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Patrimonio industrial

Los Heaton: la historia de una foto ligada a la Málaga industrial

Los hermanos Carrasco donan a Apidma una fotografía inédita de los años 20 del siglo pasado de Ruperto Heaton, el dueño de la fundición La Esperanza y su mujer María Utrera. La instantánea había pertenecido al reconocido periodista Julián Sesmero. La donación coincide con una investigación de Apidma sobre el catálogo de esta fábrica de Huelin.

Los hermanos Rafaela Carrasco, viuda de Julián Sesmero, y Manuel José Carrasco, con la fotografía donada.

Los hermanos Rafaela Carrasco, viuda de Julián Sesmero, y Manuel José Carrasco, con la fotografía donada. / La Opinión

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

La maquinaria de la fundición La Esperanza, del británico Ruperto Heaton Hommer (1887-1962), recuerda para La Opinión Francisco Rodríguez Marín, profesor de Historia del Arte de la UMA y presidente de Apidma, la Asociación en Defensa de las Chimeneas y el Patrimonio Industrial de Málaga, «se repartió por toda Andalucía, Extremadura y alguna, incluso cruzó el océano rumbo a Hispanoamérica».

El pasado viernes, Apidma recibió, precisamente, la donación de una fotografía del propietario de La Esperanza -la industria que su padre fundó en la década de 1870 en Huelin- y de su mujer, la malagueña María Utrera Guerbós. Eran tíos del periodista Sebastián Souviron Utrera, y tíos abuelos del gestor cultural y colaborador de La Opinión Mariano Vergara Utrera.

La instantánea del matrimonio, que mantiene el marco original, fue tomada en los años 20 del siglo pasado en lo que parece el escenario de un estudio fotográfico próximo a la Alhambra de Granada. Tras la muerte del empresario en 1962 pasó al reconocido periodista y académico de San Telmo Julián Sesmero Ruiz, que la tuvo siempre en su casa.

De hecho, como recuerda a este diario su hijo, Julián Sesmero Carrasco, «de chico, daba por hecho que ese señor era un tío abuelo o pariente lejano de mi padre».

La foto de Ruperto Heaton y María Utrera, con su marco original.

La foto de Ruperto Heaton y María Utrera, con su marco original. / La Opinión

Tras la muerte del periodista en 2011, la foto no pasó al Legado Sesmero, los fondos cedidos al Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, sino que permaneció en la casa familiar hasta que Rafaela Carrasco, viuda del académico de San Telmo, se la regaló a su hermano Manuel José, quien decidió donarla a Apidma.

En el acto de donación del pasado viernes estuvieron presentes los dos hermanos, el concejal de Cultura de Alhaurín de la Torre, Manuel López y por parte de Apidma, Antonio Santiago Ramos.

Francisco Rodríguez Marín quiere aprovechar para agradecer la donación de la familia Carrasco, «por pensar en nosotros como custodios de la fotografía, y en general, en todos aquellos que nos hacen receptores de sus donaciones».

Trabajo de investigación

Como recuerda el presidente de Apidma, la fundición La Esperanza se encontraba en Huelin, «aproximadamente en la zona verde junto al paseo marítimo, donde está la escultura de La Palera».

Precisamente, cuenta el profesor de la UMA, disponer de la foto permitirá a Apidma poder «reproducirla con calidad», dado que ya se ha iniciado un trabajo de investigación sobre el catálogo comercial de esta fábrica de construcciones metálicas.

Una prensa hidráulica tan bella como desconocida

Prensa hidráulica de la fundición La Esperanza, junto al antiguo Matadero de Málaga. / A.V.

De sus instalaciones «no queda absolutamente nada», resalta, salvo algunas piezas de su producción como algunas prensas hidráulicas en desuso, como una que se encuentra en Almedinilla, Córdoba.

Además, hasta no hace mucho también se podía localizar una tapa de alcantarilla de la fundición en calle Martínez.

Para Francisco Rodríguez Marín esta fábrica es la prueba «de la importancia y pujanza que tuvo la industria malagueña, más allá de la archiconocida fundición de Manuel Agustín Heredia».

Como resalta, tras la reciente exposición en la Económica, Apidma ha recibido donaciones como una barrita de plomo de Los Guindos o una calculadora de inicios de siglo. Otras piezas más voluminosas, «por carecer de espacio adecuado para su conservación», hacen que la asociación eche de menos en Málaga «un Museo de Tecnología y Patrimonio Industrial, que pueda recoger estas piezas y sacarles partido didáctico».

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