Callejeando por Málaga
La calle Miguel Moya, el corazón comercial de El Palo que resiste entre la tradición y el abandono
Vecinos y comerciantes de la calle Miguel Moya coinciden en la necesidad de mejorar el pavimento y el baldeo, reclamando una mayor atención por parte del Ayuntamiento de Málaga

Miguel Moya, una arteria viva de El Palo / L.O

Todavía quedan calles en Málaga que huelen a barrio y a negocio de toda la vida. Miguel Moya, en El Palo, es una de ellas. Esta arteria semipeatonal, paralela a la Avenida Juan Sebastián Elcano hacia la costa y perpendicular a la Avenida Alonso Carrillo Albornoz, se ha convertido en el lugar de encuentro de los vecinos que eligen el producto fresco, local y servido justo después de un "¿cómo estás hoy?". Sin embargo, quienes la viven a diario coinciden en una queja: lo autóctono no siempre recibe la atención institucional que merece.
Pasear por la calle Miguel Moya es una experiencia sensorial: olor a pescado frito que cala en los pulmones, idas y venidas de carros de la compra empujados por mujeres con permanentes recién hechas que dirigen hipnóticamente la mirada hacia su próximo destino de la mañana, tapas de lomo en manteca que deleitan el paladar y ruido de bullicio —aunque también de pregoneros ambulantes—.
La calle se abarrota temprano. El punto neurálgico es el Mercado de El Palo, que desemboca en Miguel Moya y abre paso a los negocios que acaban en -ía: fruterías, ferreterías, carnicerías, charcuterías y panaderías. Muchos de ellos llevan décadas dando vida a la calle y adaptándose a los cambios sin perder su esencia.
Falta de atención municipal
Hace medio siglo que Juan es vecino de la calle Miguel Moya. El malagueño cree que la calle, pese a ser muy céntrica y comercial, "debería estar mejor mirada por el Ayuntamiento". "Nada más que hay que ver la solería que tenemos para saber que esto está dejado de la mano de dios", se lamenta. Muchos comerciantes y vecinos de la zona coinciden en que la peatonalización de esta vía que tantas personas ve pasar a lo largo de una mañana ayudó a mejorar el tráfico y favoreció la compra en los locales, pero luciría más si se escuchasen sus reivindicaciones.

Desperfectos en calle Miguel Moya / L.O
El pavimento levantado o el baldeo "escaso" de las aceras son algunas de las denuncias de los vecinos."Vienen a limpiar de vez en cuando pero es muy poco, no todo lo que necesitaría la calle", dicen unos. "Hay muchas cosas a nivel municipal que arreglar aquí", reivindican otros. Aunque siempre hay quien cree que lo que hay es suficiente: "La calle, desde que la hicieron peatonal, no la veo dejada del todo. Pasan casi todos los días, pero sí que es verdad que podrían hacer más".
Los viandantes describen la zona como un lugar "tranquilo" donde no hay grandes altercados. Juan nunca ha vivido episodios de trifulca su calle y otros vecinos coinciden con él. Aun así, han notado una tendencia al alza de negocios ambulantes que pregonan sus productos en Miguel Moya. Juanmi Niel, presidente del Mercado de El Palo desde hace 10 años y es dueño de una frutería dentro de él desde hace 40 años, lo percibe como juego desleal.

Suciedad en calle Miguel Moya, El Palo / L.O
Reinventarse para sobrevivir
No todos los comercios han seguido la misma fórmula para sobrevivir en una calle donde hay, en pocos metros cuadrados, mucha oferta de los mismos productos. Establecimientos como Congelados Gloria lleva 11 años abierto al público y, aunque vende "lo de siempre", ha decido apostar por la comida asiática. Pan bao, gyozas, rollitos de primavera o langostinos en tempura son algunas exquisiteces de su negocio.
La ferretería de Manuel Hernández también ha tenido que reinventarse con los años para adaptarse a la incorporación de nuevos locales en la calle. "Han ido entrando supermercados de tipo chino y hemos tenido que ir cambiando la venta. Antes éramos especialistas en material eléctrico y ahora hemos ido introduciendo cosas de menaje para entrar en competencia", asegura Hernández hijo, que toma el relevo de su padre tras muchos años al frente del negocio.
Aunque la oferta sea parecida, los trabajadores de Miguel Moya lo tienen claro: hay demanda para todos. Algunos negocios de restauración apuestan por la calidad de sus platos, como es el caso del Bar Roper, un establecimiento que lleva sirviendo lomo en manteca desde 1982 y que es parada obligada en la mañana para muchos vecinos y visitantes de El Palo. "Cualquier persona que hay aquí sentada está comiendo lomo o zurrapa paleña", asegura su dueño.

Gente comprando frutas y verduras en calle Miguel Moya / L.O
Calidad y amistad, la clave de la oferta comercial de la calle Miguel Moya y el mercado
Otros como Miguel Rodríguez, que es dueño de Carnicería Rosalía desde 1994, situada frente al mercado tiene claro que el distintivo de sus productos es la calidad y cuando se le pregunta por una supuesta rivalidad tiene clara la respuesta: "No hay competencia entre nosotros, somos amigos y nos llevamos bien", relata Rodríguez.
La esencia del barrio se mantiene viva gracias a todos esos negocios —y otros muchos más— que, día tras día, sostienen la vida cotidiana de Miguel Moya entre saludos, persianas que se levantan temprano y mostradores llenos de producto cercano. Son ellos los que mantienen intacto el carácter de la calle pese a los cambios, el paso del tiempo y las nuevas dinámicas comerciales. Porque, como dice un vecino, “El Palo siempre va a ser El Palo”.
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