universo celular y la microscopía. “Me enamoré de mirar por el microscopio y las neuronas fue lo que me enganchó todavía más”, afirma con una sonrisa.
Fue entonces cuando entró a formar parte de un grupo de neurociencia de la Facultad de Ciencias y encontró a una de sus primeras referentes femeninas: la científica Adelaida de la Calle, catedrática de Biología Celular y posteriormente rectora de la UMA.
Jessica Marian Goodman, en cambio, no lo tuvo tan claro desde el principio, aunque hoy comparte la misma pasión que sus compañeras. Siendo estudiante de Enfermería, participó como voluntaria en un congreso nacional de salud mental. Allí descubrió que la investigación también podía ser una salida dentro de su profesión. “De repente conocí a un montón de enfermeras de toda España con investigaciones, y yo que estaba muy alejada de que eso fuese mi futuro, me motivó un montón”, confiesa.
Más tarde, durante su residencia, tuvo la oportunidad de incorporarse a un proyecto europeo de investigación, una experiencia que la llevó después a elaborar su propia tesis doctoral y afrontar ahora su primer proyecto financiado. “Nunca me hubiese imaginado que podría llegar a donde estoy ahora”, admite.
Falta de referentes
Las tres investigadoras coinciden en que los referentes femeninos fueron, durante años, prácticamente inexistentes. “Yo no tuve referentes femeninos, también, probablemente, porque en aquella época no había mucho referente femenino”, relata Torres. Gutiérrez indica, por su parte, que no fue hasta que llegó a la universidad cuando encontró ese espejo en el que mirarse.
“Yo no tuve referentes femeninos, también, probablemente, porque en aquella época no había mucho referente femenino”
Goodman reconoce que la mayoría de las figuras que marcaron su trayectoria fueron hombres. “Todos mis referentes cercanos han sido masculinos: mi profesor de salud mental, que me animó a hacer la residencia; mi director de tesis; mi jefe de investigación actual. He tenido muy pocas figuras de mujeres a las que poder admirar”.
Y las tres están convencidas de que esa carencia persiste. “Yo creo que siguen faltando muchísimos”, subraya Torres. “Hacen falta más referentes, pero, sobre todo, también referentes en activo”, complementa Gutiérrez, que defiende la necesidad de que los jóvenes conozcan más de cerca a las investigadoras y científicas que están en activo y que lideran equipos. Ejemplos cercanos, actuales y reales.
“Hace poco estuvimos en institutos de primero a cuarto de la ESO y todos los referentes que daban en investigación eran hombres, salvo Mari Curie, que es la única que ha pasado la historia, pero nadie hablaba ni de científicos ni de científicas actuales”, añade Goodman, que insiste en la necesidad de seguir impulsando campañas de visibilización y programas que acerquen la ciencia a las niñas. “Se está trabajando mucho en ello, pero queda mucho recorrido”, sostiene Gutiérrez.
Techo de cristal
El gran obstáculo sobre el que las tres hablan con rotundidad es el techo de cristal. Aunque se haya resquebrajado en las últimas décadas, sigue pesando sobre las mujeres en el ámbito científico. “Es lo que se llama ‘la tijera’: hay muchísimas mujeres en niveles básicos, pero, a medida que vas ascendiendo, el número de mujeres en puestos directivos, catedráticas, jefas de servicio, investigadoras principales… disminuye de una manera brutal”, sentencia Torres.
“Los números lo dicen claramente”, apunta Gutiérrez. En el ámbito universitario, por ejemplo, señala que, aproximadamente, tan solo un 25% de los catedráticos son mujeres. “El 75% son hombres”. No obstante, puntualizan que esta brecha no responde a una falta de capacidad o preparación, pues recuerdan que en muchas titulaciones las mujeres acceden con mejores notas medias que los hombres.
Los datos que ofrece el portal I+Salud de la Fundación Progreso y Salud, dependiente de la Consejería de Sanidad, indican que en la provincia de Málaga las mujeres representan el 56,8% de los investigadores del ámbito de la salud, pero solo 36,5% son líderes de grupos de investigación.

Las científicas Antonia Gutiérrez, Jessica Marian Goodman y María José Torres posan en un laboratorio de IBima. / Álex Zea
La conciliación familiar y la maternidad sigue siendo, a juicio de las tres, una de las barreras más importantes. “La etapa clave de consolidación de la carrera de las mujeres coincide con el cambio en tu vida personal y el decidir si estableces una familia. Y en ese periodo hay muchísima gente que deja de avanzar”, reflexiona Gutiérrez. Aunque hoy muchas convocatorias científicas contemplan los periodos de maternidad, durante décadas no fue así, lo que generó que los currículums de las mujeres fueran inferiores respecto al de los hombres.
