Memorias de Málaga
Los alcaldes de Málaga que conocí como periodista
El primer alcalde fue Enrique Gómez Rodríguez, cuando más tarde presidía el Sindicato de Frutos y Productos Hortícolas, y el último al que profesionalmente conocí fue a Pedro Aparicio.

Guillermo Jiménez Smerdou en 1971 con el alcalde de Málaga Antonio Gutiérrez Mata / L.O
Por amor de mi trabajo, aunque me queda un poco lejos, he conocido y trabajado con muchos alcaldes de Málaga, y con ellos, he tenido buenas relaciones.
El primero que conocí, pero que no llegué a tratar directamente, fue don Enrique Gómez Rodríguez, nombrado para el cargo en 1939 al final de la Guerra Civil. De su formación sé poco, pero le conocí varios años después cuando fue nombrado - no elegido - para un cargo en una actividad totalmente ajena con la política: presidente del Sindicato Nacional de Frutos y Productos Hortícolas.
Por mi vinculación con los sindicatos lo conocí en estas funciones, hombre atento y educado en el desempeño de su cargo, aunque no duró mucho tiempo en la presidencia municipal.
Dos años después, el cargo de alcalde fue desempeñado por don Pedro Luis Alonso Jiménez, primo de mi padre, un hombre que procedía del negocio de los muebles. Chocaba que un señor de profesión ajena a la política fuera escogido para el cargo. Años después fue sustituido por don Manuel Pérez Bryan, médico de profesión, una bellísima persona (fue médico de cabecera de mi familia) y trabajó en algo totalmente ajeno a su profesión como fue ser alcalde de Málaga. Dejó buenos recuerdos de su paso por su caballerosidad.
Estrada Segalerva
No recuerdo qué gobernador civil decidió cesar al médico que dedicó mucho tiempo a arreglar la situación del Ayuntamiento, que, dicho sea de paso, no tenía ni un duro en sus arcas municipales.
El elegido fue un hombre preparado - inspector de Hacienda -, que era también poeta, escritor y editor, con varios libros publicados sobre la historia de Málaga; un hombre de la cultura. Me obsequió con varios libros que aún conservo, y de vez en cuando acudo a ellos para verificar los textos.
José Estrada Segalerva era, como no podía ser de otra manera, defensor del nuevo régimen, del franquismo. Su padre había sido fusilado en 1936 por los republicanos. Todo hay que recordarlo.
Al hacerse cargo de la responsabilidad de poner en marcha el Ayuntamiento no dudó en contar la pura verdad de la situación. En la edición del diario Sur desde el año 1947 hasta 1952 publicó lo que él denominó Conversaciones Malagueñas, una serie de artículos en que detalladamente informó a los malagueños de cómo andaban las cuentas. Se atrevió a decir la verdad sin ambages.
El presupuesto del Ayuntamiento ascendía a 30 millones de pesetas al año. Con ese dinero no había ni siquiera para poner bombillas en las oscuras calles de la ciudad.
No sé si cesaron a Estrada Segalerva o él decidió no seguir. Era abogado como su padre, inspector técnico-fiscal y, por afición, poeta, escritor y editor, como he apuntado antes.
Durante varios años corrió de su cuenta la revista ‘Caracola’, en la que se dieron a conocer muchos jóvenes poetas malagueños, e incluso en sus páginas poetas del rango de José María Pemán, que a la sazón regía la Academia de la Lengua Española, ahora la RAE.
El padre de Estrada Segalerva fue un brillante abogado. Dejó para la posteridad un dicho que todavía se recuerda y está aún en el lenguaje de la abogacía malagueña por su rotundidad: «Mata al Rey, vete a Málaga y que te defienda Estrada».
Ganaba todos los pleitos, incluso en el caso del supuesto asesinato del rey se le consideraba capaz de ganar el caso, o sea, conseguir el perdón del presunto asesino.
Como he apuntado en un párrafo anterior, el histórico personaje fue fusilado por los republicanos en 1936. Fusilar a la gente importante se llevaba mucho. Ahora no se fusila, pero los políticos están condenados a toda clase de improperios. Todos son corruptos, culpables, ladrones… La cárcel de Soto del Real está a punto de cerrar por falta de espacio. Es la trena reservada a los poderosos.
Otra vez Pedro Luis Alonso
Causó cierta sorpresa que Pedro Luis Alonso Jiménez volviera a ser nombrado para el cargo (1952-1958), padre de familia numerosa y de honradez demostrada.
Acudí a él para que prestara ayuda para la organización del I Festival de Cine Español de Málaga (agosto de 1953). La ayuda fue parca, pero de categoría. En el Hotel Miramar, el lugar más chic de la ciudad, dio una recepción a todo el equipo de participantes (actores, actrices, productores, directores…).
Entre los participantes figuraba la actriz Maruja Asquerino, quien tuvo la iniciativa de cantar un bolero al alcalde y al jefe de protocolo, Rafael Betés Ladrón de Guevara, quien años después fue nombrado alcalde… Era conocido por «pobre Rafael», por lo que le esperaba en el empobrecido Ayuntamiento.
Se cuenta de él que tenía la costumbre de hacerse todos los años un chequeo (nada menos que en Suiza), para velar por su salud. Un año el resultado fue demoledor. Le informaron que tenía que cambiar de trabajo o quehacer porque su estado de salud era preocupante.
Y llegó García Grana
El cambio hacia una mejor situación económica se produjo en 1958 con el nombramiento de don Francisco García Grana para el cargo, hijo de otro alcalde que presidió la corporación antes de la República.
