Memorias de Málaga
De "y dos huevos duros" a "traed madera": el legado de los Hermanos Marx en el cine de humor
La frase que da título a esta crónica forma parte de un famoso gag de los Hermanos Marx, las estrellas del cine clásico de humor, que se utiliza para pedir por encima de lo pactado

El camarote de los Hermanos Marx, la famosa escena de 'Una noche en la ópera'. / L.O.
NOTA DE LA OPINIÓN
Por expreso deseo de la familia de Guillermo Jiménez Smerdou, fallecido el pasado 28 de enero, La Opinión de Málaga está publicando las colaboraciones que dejó pendientes nuestro ejemplar e inolvidable compañero. Esta es la sexta de ocho. Va por él.
Hace varias semanas, en estas mismas páginas de La Opinión (Libros), Alfonso Vázquez comentó la publicación de una nueva biografía de uno de los mejores humoristas del mundo, Groucho Marx.
Aunque nacido en Nueva York, era hijo de un modesto sastre inmigrante alemán, y de una vigorosa mujer, su madre Minnie Schoenberg. Los seis hijos de la pareja se dedicaron al circo y variedades, pero al final solo tres destacaron con éxito en el mundo del espectáculo.
Inicialmente los Hermanos Marx eran cuatro actores o payasos que debutaron en Broadway hace 100 años, y en el cine a finales de la década de 1920.
De niño vi todas o casi todas sus películas, las primeras interpretadas por los cuatro hermanos y después solo por tres, porque uno de ellos, Zeppo, no gozaba de la espontaneidad y gracia de los otros tres, Harpo, Chico y sobre todos, Groucho.
Formaron un trío que revolucionó el cine de humor en todo el mundo. Es muy probable (yo soy un sobreviviente) que muchas personas de cierta edad las recuerden, y cuando cite varios gags de su larga carrera le vendrán a la memoria unos pocos.
Con frecuencia, cuando alguien pedía más de lo que le correspondía (ese alguien podía ser una persona, una entidad pública o privada...) el que estaba obligado a acceder a esas peticiones, ante tantas reclamaciones o demandas y exigencias, acababa exclamando «y dos huevos duros», el summum de las peticiones.
Recuerdo que se usó en las negociaciones sindicales, y la patronal, ante la inacabable lista de demandas, exclamaba eso mismo, «y dos huevos duros».
El ‘invento’ de pedir más y más utilizando esta frase tiene su origen en la secuencia más divertida de la quizá mejor película de los Hermanos Marx, ‘Una noche en la ópera’. Es probable que muchos de mis lectores la vieran en su época o en una alguna reposición en televisión. Data del año 1935, aunque en España se estrenó varios años después, y se revisó varias veces.
De aquella memorable escena, y en la misma secuencia, además de «y dos huevos duros», hubo otro gag o golpe de humor que ha pasado a la posteridad, cuando en un mismo lugar se reúne mucha gente, más del máximo aforo, alguien lo compara con el «camarote de los Hermanos Marx».
En el reducido espacio de un camarote de un buque de pasajeros se van apelotonando personajes, empezando por dos de los Marx que acceden a la pequeña estancia en un inmenso baúl, del que salen. Se unen al grupo una joven que viene a asear el espacio, otra a arreglar la cama, un camarero para tomar la comanda (al que de forma insistente se le recuerda lo de «y dos huevos duros»), un revisor, los cuatro camareros con los platos de comida y bebida … Total, uno encima de otro.
En la misma película, en la secuencia final, está la representación de una ópera, un excepcional juego de telones y forillos con fondos que no tienen relación alguna con la obra que se representa, mientras los cantantes siguen a lo suyo… Un disloque.
Traed madera
A estos dos gags o golpes de humor que han pasado a la posteridad hay que sumar un tercero, también muy usado hace años en múltiples conversaciones: «Es la guerra, traed madera», una de las secuencias más divertidas de los Marx. Pertenece a la película titulada ‘Los Hermanos Marx en el Oeste’, localizada en los conocidísimos escenarios de cientos de películas norteamericanas de Monument Valley en Arizona y Utah.
Esta secuencia final se desarrolla en un tren. El objetivo es llegar antes que los malos a un lugar determinado donde se decide la propiedad del ferrocarril. El combustible del ferrocarril es el carbón, y al escasear, Groucho Marx, decide alimentar la caldera con la madera de los vagones. Poco a poco, a gritos, pide a sus hermanos la madera necesaria para que el convoy mantenga la velocidad requerida.
