Mirando atrás
El Quijote del Gaona, un tesoro artístico único en el mundo que aspira a ser BIC
Los profesores Rafael Maldonado y Víctor Heredia publican ‘El Quijote del Gaona’, una investigación sobre la mayor colección del mundo de azulejos cervantinos sevillanos y la única colocada en orden para poder ‘leer’ la obra. Los autores consideran que merece ser declarada Bien de Interés Cultural.

Víctor Heredia, con la nueva obra sobre los azulejos cervantinos del Gaona, y Rafael Maldonado, con un tomo del ‘Quijote del Centenario’ (1905). / A.V.
Desde hace 90 años, don Alonso Quijano, con la razón perdida y en pos de gigantes y malandrines, cabalga por los pasillos del Instituto Gaona de Málaga.
Cubrir de azulejos los muros centenarios de este antiguo complejo de edificios ligado a los filipenses fue mucho más que una solución higiénica de la época -los años 30 del siglo pasado-, pues acogen la mayor colección del mundo de azulejos quijotescos de fabricación sevillana, con 801 piezas -más unas 7.100 de marcos, remates y otras figuras-. La instalación costó 6.135 pesetas.
Y lo que es más importante: es la única con las escenas colocadas en orden cronológico para poder ‘leer’ la obra; en concreto, los 11 primeros capítulos, en tres series completas que pueden seguirse de arriba a abajo, en zigzag.

Lo más llamativo de los azulejos del Quijote del Gaona es que están colocados en orden y pueden ‘leerse’ de arriba a abajo, en zigzag. / Rafael Maldonado
Después de muchos años de trabajo, los profesores Víctor Heredia y Rafael Maldonado han desentrañado casi todos los secretos de esta maravillosa obra en ‘El Quijote del Gaona. Una colección única de azulejos cervantinos’, que acaba de publicar la Fundación Unicaja.
Además de estudiar esta quijotesca expresión artística, los autores han ido al origen de esta moda, que nació un año muy concreto, 1916, tercer centenario de la muerte de Cervantes.
Como explica Víctor Heredia, aunque la conmemoración coincidió con la I Guerra Mundial y no hubo muchos fastos, «entre los homenajes que se hicieron en Sevilla estuvo la Glorieta Cervantina en el Parque de María Luisa, primera constancia de unos bancos en los que nos están contando el Quijote muy resumidamente».

Glorieta Cervantina del Parque de María Luisa de Sevilla. / Rafael Maldonado / Víctor Heredia
Por todo el mundo
El ejemplo del Parque de María Luisa corrió como la espuma, sobre todo tras el impacto de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, lo que hizo que los azulejos del Quijote se extendieran por toda España y América, desde Nueva York a Buenos Aires; pero también hay en Guinea Ecuatorial, Italia y Francia. «Fue casi diplomacia cultural», apunta Víctor Heredia, profesor de Historia y antiguo alumno del Gaona.

Azulejos del Quijote en la fonda de la estación de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). / Alberto Cañas
Entre los ejemplos que aporta el libro destacan los de la fonda de la estación de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y la casa de Blas Infante en Coria del Río (Sevilla) porque los azulejos proceden de la misma fábrica que los del Instituto Gaona: Mensaque, Rodríguez y Cía, un negocio de Triana que cerró en 2006.
La diferencia con el Gaona estriba en que las 380 escenas del Quijote de Alcázar de San Juan y las más de 700 de la casa de Blas Infante están colocadas sin ningún orden.
El Quijote del Centenario
El libro, además, estudia a fondo la fuente que usó Mensaque, Rodríguez y Cía para sus creaciones: el primer tomo del llamado ‘Quijote del Centenario’, de 1905, con las excepcionales láminas del sevillano José Jiménez Aranda que realizó un Quijote «realista» para el que empleó modelos y edificios reales. «No hace un Quijote ilustrado, sino un Quijote gráfico», apunta Rafael Maldonado, que ha sido profesor de Historia del Gaona los últimos veinte años.

Las ilustraciones de José Jiménez Aranda para el Quijote del Centenario (1905) sirvieron de modelo a la fábrica de cerámica sevillana Mensaque, Rodríguez y Cía para sus azulejos del Quijote. / A.V.
Como detallan los autores, las láminas de Jiménez Aranda son adaptadas para azulejos y, en ocasiones, se toman varios elementos de un mismo dibujo y se desarrollan en sucesivas escenas.
En total, en el Gaona se cubrieron con los azulejos cervantinos 83,5 metros lineales de pasillos en la primera planta que ocupan 144,5 m2.
En cuanto a la técnica, Víctor Heredia explica que con la industrialización de esta artesanía los dibujos se fijaban con «unas plantillas metálicas» para que marcaran los surcos y, tras una primera cocción, los artesanos se encargaban de colorear a mano. Esto hacía que la producción en serie tuviera mucho toque artístico personal, con piezas más trabajadas que otras y todas «únicas».

Dos de las escenas quijotescas, la de la derecha, de especial finura artística, lo que evidencia la huella del artesano. / A.V.
Los dos profesores han localizado el espacio temporal de esta obra: la primera factura es del 4 de julio de 1936, pocos días antes del estallido de la Guerra Civil, y la última, del 19 agosto de 1942.
El estudio, uno a uno, de todas las escenas del Quijote, que se reproducen en la obra con su correspondencia con los dibujos de Jiménez Aranda, también ha permitido averiguar que, si en la partida que enviaba la fábrica faltaba alguna escena, se dejaba en blanco y, en caso de que en sucesivas remesas no apareciera, se sustituía por otra sin relación con las escenas cronológicas; algo que sucede pocas veces.
Además, una vez completadas las tres series, desplegadas como una novela gráfica, se emplearon piezas sobrantes.

Instrucciones de la fábrica de Triana en Sevilla para colocar los azulejos del Quijote. / Archivo IES Martiricos
El posible autor
Y aunque no hay constancia documental de quién tuvo la iniciativa de instalar, con fines didácticos, los 11 capítulos iniciales del Quijote en los muros del Gaona, los dos investigadores apuntan a un profesor que, entre 1936 y 1942, no fue asesinado, ni sufrió el exilio ni la depuración: todo apunta al exconcejal y catedrático de Lengua y Literatura Alfonso Pogonoski, «que tendría la autoridad suficiente para montar estos azulejos», recalca Víctor Heredia.

Alfonso Pogonoski, catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Gaona. / La Opinión
Bien de Interés Cultural
Tanto el Instituto Gaona (I.E.S. Vicente Espinel) como Rafael Maldonado y Víctor Heredia respaldan que estos zócalos con escenas del Quijote sean declarados Bien de Interés Cultural.
Entienden que si en 2016, Castilla-La Mancha declaró BIC los azulejos de Alcázar de San Juan; el Quijote del Gaona, la mayor colección y la única ordenada del mundo, merece idéntica protección cultural. Este completísimo libro es un primer paso.
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