García Grana, sin dinero pero con ganas de sacar a Málaga de su situación, hizo el milagro. Impulsó la celebración de las ferias de los barrios de la ciudad (La Trinidad, Ciudad Jardín, El Palo…), llenó de macetas con geranios las calles de los barrios, participó en las elecciones de las guapas de cada rincón de la ciudad, promovió que cada barrio tuviese su propio ‘alcalde’…

Francisco García Grana, junto a Wilfredo Declós en la avenida Rosaleda / Archivo Municipal
Se hizo popular por su presencia en todos los eventos, colaboró en todo lo que supiera bueno para la ciudad… Dejó huellas de su paso por su generosidad, fue amigo de todos los periodistas de la ciudad… y tuvo el honor de recibir y acompañar a los futuros reyes, Juan Carlos I y doña Sofía, en su primera visita a Málaga.
Recuerdo el besamanos. Media Málaga se postró ante la pareja. Al quedar casi vacío el salón del Gobierno Civil, lugar elegido para la ceremonia, el futuro rey se permitió una broma: repetir las reverencias de que fue objeto doña Sofía, quien soltó una carcajada por la inesperada broma de su marido. Fuimos testigos del acto un par de compañeros que aún no habíamos abandonado el espacio reservado.
Tras García Grana, y por un espacio de tiempo de cuatro años, otro alcalde procedente de la Medicina, don Antonio Gutiérrez Mata, paleño de nacimiento, fue nombrado para el cargo.
De su etapa destaca la modificación del Paseo de los Curas, que convirtió en Paseo de España. Logró que casi todos los ayuntamientos del país donaran un escudo de la ciudad a Málaga con medidas iguales para crear un auténtico paseo.
A la idea se sumó el relojero malagueño Aurelio Marcos, quien en el inicio del paseo montó a su cargo un reloj solar… que por desgracia fue objeto de maltrato por parte de la primera oleada de vándalos que hoy abundan en una Málaga atacada un día sí y otro también con pintadas y destrozos… y que sin castigos hacen lo que les da gana, que nunca son detenidos, ni castigados por sus maldades. En bestias no nos gana nadie. El periodista Alfonso Vázquez recoge a diario las salvajadas de gentuza que goza destrozando la ciudad.
Gutiérrez Mata fue objeto de una jugarreta nacida en la propia corporación que presidía. La costumbre era que la corporación eligiera al alcalde como parlamentario nacional. Pero no sucedió así. Algunos miembros de la corporación municipal se pusieron de acuerdo y votaron en su contra.
El día de la sesión en la que se iba a proceder a la elección, los periodistas, conocedores del inesperado cambio, estuvimos a la espera de la apertura de la sesión. Éramos sabedores de lo que podría suceder. Pasaban los minutos y el comienzo de la sesión se demoraba. Y no ocurrió nada anormal… Gutiérrez Mata se tragó el sapo y no discutió el caso.
Él, que era un hombre educado, tuvo el detalle de acercarse a mí. El fotógrafo de turno, Bienvenido Guirado, que era más listo que el hambre, captó el momento. El alcalde me dijo: «Guillermo, lo sucedido…». Lo corté: «Mañana podrá leerlo en Ideal». Todavía me arrepiento de mi falta de delicadeza o tacto. Gutiérrez Mata no merecía el desaire de un periodista.
Hubo más alcaldes
Tras Gutiérrez Mata fue nombrado un nuevo alcalde, Cayetano Utrera Ravassa, siendo don Víctor Arroyo y Arroyo gobernador civil de la provincia. Por cierto, que me nombró jefe de Prensa de la entidad provincial, creo que sin merecimiento alguno.
Fue un cuñado del nuevo ‘virrey’, ingeniero de Caminos de profesión, con el que aprendí en mis trabajos periodísticos sobre carreteras, puentes, embalses…, el autor de la idea de ser propuesto para el cargo de jefe de Prensa del Gobierno Civil, el cual tuve que aceptar porque el entonces director de Radio Nacional también intervino en la propuesta.
Los nuevos dirigentes propuestos fueron una sorpresa. Francisco de la Torre Prados, que había destacado en su profesión (ingeniero agrónomo), fue nombrado presidente de la Diputación Provincial, lo que suponía un reconocimiento a su valía. Anduvo en la política local atraído por el movimiento promovido por el abogado catalán Miguel Roca Junyent.
Como he mencionado, para la alcaldía se eligió a Cayetano Utrera Ravassa, un joven notario sin relación alguna con la política.
Voy a agregar una pequeña historia sobre su nombramiento. A raíz de su elección, una tarde-noche nos invitó a varios periodistas en un rincón del Málaga Palacio para que le contáramos cosas del funcionamiento del Ayuntamiento ya que él, notario y registrador de la propiedad, desconocía la entidad por completo. En aquella curiosa cita estuvimos Juan Antonio Rando, Francisco Javier Bueno y el que suscribe.
Por su formación profesional no tuvo problema alguno ante la nueva actividad, a la que se unió Luis Merino, un joven abogado y emprendedor que le ayudó en la nueva tarea.
Luis Merino Bayona fue posteriormente alcalde, en el corto periodo 1977-1979. Formaron un buen equipo, trabajaron juntos, pero sin futuro, porque era la última corporación del franquismo, con unas elecciones a las puertas.
De la nueva corporación, presidida por Pedro Aparicio, quien ganó las elecciones en 1979, y su desarrollo, me ocuparé en otro artículo debido a su larga etapa de mando, nada menos que en el periodo 15 de mayo de 1979 a 17 de junio de 1995.
NOTA DE LA OPINIÓN
Por expreso deseo de la familia de Guillermo Jiménez Smerdou, fallecido el pasado 28 de enero, La Opinión de Málaga está publicando las colaboraciones que dejó pendientes nuestro ejemplar e inolvidable compañero. Esta es la séptima de ocho. Va por él.
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