De esa espectacular secuencia ha quedado la frase «Traed madera», a la que acuden muchas personas para salir adelante en una dificultad.
Otras secuencias
Los Hermanos Marx, entre 1929 y 1946, rodaron catorce películas, las primeras con la Paramount y las otras con la Metro Goldwyn Mayer.
Esta segunda productora enriqueció los escenarios e integró actores famosos en las historias, como los casos del tenor Allan Jones, las actrices Maureen O’Hara y Thelma Todd, el actor Louis Calhern, y confió la dirección a los consagrados Sam Wood, Leo McCarey, Norman McLeed…

Una de las fotos más conocidas de Groucho Marx. / L.O.
Los títulos más sonados, aparte los citados en líneas anteriores, fueron ‘Sopa de ganso’, ‘Una tarde en el circo’, ‘Una noche en Casablanca’ y ‘La tienda de los locos’, en la que los gags son continuos con secuencias inolvidables, como la pérdida de seis de los doce hijos de un personaje.
La secuencia final ha quedado entre las más divertidas e ingeniosas de los famosos hermanos, quienes a partir de 1947 siguieron su carrera en los teatros y radios.
Una de las sorpresas de ‘Una noche en Casablanca’ es cuando Harpo, el ‘mudo’, está apoyado colocando una mano en el muro de un edificio de varias plantas. Al observarlo un policía en tal postura le pregunta si está sosteniéndolo, a lo que Harpo con un movimiento afirmativo de la cabeza lo confirma. El policía le agarra del otro brazo y lo retira. En el instante de la separación, todo el edificio se derrumba.
El cine de humor o ‘de risa’ fue desde la invención del cine en 1895 fuente de cientos o miles de historias, con estrellas mundiales, empezando por Charles Chaplin (‘Charlot’), la pareja Stan Laurel – Oliver Hardy, Pamplinas (Buster Keaton), Gafitas (Harold Lloyd), Fatty (Roscoe Arbuckle)… y finalizando con la pareja Abbott-Costello, que entre 1940 y 1956 rodaron 36 películas. Los Hermanos Marx revolucionaron el cine de humor, hasta su desaparición como grupo de actores.
Como gente procedente de los circos, payasos, todos los hermanos eran músicos, destacando Chico como pianista y Harpo como arpista, lo que les permitía en todas las películas hacer gala de sus conocimientos y habilidades, poniendo en sus apariciones una gota de humor.
Harpo no era mudo, pero creó un personaje en el mundo del espectáculo que le obligó, por decirlo de alguna manera, a parecerlo. Según sus biógrafos nunca habló en público; quizá lo hiciera con su mujer y cuatro hijos. Cualquiera sabe.
Nunca, que yo recuerde, porque no era costumbre, se insertaba en la relación de actores, decoradores, guionistas, músicos, maquilladores y un sinfín de técnicos que intervenían en la realización de las películas, el nombre de los ‘dobladores’, o sea, los actores o profesionales del doblaje, los que prestaban su voz en español a los diálogos traducidos a nuestra lengua.
Los españoles, salvo los que asisten a la proyección de películas en lengua original, no conocen la voz de los actores y actrices más famosos del mundo… ni quiénes son los anónimos profesionales que prestan su voz.
Un ejemplo admirable de doblaje fue el del desconocido actor que prestó su voz a Groucho Marx, quien tenía una verborrea constante y giros inesperados que llegaron al espectador español a través de un auténtico maestro.
Hay secuencias, como la de la firma de un supuesto contrato (la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte; la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte…), y así una retahíla de tres o cuatro minutos de duración, ha pasado a la historia.
El que trasmitió al español la famosa escena quedó en el olvido. Los ‘dobladores’ españoles son conocidos solo en los estudios de grabación. Es una especialización no valorada por el público, que desconoce prácticamente su existencia.
Cierro el recuerdo de los famosos hermanos con la petición de Groucho, quien al morir pidió que en el epitafio de su sepultura solo apareciera el siguiente texto: «Perdonen que no me levante», historia que parece fue un invento de alguien y que no está en su tumba.
Al menos, que yo sepa. No hay ninguna foto que lo recoja. Pero su vis cómica, encaja con la original pirueta.
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