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Memorias de Málaga

La despedida de ‘Memorias de Málaga’

Carlos Smerdou Gámez despide hoy la serie ‘Memorias de Málaga’. Desde que cumplió 84 años y hasta su fallecimiento a los 98, el pasado enero, la sección estuvo protagonizada por su padre, el admirado periodista malagueño Guillermo Jiménez Smerdou.

Guillermo Jiménez Smerdou, cuando comenzó a colaborar con La Opinión de Málaga.

Guillermo Jiménez Smerdou, cuando comenzó a colaborar con La Opinión de Málaga. / ARCINIEGA

Carlos Smerdou

Carlos Smerdou

Málaga se queda huérfana de su ‘contador de historias’, de su ‘memoria’ de los últimos 95 años, que son los que abarcaban los recuerdos de mi padre.

Una memoria privilegiada, que no sufrió, afortunadamente, un ápice con el paso del tiempo. Mi padre, por edad, tenía que ser incluido en la categoría de ‘anciano’, pero nada más lejos de la realidad. Activo, casi hiperactivo, hasta sus últimos días bien entrado en los 98 años de edad. Se acostaba tarde, habitualmente más allá de la medianoche, viendo cine en casa. Devoraba libros, seguía las noticias en radio y televisión, conversaba con amigos y familia (su conversación era fluida y repleta de anécdotas, incansable, las horas pasaban y pasaban sin fatiga ni aburrimiento) y, sobre todo, no dejaba de comprar a diario La Opinión.

Leer en papel era básico, fundamental y necesario en su día a día. Paseaba a diario, ejercitaba su memoria y conversaba fluidamente con cualquiera 40 u 80 años más joven que él. Disfrutaba hablando con sus nietos, estaba muy orgulloso de ellos y así se lo decía, y le colmó de felicidad llegar a disfrutar de dos bisnietas.

Cada noche se sentaba con mi madre frente al televisor a ver cine, su gran pasión. Fueron miles, decenas de miles, las películas que vio a lo largo de su vida, de las que hizo críticas de unas 8.000.

Guillermo Jiménez Smerdou, acompañado de Conchita, su mujer, en su 97 cumpleaños, en 2024.

Guillermo Jiménez Smerdou, acompañado de Conchita, su mujer, en su 97 cumpleaños, en 2024. / Archivo Guillermo Jiménez Smerdou

Fue pionero en esa labor en Málaga, acercó el cine a muchos en una época en la que no había televisión y asistir a las salas de proyección era una actividad habitual en el quehacer de los malagueños que podían permitirse el precio de la entrada.

Empezó con sus críticas cinematográficas en 1949, y las concluyó en 1982, cuando pasó a ejercer cargos de mayor responsabilidad en la emisora de Radio Nacional de España en Málaga. Pero el cine siempre estuvo ahí. Lo llevó a través de la radio a los hogares menos favorecidos, a las personas enfermas e incapaces de desplazarse a las salas, y, sobre todo, a los invidentes.

Fue un visionario en una época en la que no había televisión en las casas de los malagueños, y, como decía, «si se radiaban partidos de fútbol, corridas de toros o combates de boxeo, ¿por qué no radiar películas?».

El trabajo fue inmenso, pero la acogida superó todas las expectativas y compensó los esfuerzos. Como me atreví a decir en mi corta intervención en la película-documental recientemente estrenada en el Festival de Cine de Málaga ‘El hombre que inventó el cine invisible’ de Manuel Jiménez con guion de Agustín Rivera, el cine audiodescrito ya lo inventó mi padre hace 70 años.

Y, como visionario, organizó el Primer Festival de Cine en Español de Málaga en 1953, el cual no tuvo continuidad por falta de recursos económicos. Aquella iniciativa privada de la Sociedad Cinematográfica Malagueña y del Cine-Club (entidades ambas que él impulsó para su creación) fue anterior incluso al afamado Festival de Cine de San Sebastián. Afortunadamente, 45 años después el Festival de Cine de Málaga se hizo realidad y cuenta ya con una prestigiosa y consolidada trayectoria de 29 ediciones.

Guillermo Jiménez Smerdou, en sus primeros tiempos de periodista.

Guillermo Jiménez Smerdou, en sus primeros tiempos de periodista. / Archivo Guillermo Jiménez Smerdou

Fueron muchas las ofertas que tuvo para dirigir informativos y programas en emisoras de RNE de España, incluso para dirigirlas. Pero siempre las rechazó, nunca quiso irse de Málaga. Como decía, si al estar fuera de Málaga su deseo sería volver a nuestra ciudad algún día, «¿para qué irme?». El aumento de sueldo no compensaría la pérdida de calidad de vida por alejarse de Málaga.

Muchos compañeros han escrito sobre él antes y después de su fallecimiento. Recibió premios y honores por su labor, y no puedo dejar de recordar el Premio Ondas de 1979 y su nombramiento como Hijo Predilecto de Málaga en 2022.

Su colaboración semanal con el diario La Opinión de Málaga se inició ya bien entrado en los 84 años de edad, y surgió a raíz de una entrevista que le hizo Alfonso Vázquez allá por 2011 acerca de aquel, desconocido para la mayoría, festival de cine de 1953. Le propusieron que escribiera un artículo sobre aquel acontecimiento, lo que, palabra tras palabra, le llevó a colaborar hasta el momento de su fallecimiento con unos 600 artículos.

Hasta el momento de su fallecimiento colaboró, palabra tras palabra, con unos 600 artículos

No hay palabras para describir lo agradecido que estaba a La Opinión, a sus directores, redactores-jefe, redactores, y a todo el personal, destacando el que él llamó su «cordón umbilical», Alfonso Vázquez. No era amigo de homenajes ni palabras grandilocuentes, y en una ocasión, cuando Alfonso escribió una reseña sobre él, le rogó «no más de tres adjetivos calificativos».

En el momento de su fallecimiento Esther Luque me pidió para su programa en la Cadena SER que resumiera cómo era mi padre, y me acordé de aquella máxima suya de los calificativos. Me vinieron tres que comienzan con H: Honesto, Honrado, Humilde. Una amiga me ha dicho un cuarto, que comienza también con H: Honorable.

Guillermo Busutil, su admirado amigo, escribió «se ha ido cuando los créditos de pantalla, después de un estupendo largometraje». Un largometraje de más de 98 años, que empezó cuando el cine era mudo y por supuesto en blanco y negro. «Un compañero sin vanidad, sin celos, sin ir nunca por la espalda o en demérito del otro… Nos deja la tranquilidad de saber que acaba de subirse a un avión de Casablanca y volar a través del haz de luz de todas las pantallas del mundo. Buen viaje querido Guillermo. Y gracias por todo».

Hasta siempre papá.

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