“La mayoría de las científicas somos mamás a edades avanzadas, ya en el límite. Mi segunda hija la tuve casi con 40 años”, agrega Gutiérrez. La investigadora subraya que la carrera científica exige estancias internacionales, plazos muy ajustados y, sobre todo, muchas horas de trabajo. “La ciencia no es de nueve a cinco”, resume. Conciliar, dice, es “muy difícil”.
“La mayoría de las científicas somos mamás a edades avanzadas, ya en el límite. Mi segunda hija la tuve casi con 40 años”
Para Goodman, en este ámbito también pesa la falta de referentes de mujeres que hayan logrado terminar la tesis durante o después de la maternidad. “Muchas abandonan el contrato predoctoral o, una vez que lo terminan, no acaban las tesis que, a veces, están casi completas”, lamenta.
El ‘suelo pegajoso’
A este techo de cristal se suma, según Torres, otro fenómeno: el llamado ‘suelo pegajoso’, es decir, las limitaciones que muchas veces las propias mujeres se imponen. “Las excedencias, la jornada reducida... todo es algo que se lo toman fundamentalmente las mujeres”, plantea la investigadora. “Si lo que estamos haciendo nos gusta tanto, ¿por qué vamos a tener que renunciar?”, se pregunta. “No te debes de poner límite, porque, sino, entre el techo de cristal que te lo ponen los de fuera y el suelo que te lo pones tú, no avanzas”, concluye.
Para las tres, la clave está en la corresponsabilidad dentro de la pareja. Torres insiste en la necesidad de desterrar la idea de que el marido “ayuda”. “A ti no te ayuda, comparte lo que le corresponde”, remarca. “Ese juego de palabras es mortal”.
Gutiérrez añade además que, en ocasiones, “somos nosotras las que no confiamos en nosotras mismas o en nuestros propios méritos y parece que tenemos que demostrar algo más”. A su juicio, siguen existiendo “distintas barras de medir” y sesgos y estereotipos que serán difíciles de erradicar. Pone un ejemplo claro: “En los puestos de poder, si una mujer tiene una actitud firme se dice que es muy exigente, que tiene mal carácter, que es agresiva; mientras que en un hombre se interpreta como que es determinado y sabe lo que quiere”.
“A ti no te ayuda, comparte lo que le corresponde”
Abrir paso para que otras lleguen detrás
En el caso de Torres y Gutiérrez, ambas han logrado romper ese techo de cristal y esperan que sus trayectorias ayuden a normalizar la presencia de mujeres en puestos de relevancia y liderazgo. Gutiérrez es la primera mujer en dirigir el Departamento de Biología Celular, Genética y Fisiología de la UMA en 50 años.
Torres, por su parte, es la primera catedrática del Departamento de Medicina y Dermatología de la Universidad de Málaga y la tercera mujer en 70 años en alcanzar el puesto de presidenta de la Academia Europea de Alergia, además de la primera española. Goodman, con una trayectoria más breve, ya ha conseguido convertirse en coinvestigadora responsable de su grupo de investigación.
Las tres coinciden en que han tenido que “pelear mucho” y que no ha sido fácil. “Si estamos donde estamos es porque hemos peleado mucho”, confirma Goodman. En su caso, no solo ha tenido que hacer frente a la escasez de referentes femeninos en investigación, sino también a la falta de modelos de enfermeros de referencia en este ámbito.
“Si estamos donde estamos es porque hemos peleado mucho”
Pese a todos los obstáculos, las tres investigadoras reconocen que la situación ha mejorado mucho en las últimas décadas. Programas universitarios, planes de igualdad y actividades de divulgación están contribuyendo a visibilizar a las científicas y a inspirar a nuevas generaciones. Sin embargo, concluyen que la meta aún está lejos y queda un largo camino hacia la igualdad real todavía.
“El día en que en la ciencia no tengamos que hacer estas actividades —el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia o el Día Internacional de la Mujer—, habremos alcanzado esa paridad o establecido que la ciencia no tiene género”, señala Gutiérrez. Mientras tanto, el mensaje que lanzan a las niñas y jóvenes interesadas por la ciencia y la investigación es claro: “Que sueñen a lo grande y que no se pongan límites”, afirma Gutiérrez. Goodman añade un último consejo: “Que sean muy curiosas y que se rodeen de gente que les dé alas”.
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