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Callejeando por Málaga

Mercado de El Palo: un refugio de tradición y comunidad de barrio en Málaga

El Mercado Municipal de El Palo, con 40 años de historia a sus espaldas, ofrece productos de calidad y un trato cercano que fideliza a su clientela

Esperanza Mendoza

Esperanza Mendoza

En la calle Miguel Moya, en pleno ir y venir del barrio, el Mercado Municipal de El Palo abre cada mañana como quien levanta la persiana de su propia casa. Aquí no hay cajas de autopago ni ofertas en letras fluorescentes. Hay cajas de frutas. Pescado de primera calidad. Y sobre todo, un trato cercano.

Juan Manuel Niel Leal (“Juani”, para todo el que cruza el pasillo central) lleva 40 años detrás del mostrador de su frutería y una década al frente de la presidencia del mercado. Ha visto cerrar puestos, reabrirlos y volver a empezar. “Esto no baja porque los comercios de siempre no paramos de currarlo”, afirma.

Mercado Municipal de El Palo

Puesto de fruta y verdura del mercado municipal de El Palo. / Francis Silva / LMA

El mercado, asegura, vive ahora una etapa de estabilidad impensable desde hace 15 años, cuando hasta un 40% de los puestos llegaron a estar cerrados. “Ahora están todos abiertos. Es gente nueva, con ganas de luchar. Y tenemos una clientela maravillosa, fiel”.

Eso confirma también Raquel, clienta habitual del mercado. “Vengo aquí porque hay cosas que no encuentras en otros sitios. Además del trato, que es mucho más cercano y agradable”, afirma.

Una familia entre puestos del mercado

El relevo generacional no ha fracturado la convivencia del mercado. “Los que somos mayores somos el 25%. El 75% es gente joven, de treinta y tantos, cuarenta para abajo. Y se han integrado maravillosamente”, explica el presidente.

En un contexto en el que las fruterías se han multiplicado en los barrios, porque “cierra un bar y abre una frutería”, Juani asume la competencia como parte del día a día. “Cuantos más se pongan, más hay para repartir y menos se gana. Pero con eso no se puede luchar”. La diferencia, defiende, está en el trato y en el servicio: reparto a domicilio, descuentos, producto seleccionado. “No dándole nada malo al cliente. Preocupándonos por él, así se marca la diferencia”.

Los sábados son el termómetro. Acude quien trabaja entre semana, mayores y jóvenes que buscan “las setas, los mejillones, las cosas finas” que no siempre encuentran en una gran superficie. Porque aquí, insiste, “para una buena comida es fundamental venir al mercado municipal”.

Mercado Municipal de El Palo

La oferta del pescado es uno de los fuertes del Mercado Municipal de El Palo / Francis Silva / LMA

El aire acondicionado, la reivindicación pendiente del mercado de El Palo

Si hay una reivindicación histórica en el Mercado Municipal de El Palo es el aire acondicionado. El edificio se remodeló y reabrió en 2006 como mercado moderno, con aparcamiento, pero la climatización se quedó en el camino. En los primeros veranos, recuerda Juani, el interior alcanzaba los 42 grados: “Esto era una especie de invernadero”.

Todo tipo de productos frescos como el pescado o la fruta sufrían, y la clientela también. Tras reuniones y más reuniones con el Ayuntamiento llegaron las turbinas de ventilación que hoy alivian las horas centrales. “Algo mueve”, afirma el presidente. El coste eléctrico de estas corre a cargo de los propios comerciantes.

Aun así, el presidente mantiene el pulso reivindicativo también fuera del edificio. Señala el deterioro de la calle Miguel Moya: pavimento, venta ambulante ilegal, suciedad intermitente. “Llamamos a la policía, mandan una patrulla y lo limpian dos o tres días. Luego está igual”. No hay resignación, pero sí algo de cansancio.

En uno de los laterales del mercado, la carnicería mantiene un ritmo constante. Su responsable —joven, directo— explica que la mayoría de la clientela es del barrio, aunque cada vez más personas llegan desde otros puntos de Málaga e incluso municipios cercanos como Rincón de la Victoria atraídos por puestos concretos.

“Se compensa una cosa con la otra”, resume. Fuera hay más fruterías; dentro, menos carnicerías. Esa especialización hace que muchos crucen la ciudad para comprar aquí. El mercado funciona como un pequeño ecosistema donde cada negocio encuentra su hueco.

El horario es el tradicional de un mercado: mañanas intensas entre semana y un sábado fuerte, casi festivo, en el que se mezclan las bolsas de tela con los saludos largos. La fidelidad no se improvisa.

Mercado Municipal de El Palo

El bar Juani, dentro del Mercado Municipal de El Palo, usa productos frescos para sus tapas. / Francis Silva / LMA

Un bar de los de toda la vida

En el interior del mercado, entre pescado fresco y los carros de la compra, el murmullo se convierte en conversación en la barra de la marisquería ‘Juani’. Raúl, camarero, lleva dos años y medio formando parte del mercado y tiene claro que “esto no tiene comparación con un supermercado”.

No habla solo de producto, que también, sino de tejido social. “En un supermercado no te paras a hablar con el dependiente o con el que compra al lado. Aquí sí”. Para él, el mercado es comunidad: lazos que aparecen mientras se piden boquerones, rosada o bacalaíllas.

El bar se nutre del mismo género que venden los compañeros. Producto local, pescado de la Caleta o de Motril, aliños caseros. “La calidad es lo que se impone aquí”, afirma. Y las redes sociales han hecho el resto: cada vez llega más gente que descubre el mercado por recomendaciones online, pero se queda por el trato.

En tiempos de compras rápidas y pasillos impersonales, el Mercado Municipal de El Palo resiste con su fórmula tradicional: cercanía, oficio y conversación. No es solo un lugar donde abastecer la despensa. Es, como dice su presidente, un sitio donde cada cual paga su gasto, se lleva su sueldo a casa y, de paso, mantiene vivo el espíritu de un barrio como el de El Palo.

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